jueves, 13 de septiembre de 2007

hablando de todo un poco...

- mira que cosa tan extraña
- ¡¿que?! ¿que paso?
- mire, sientese y mira.
- ¿que? ¡digame que!, o sino pa' que me paro.
- pero le estoy diciendo que mire
- entonces no me paro.

martes, 11 de septiembre de 2007

Sencilla Bienvenida

...de pronto saber que no debo esperar nada suyo; y huir inexorablemente de usted, pero más bien de mí, de lo que creo de usted. Usted cada vez está más lejos y conociéndome como me conozco, es decir como se supone que la conozco, ninguno de los dos va a dar el brazo a torcer y lo que comenzó como un juego y se fue matizando gris y negro y rojo, ya no es más juego, ni siquiera se pretende encuentro o conflicto, porque usted nunca más estará ahí, en otro sentido más claro es más bien mi propio abandono.

Entre mis palabras y su cuerpo ahí un abismo cada vez más grande. Lo que creímos de pequeños ya no lo adolecemos entrando en esta adultez agria que me descose por dentro. Así que su pequeño, sobre todo pequeño, y pálido reflejo es cada vez más vació, más fantasma reinventado, menos memoria y más ficción de lo que quise que fuera usted, o más bien de lo que quise ser yo para mí, o usted para usted o para otro.

Así que como ninguno de los dos quiere tener yeso...y cada vez somos más capricho, no tendremos más opción que despedirnos de nosotros mismos y entregarnos al otro que solo es novedad de un pasado que no conocemos, de una memoria por inventar, de otro sentimiento que nunca sería el suyo ni el mío, y he de suponer que mucho menos el nuestro así sea en un sentido meramente formal.

apocalipsis

Hoy sonreí
mañana no sé sobre que ruinas despertaré
mientras mi corazón se calcina,
mañana no seré un bostezo de dios
porque quizás estas llamas de mi silencio
quemen lo más profundo de mis ideas.
y mi amor, boca de fuego
fantasma enloquecido
oración infernal
caerá de tras pies
al cementerio de las palomas mensajeras
y junto a Hermes se prostituirá en silencio.

Hoy me sonrió
la desolación y el tedio,
con su boca mueca,
mordió mi mano que le dio de comer,
pisó mi lengua que blasfemó su nombre,
pintó mis uñas con su sangre
mientras intentaba liberarme;
no sé a que lugar llegaré mañana,
el mar queda muy lejos
para un niño ebrio,
no se donde despertaré
cuando en mí ya no oscurece,
cuando en mi la noche ya no aparece.

Tranquila muñeca

Tranquila muñeca
que aquí llegó tu Baudelaire
a salvarte de la sombre del alcohol,
llegó tu Van Gogh
a cuidar tu humanidad
de los cuervos salvajes
que se precipitan
sobre tus campos de trigo

DANIEL ANGEL

EL HOMBRE QUE PASA

un hombre pasa con sus manos llenas de libros
y yo en mis brazos tengo a un niño,
un niño muerto y triste
al que no dejé crecer por mi sonrisa de fantasma y mi mirada de canival
supuse que sería mejor abandonarlo a su suerte de siete mares
y adentrarme en la ausencia
saberme perdido con el niño en los brazos
mientras transito la ciudad

caminar y enseñarle a beber mi sangre
donde se empoza toda mi desgracia
para dejarlo solo:
ya lo habia dicho antes

en cualquier esquina o en cualquier bar
a que le llegue la muerte sobre los muertos

sábado, 8 de septiembre de 2007

Capítulo Tres

Al abrir los ojos me encontré con el cielo azul, amanecía en la mitad del caribe con un movimiento ondulante propio de un buen clima que no teníamos desde que habíamos salido de la costa, los tintes rojos recorrían el cielo estrellándose con la oscuridad de la madrugada que poco a poco iba perdiendo la batalla, el mar cristalino se movía impasible; espectador neutral de tan hermoso evento se extendía cubriendo todo lo que podía ver mis ojos que aún mantenían la imagen de alguna pesadilla que me asolaba mientras dormía pero que ya no podía recordar. Cuando se está en el mar los sueños tienden a empeorar por la soledad que se experimenta y lo largo del trayecto; era una trabajo exhaustivo que nos daba cada día una nueva tarea que hacer, estar midiendo con la brújula el sentido para no terminar en Centroamérica o en las antillas, con la comida contada en dosis pequeñas diarias cuando no se había perdido por la borda, y estar pendiente que los forros de la merca no se corrieran y den pronto se mojara en el trayecto, y más cuando había tormenta, que a veces eran días enteros sin ver una rayo de sol y con la sed que hacía que cada vez que bajáramos saliva solo metiéramos aire en el guargüero, con los labios secos y sin poder hablar una palabra con el negro que siempre se mantenía clamado a pesar de lo difícil de la situación esperando pacientemente llegar a la primera parada donde calmaríamos nuestra sed a gusto y respiraríamos otro aire que la brisa que picaba en los ojos y el olor a quemado de la gasolina del motor. Estábamos prontos a llegar a Jamaica donde hacíamos la pequeña parada y de ahí como locos con el motor a todo lo que diera porque empezaba lo pesado, los gringos empezaban a vigilar todo y nos podía levantar la parca.

Con éste ya eran cuatro los viajes que Marcos hacía desde que se le midió a construir la primera lancha que había aguantado solo dos viajes. Quedó encallada en una isla en las Perlas donde tuvimos que ingeniárnosla para arreglarla con lo que teníamos en la lancha para no tirarnos el cargamento. La salida de Embolate estaba bien organizada: el patrón daba la merca y la encaletaba cuidadosamente para no tener problemas, después el negro la recogía por ahí a las ocho de la noche del día que iban a salir y la llevaba al puerto, Marcos y el enano tenían emparejada la lancha, lista para arrancar por el pacífico a toda velocidad, tenían que salir de la isla hasta el canal donde se pasaban mensualmente unos milloncitos de dólares pa’ que la merca cruzara sin problemas y de ahí derecho para Jamaica a comprar unas cuantas “cosas” y seguir entre las islas del caribe bordeando cuidadosamente Cuba hasta tocar tierra gringa. Esta vez al salir del puerto don Rodolfo les dijo que dividieran en dos el cargamento de armas y dejaran unas cuantas en Las Perlas donde un contacto, del cual nos enteraríamos el nombre de vuelta.

-no te preocupés Marquitos que esa vuelta es facilita, yo se que a vos solo te gusta navegar, pero cuando toca, toca papá, igual te va llegar una buena platica pa’ que te arregles un rancho-

-tranquilo patrón que yo no lo faltoneo-

contestó Marcos pensando que en el primer viaje casi los agarran pasando por cuba, se salvaron por un pelo, por pura desesperación de no morirse después de más de un mes de viaje, donde se había quedado la mitad del estomago en medio del caribe de tanto trasbocar y con la resaca de tener solo ron con agua para tomar sin comida ya y sin nada más que la esperanza de llegar sin huecos en el cuerpo, se salvaron del helicóptero por que el negro estaba confiado del motor que le habían montado a la lancha fuera de borda metiéndole candela a lo último que les quedaba de gasolina por que los galones se iban quedando en el mar aligerando el bote permitiendo que al final del recorrido la lancha no tocara casi agua de lo rápido que iba. y preciso en esos días de tormenta tropical, casi nos volcamos y nos matamos huyendo de ese malparido helicóptero, en realidad yo si me quería morir después que me dijeron que mi mamá se estaba muriendo tirada en la cama volando en fiebre y sin un vaso de agua siquiera. No supe que hacer, un peso cayó sobre mi estómago y no me dejaba mover, me puse a lijar y emparejar lo mas rápido que pude para ver si el patrón me adelantaba una plata, cuando a la caída del sol del octavo día de trabajo papá llegó chillando como un cerdo, gritando que mi mamá se había muerto. Quedé pasmado, durante dos horas solo martille, empareje y eche fibra con el enano, recordaba a mi mamá en la cocina preparando cualquier cosa que encontrara en la casa, o cuando era niño que se levantaba todas las mañanas muy temprano con unos cuantos pesos a comprar ostras en el puerto para venderlas en la playa a los turistas para levantar alguna plata para la comida, siempre llegaba sonriendo y alegrona molestar a todo el mundo en especial cuando le había ido bien, eso cuando tenía trabajo cuando no se la pasa deprimida esperando que mi papá trajera alguna cosa para comer, pero el viejo tenía sus problemas con el alcohol que no lo dejaban avanzar y a veces no aparecía en varios días, justamente cuando mi mamá no tenía trabajo, ahí fue que le toco a Luís salir a darle a la pesca para ganarse unos pesos, y después yo también tuve que salir por que ya había mucha hambre, y todo esto ahora se desdibujaba poco a poco, ya nada tenía sentido nada de lo que hacía lo tenía ¿para que trabaja? ¿para darle que a quien? Si mi madre y mi hermano ya no estaban no servía de nada lo que estaba haciendo, yo estaba solo, completamente solo. Hasta que me desperté de tal pesadilla deje de trabajar y fui a ver el cuerpo de mi mamá frío como el dolor en mis entrañas. Se organizo un funeral modesto arreglado en unas horas, Marcos no lloró, las lágrimas ya no nacían en su corazón marchitado por la muerte, el papá desapareció desde el momento en que la enfermedad empezó a llevarse hacia el otro lado a la mamá y no volvió a aparecer hasta mucho tiempo después, igual ese sujeto ya no le importaba a Marcos, ya no importaba nada; sólo estuvo un rato en el funeral pagado en mayor parte por el Patrón y se puso a darle los últimos retoques a la lancha, ponerle una carpa para que no se mojaran ni se asolearan demasiado durante el viaje, montarle el motor fuera de borda que iba traer el Negro, montarle un lugar para guardar las provisiones de los primeros días que tocaba darle sin parar, todo antes de que fuera la fecha de entrega que en cada momento se acercaba más y parecía no terminar el trabajo, el día del entierro Marcos había terminado la lancha y estaba montando ya la coca, dándose cuenta por primera vez que su empleo no había cambiado, era un simple mensajero, pero esta vez se abría en un lugar conocido, con algo que sabía manejar con seguridad, con los mapas debajo del brazo ya preparado todo el itinerario de 40 a 50 días en mar, con suficiente gasolina para llegar a Jamaica sin parar y de ahí arrancar con la suficiente gasolina para arribar al puerto en mayami esperando que no los cogieran. No fue al entierro, no fue a la tumba hasta mucho tiempo después.

Pero ese día no murió aunque su deseo fuera muy fuerte, la frustración de saberse solo en el mundo, la tristeza de siempre por su hermano, por su madre y por su padre, los dolores de no haber tenido una niñez común y corriente como quizás cualquier persona pudo haberla tenido, los estudios que nunca realizó, las tareas de trabajar desde tan joven para que puedieran sobrevivir de una manera decente en la casa –y a la gente del común que le parece que comer pescado es un gusto de más, pero a nosotros que nos tocó toda la vida comerlo por pura sobrevivencia, por nada más- las largas noches en vela esperando que su padre no llegara ebrio a maltratar a todo el mundo, los padecimientos silenciosos de su madre, cuando hubo terminado estas reflexiones arribó a mayami según lo planeado entregó la droga, y allí conoció a Maicol el principal contacto de entrega en la USA, un hombre grande y gordo, moreno con un acento difícil de entender.

-Cómo les fue en viaje pana, espelo que bien brothers polque nos tenían como worried por la demora, yu are leit my brothers, pelo veo que todo está completo, tu eles el viejo malcos toma estos mapitas y estos duros para que hagan la vuelta del calgamento… que dices chico no te entiendo habla fuelte e’ que eles bien jovencito no seas tímido, mira tienes que bajar por las Bahamas y te metes de ahí derecho por Haití y ahí esta el mapa pala que llegues tranquilo-

-bueno si señor, ¿y como averiguo lo de las armas?-

-no te pleocupes chico, apenas toques puerto te vas a dar cuenta que ya todo esta pleparado-

Mas adelante Maicol empezó a ser mi contacto cuando quise tener mi propio negocio, en verdad en ese entonces no pensaba en eso solo quería navegar, mi mamá estaba muerta y el dinero no me servía para nada, el mar se convirtió en mi único aliado, en mi amigo más fiel, en las noches lloraba viendo como el reflejo de mis lágrimas eran devueltas por el océano, llegué a pensar que lloraba conmigo. Al salir de mayami Marcos y el negro arrancaron a toda velocidad hacia la isla indicada por Maicol, en este trayecto del viaje, Marcos aumentó sus pesadillas, eran cada vez más reales y más fuertes, a veces le parecía que cuando se despertaba apenas se estaba empezando a quedar dormido porque la vida, a veces pensaba él, era mucho más dura y más difícil que la misma realidad, la vida en verdad dolía en el cuerpo, la vida lastimaba en serio el cuerpo, los dolores del alma llegaban tan fuertes a cada ser que lo destruían por completo y luego la desolación, -¿quién en la ausencia no se ha sentido culpable?- a pesar de todos los esfuerzos se mantenía aun en pie por puro síntoma de valentía, de no dejarse del mundo, de todos modos el viaje era más corto pero el mar era más tempestuoso y difícil, pasaban por rutas turísticas que era mejor evitar, o en ocasiones hacerse pasar como pescadores buscando banco pa’ ganarse una buena plata, y a veces tenían que pescar y comer crudo, por que la comida que traían se mojaba o se iba por la borda, a pesar que Maicol les había dado buena cantidad para poder hacer la vuelta bien hecha, a veces hasta alucinaba pensando que el Negro quería hacerme daño para poder comer mejor, y tengo la certeza que el Negro también lo pensaba así, de vez en cuando soltaba el motor y se ponía a mirarme hasta que caía en cuenta que perdíamos rumbo, creo que él también sufría mucho aunque fuera una persona acostumbrada toda la vida a ese tipo de vida, la falta de experiencia del primer viaje que permitió que en otros viajes no se cometieran los mismos errores y Marcos tomara importancia dentro del circulo de transporte, pero en ese primer viaje se llegó rápidamente al puerto en el que tenían que anclar para recoger las armas.

En realidad no era un puerto propiamente hablando, era un pequeño muelle que lindaba con un pueblo isleño lleno de casas roídas por la humedad y la brisa, a Marcos le recordaba el pueblo de donde venia, era el mismo olvido que recorría cada una de las costas que había visto en casi todos los lugares que se cruzaba durante el viaje, y la misma sombra que vio tiempo después en sus otros viajes en distintos lugares, la misma impresión mezquina de pobreza y hambre, jugo de guayaba y ni una gota de arroz, secretos esondidos dentro de todas las puertas porque cada ser en el mundo tiene sus pecaditos y tiene sus guardados. Al tocar la orilla unos pelaos se acercaron ayudando a subir la barca, el negro le dio unos verdes e impresionados cada quien tomo uno y se fue, echaron lazo y se pusieron a arreglar la lancha, tenían que esperar un rato a que llegara el contacto para hablar. Y así fue la vuelta, llegó un mancito y nos preguntó unas cuantas cosas casuales tal como Maicol nos había dicho, después de un rato nos dijo que si podíamos llevarlo a su casa que quedaba al otro lado de la isla, nos montamos y arrancamos metiéndole un galoncito que ya se acababa la gasolina, bordeamos el cabo metiéndonos en un golfo. Una lancha esperaba anclada en la mitad del golfo, el negro que se había montado en la lancha hizo unas cuantas señales y pidió a Marcos que bajara la velocidad, al acercarse las dos lanchas, Marcos pudo ver a varios hombres armados custodiando el cargamento, en breves segundos se hizo el traspaso, cuatro cajas de madera grandes se metieron en lancha, el Negro revisó cuidadosamente cada una de las cargas y dio la plata, mirando rápido y sin la menor queja por que nos pelaban nosotros sin nada que defendernos y ellos armados hasta el cogote con las mismas armas que le estábamos comprando. Terminado el negocio el negro que se había subido antes, se pasó a la otra lancha y ésta arrancó hacia el oriente mientras Marcos y el Negro enfilaban rumbo a Embolate.

Pasando el archipiélago de las perlas tuvieron que esconderse en una isla por que la aduana panameña le estaba echando rastrillo desde que salieron del canal, no era idea que la parca los levantara con el cargamento ya casi coronando, además si los pillaban les iba muchos años de encierro en una cárcel. En la isla se dedicaron a putear y a beber dos días pa’ perder pista a la aduana, eso si encaletando bien el viaje de armas pá’ que no hubiera problemas, con ningún amigo o enemigo. Marcos en su vida no había experimentado lo que el dinero puede lograr, ni sus alcances, por primera vez lo probaba en aquella isla perdida en el pacifico, era una isla pequeña pero la atravesaba un río y una espesa selva la cubría casi en su totalidad, las playas parecían harina de color amarillo, un pequeño pueblo mercantil funcionaba en la isla en la cual había unas pocas casas de madera y unas casonas vieja que servían de posada para varias familias además de una cantina que era el mantenía en movimiento a esta isla. Allí el negro y Marcos se emborracharon y drogaron mientras estuvieron en la isla, Marcos en su borrachera deseó tener más y más para tener poder, pero cuando dormía recordaba a su mamá y el rancho que no le pudo construir antes que se muriera, ya no tenía a nadie a quien darle casa, él estaba solo y la plata no le iba llenar nada, pero en medio de sus alucinaciones recordó la tarde de verano en que perdió la virginidad cuando Esperanza, lindo nombre para el suceso, amiga de su mamá, una señora de aproximadamente cuarenta años le pidió el favor a Marcos que solo tenía trece, que fuera hasta su casa, a ayudarle a colgar unas cuerdas en el solar para poder secar la ropa ya que las que tenía habían destrozado, pero Esperanza primero se subió en una butaca para mostrarle el lucgar exacto en que debía poner las cuerdas y solo de divisaba un enorme culo debajo de esa falda de flores y era tal la forma en que movía ese culo que terminé por exitarme y tuve deseos de olfatearle el trasero para saber a que olía propiamente, luego me hizo subir a la butaca y me ayudó a poner las cuerdas y cuando me estaba ayudando a subir me cogió las nalgas y me las apretó, lego metió la mano por la entrepierna de la pantaloneta y me lo cogió en toda sus proporciones, cuando me bajé me pidió que me quedara que me iba a dar onces, yo me senté en otra butaca en la cocina y ella se puso a lavar los vasos para servir algo, cuando estaba en esa posición me pidió que le ancanzara algo del estante que estaba precisamente encima del lava platos, me le acerqué tanto que sentí las estribaciones de su culo moreno, ella me apretó nuevamente las nalgas echando las amnos hacia atrás y yo le subí la falda hasta los cielos, ella se bajó los calzones al compás que me bajó los míos y sentí como un vendaval de ríos de agua caían sobre mis pies desnudos, sentí como su culo apretaba mi miembro como si quisiera arrancármelo de una sola fuerza, se exitó tanto que me pidió que le callara los labios con los míos, por vez primera supe a que olía una mujer en sus zonas oscuras. En esa isla perdió su recelo por el sexo y empezó a enamorarse por primera vez. Las mujeres cuando hay dinero y además verdes hacen cualquier cosa.

Me levantaba en la orilla de un río todo embarrado y adolorido empezaba a buscar a mi hermano por todas partes y no lo hallaba, escuchaba a lo lejos los gruñidos de los lobos acercarse poco a poco, y salía a correr sin rumbo huyendo despavorido para no ser devorado, la zancadas de los animales se acercaban poco a poco, al mirar hacia atrás los veía acercarse con sus ojos rojos brillantes y sus jetas llenas de baba ansiosa de sangre, por fin alcanzaba una casa donde seguramente podría resguardarme, al cerrar la puerta los gruñidos se volvieron rebuznos de burro, revise la casa y sorprendido me encontré con mi hermano sentado con un vaso de jugo de guayaba sonriéndome, de pronto la habitación empezaba a llenarse de agua y el iba desapareciendo poco a poco entre los remolinos, hasta que desaparecía totalmente y yo empezaba a ahogarme poco a poco.

Al despertar Marcos se encontraba tirado en la lancha, no se acordaba de nada de lo que había hecho la noche anterior, solo recordaba a Claudia y que había intentado tenerla solo con plata pero no se dejó, la plata no lo podía todo, el Negro apareció a las dos horas y Marcos ya tenía emparejada la lancha pa’ irse derechito a la costa norte de Embolate.

Ese fue el primer viaje y ahora en el cuarto la lancha era más rápida y grande, al llegar a Jamaica Marcos estaba enfermo de tanto sol que había recibido en esos días de viaje pero ya estaba coronando un buena platica para construir una casa para Claudia y para él… pues para formar una familia, después de varios viajes charlando a Claudia había conseguido que le creyera el cuento que la quería, que iba a ser algo serio porque la primera que la había visto la mujercita se las había dado de importante, era hija de una buena familia de la isla en el archipiélago, la familia manejaba el burdel pero sin llegar a mezclarse nunca con sus trabajadores, ya le había prometido el cielo y la tierra y se lo iba a dar, el rancho para la mamá se había quedado en el pasado ahora era un palacio para claudia en Embolate, él mejor de todos, ya la plata iba tener un sentido y no sólo el de llenarse los bolsillos para la avaricia, con la vuelta que le iba a hacer al patrón después de recoger el mandado en isla Navassa y el buque que se estaba construyendo, iba ganar un status y plata suficiente para comprar a el que le diera la gana, por fin algo ya me amarraba a este país, la idea de traerme a mi caribeña pa’ mi tierra y hacerme una vida, tener sentido de ella y no solo la búsqueda de la eternidad, no me podía morir en la mitad del caribe como otro mensajero en la historia del narcotráfico de Embolate. Marcos tuvo que quedarse en Jamaica donde los negros del cartel de Lucea, pasándole unos buenos verdes mataban hasta a su propia madre, la insolada que se había metido no era cosa fácil, baños de agua fría pepas para bajarla y unos pases para ponerse de buen animo, la cosa fue de medico, y todo por quedarse dormido al rayo del sol después de una noche de vigilancia, el Negro subía entonces con el Chiqui hasta donde el Maicol y se encargaba de entregar la merca y se encontraban en la isla donde recogían el cargamento diez días después mientras Marcos se recuperaba de la insolación.

Con el Negro habíamos entablado una relación muy cercana a lo que se podría llamar una amistad, a lo largo de los viajes teníamos la necesidad de hablar entre nosotros para no perder la cabeza en el mar, el Negro era una persona resabiada y tenía ya bastante carrera en la delincuencia, el provenía del mismo sector de la ciudad que yo, la diferencia es que al Negro le había tocado la parte dura de la creación del barrio en las afueras de la ciudad, el llego solo con su hermana después de haber sido desplazados por unos terratenientes de las tierras donde vivían sus padres y por no deja quitarse las se los habían bajado, el negro empezó a robar por no encontrar nada más que hacer y su hermana termino metida en la prostitución, por que la venta de chicles no le daba ni para comer, el Negro vivía en un rancho que era digno para un perro y no para dos personas.

-es que hermano, eso era un lugar rechiquito, apenas era un pedazo de tierra que nos habíamos invadido entre dos casa ya construidas era como era como el doble de una medida de estas –abriendo los brazos totalmente y señalando con los labios las puntas de sus dedos-, y no mas larga que esta lancha, era pequeña, yo me levante en un botadero unas tejas y pedazos de madera y fui armando la rancha, poquito a poquito fue cojiendo forma para vivir, eso si no teníamos luz ni nada de esos, mi hermana empezó a meterse entonces en unos cuentos bien raros, hasta que mamado que llegara tarde un día me fui a buscarla donde supuestamente trabajaba con el puesto en la zona rosa de Santa Marta, nadie me dio razón de esa tonta entonces me puse a buscarla desesperado y me la encontré en la calle de la putas subiéndose a un carro, mire viejo Marcos yo no lo pese un segundo y le metí una zunda a esa pendeja, para que yo estaba arriesgando mi pellejo robando y tras del hecho comprándole todo esos dulces pa’ que trabajara, y se pusiera a güevoniar, ay fue donde se perdió esa muchachita no volvió a aparecer, al otro día me cojió la tomba y me tuve que mamar varios meses en una cárcel para menores de edad. Apenas salí me toco robar a una señora para conseguir lo del bus porque no tenía otra manera de levantar plata mi hermano, de mi casa ya no quedaba nada, y en esas fue que conocí al Mocho que me dio trabajo en una vaina de mecánica.

El negro en esas se quedaba callado dirigiendo la lancha y cambiaba de tema, era un hombre bien reservado en sus cosas y en esas pocas veces que soltaba la boca era ya del desespero de estar en el mar, el silencio que se mantenía siempre era enloquecedor, había que habituarse al constante movimiento de lancha que por muy rápido que fuera seguía balanceándonos de un lado para otro, y mas cuando había tormenta, coja la brújula y trate de mantener el rumbo y tocaba coger los botes de gasolina desocupados y tratar de coger el agua lluvia que más se pudiera por si había escasez de agua, no es que fuera muy seguido en realidad pero uno o dos días sin agua era un infierno y más con esa cantidad a todo lado rodeándolo a uno sin poder beber una gota.

Cuando se varo la primera la lancha ya se estaba empezando a construir una nueva más grande y mejor preparada para los viajes, en esa se podía meter más carga y más protegida contra cualquier inconveniente que pudiera surgir en el camino, Marcos se había encargado de conseguir un motor más potente. Ahora podrían viajar en la lancha otra persona que facilitaría el trabajo y permitiría que llegaran más rápido a Mayami, y en esas Marcos se insola y le toca quedarse clavado en Jamaica.

Los delirios de Marcos fueron llegando hasta la desesperación, el odio que cargaba por el mundo se fortalecía, entre más grados subía su temperatura, cinco días estuvo revolcándose en una cama húmeda de sudor y de mal olor. Cada vez que despertaba intentaba recordar los sueños que le hacían sentir. ese resentimiento y esa sed de sangre, solamente lograba recordar pequeños fragmentos de sus diabólicos sueños, soñaba con su madre botada en la cama revolcándose del dolor en el colchón roto lleno de algodón húmedo, sin sabanas y con los labios rotos por la sed, ríos de sangre que corrían por la polvorienta calle de su pueblo, sangre de su hermano hecho pedazos vivo, gritos tormentosos que lo llamaban desde el fondo de la oscuridad y el armado echando bala para todo lado, y lo mas tormentoso era que todos eran burros en su sueño, manadas de asnos salvajes saltando por el prado cojiendo y matándose; a veces parecía estar soñando, y otras veces parecía que en su delirio que caminaba por la calles de Lucea y todos eran asnos grandes y negros, y el mismo era un burro que en cuatro patas que rebuznaba dolorosamente se quejaba de su lamento, de su dolor, o simplemente no recordaba nada, parecía que caminaba eternidades por la oscuridad sin memoria como un mendigo sin nombre.

Al décimo día lleóo según lo acordado a la isla, el Negro y el Chiqui habían llegado un día antes de lo planeado por que les tocó volarse de mayami porque les tenían el culo cojido los de la DEA, el negocio estaba completo, el cargamento estaba en la lancha y salían directo para Las Perlas a dejar la mitad del cargamento que esta vez era mas pesado de lo normal, Marcos tenía otras razones para ir a ese lugar, además de poder ganar la plata para la casa, Claudia era esta razón ahora si le iba a decir que se casara con él que ya tenía todo listo. La lancha como siempre estaba llena de mierda y de algas por el mal clima que se le venía encima el toldo se había dañado lo que quería decir que les tocaba mojarse, al partir de la isla el sol caía muy despacio, una bola roja gigantesca era apagada por el mar poco a poco, la lancha empezó a viajar hacia ese incendio a todo lo que daba el motor.

Al llegar al archipiélago Marcos se reunió con un tal Roger, era un negro gigantesco con acento colombiano, a él tenía que pasarle la mitad del mandado, estaba hospedado en una casa grande hacia las afueras del pequeño pueblo de la isla, estaba enfiestado cuando Marcos llego, le invitó uno cuantos tragos y se pusieron a negociar, él sólo con el revolver en el pantalón apuntándole al miembro y el Roger con media docena de manes con escopetas atrás, menos mal ya estaba negociado o sino se ponía feo; la vuelta fue fácil el man entregaba la plata y Marcos le dejaba las armas en una lancha en el muelle. Concluido el trato y después de unos tragos, marcos se fue al burdel a seguirla con el negro y el chiqui, y a buscar a Claudia por supuesto.

–vení Claudia que tengo que hablar con vos una cosita, ¿vos quisieras casarte conmigo? mira te prometo que te saco de esta isla y te armo un palacio en Santa marta, te doy todo lo que tu quieras, yo te amo mamita, nunca había estado tan tragado de nadie-

-no Marcos usted todavía está muy joven para que diga esas cosas, además que casi no nos conocemos, como puede decir que me ama si me ha visto tres veces; usted me gusta arto y todo pero…-

- claudia no digás eso, solo pensalo, no respondás todavía yo se que vos también me quieres, mira yo me estoy ganando un mundo de plata y no tengo nada que hacer con ella; ya no tengo familia quiero que vos seas mi familia, vente conmigo para Embolate y tendrás un mejor futuro que dirigir este burdel-

-mire Marcos hagamos una cosa, conozcámonos un poquito más y le acepto la propuesta, además que a mi no me gusta de a mucho en lo que usted trabaja, tengo que asimilarlo, mas bien déme un besito y deje de tomar tanto que le hace daño-
Casi dos años pasaron antes que Claudia me dijera que ya estaba preparada, pero yo la esperaba pacientemente, yo la amaba con toda la fuerza de mi corazón; desde la muerte de mi hermano y de mi ma’ nada me importaba, solo quería vengarme aunque no sabia de quien, pero claudia me tranquilizaba.

Don Rodolfo se encargo de casi todos los arreglos de la boda, Marcos solo le pasaba la plata que tenía ahorrada, y el patrón se encargaba de la logística. Para la despedida de soltero el jefe separo un burdel por el lado de la playa, los invitados eran en mayor parte gente del negocio y muchachos del comando invitados por el jefe, todo el burdel estaba lleno hasta la tetas de las putas que daban a mamar a cada quien lo suyo, a marcos le tenían preparadas las mejores muchachas del lugar para que hiciera con ella lo que le diera la gana. Él realmente no quería estar con nadie antes de la boda, pero la negra que le pusieron al frente era para no negarse, la sentó a su lado y empezó a hablar con ella, contándole como había sido su transito de simple mensajero a negociante, y ahora a jefe, le contaba como solo iba pagar una deuda, después un rancho pa’ su mama y después un rancho para su mujer, y tenía, más plata que cualquier estudiado. Cuando ya estaba muy borracho decidió subir a un cuarto con la negra. Empecé a morderle los labios carnosos y a tragarme su saliva como si fuera el jarabe que me iba curar el cáncer, el sífilis y hasta el mismo SIDA, la acaricie por todo el cuerpo con desespero de metérmele con fuerza y empezar a montarla hasta que sus gemidos se convirtieran en chillidos de placer, bajar un poco y con la lengua acariciarle lentamente y así ir subiendo la velocidad hasta que se le encalambrara el estomago y la entre pierna, y me gritara que se lo metiera rápido, y empezó a gemir, después a chillar y por ultimo fue saliéndole pelo en el trasero, y su cara empezó a estirarse hasta volverse una jeta, y empezaba rebuznar ruidosamente, hinc hoooonc hinc hoooonc hinc hoooonc, y marcos también hacía su parte y mientras se venía cayo en cuenta de su cambio. Se asusto y salió corriendo empeloto por todo el burdel y todo el mundo cagado de la risa lo escuchaban gritar ¡soy un burro! ¡Soy un burro! ¡Soy un burro!, hasta que cayo dormido en la mitad de la pista henchido de la perra.

La iglesia fue preparada desde muy temprano para el evento que daba inicio al medio día, el novio llegó media hora antes de lo acordado y se sorprendió de la cantidad de cosas que con su dinero había adquirido, la ceremonia se efectuó sin ningún retraso, Claudia estaba hermosa más hermosa de lo que Marcos alguna vez lo habría podido imaginar, a la ceremonia asistieron los familiares de Claudia, los compañeros de trabajo de Marcos, y el papá que había aparecido apenas se enteró que su hijo había conseguido plata. El sí de los dos no fue nada forzoso y salieron corriendo de la iglesia hacia el carro bajo montones de arroz que les caían de todos lados. Marcos se sentía el hombre más feliz del mundo. La casa ya estaba casi terminada y allí fue donde se organizó la fiesta, que duró tres días enteros, hasta que los novios se fueron directo a las playas del sur, a pasar la luna de Miel. La fiesta comenzó con música en vivo, en una tarima ubicada en el patio de la casa con todo el esplendor que merecía esta fiesta, fueron invitadas unas doscientas personas entre las que se encontraban muchas personas del barrio de Marcos, primero sirvieron una comida para todo el mundo que consistía en pescado fresco frito y arroz y un buen recado de yuca y ensalada con atún, después empezaron a repartirse los regalos donde el Patrón tuvo el mayor papel regalándole la mayor parte de objetos para llenar la casa como todo un rey, y además les regalo a los recién casados un viaje a las playas del sur de Embolate, la noche termino con una ronda de voladores a las once de la noche que todo los borracho empezaron a echar hasta terminar quemando unos trapos que adornaban la tarima y casi queman una tia de Claudia con uno que no salió para arriba sino cayo al piso dando vueltas por todo lado. Al segundo día Marcos subió a la tarima borracho a llorar por sus muertos, a putear a todo el mundo, y después de meterse un pase se puso a bailar con su esposa y cagarse de la risa con su jefe dándole las gracias por todo, diciéndole que él era como un papa para él, por que el verdadero estaba en el baño tirado inconsciente, hasta aquí es que recuerdo esa fiesta abrazando a mi padre putativo a mi padrino de matrimonio, al que tiempo después maté de tres tiros en la cabeza para ganar más poder y darle a Claudia lo que ella se merecía.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Capítulo Dos

La misma soledad, el mismo sueño, la misma pesadilla de no despertar jamás, ahora la ausencia doble, el dolor de la partida y de la soledad, el miedo, la cárcel, los malos tiempos como una estampida de leones, el abandono total y la crueldad de la sociedad, los errores cometidos por la sobre vivencia. Marcos estaba en encanado, llevaba un buen tiempo guardado y ya había aprendido como era la lógica de la cárcel.

Estuvo tres meses en la cárcel de la capital, antes de ser trasladado adonde está ahorita. El primer día que llegó allá, luego del vuelo en el que lo deportaron, directo a la inspección judicial, fotos, flash, perfil, de frente, su número 676869, tinta, una plantilla, todas las manos untadas, sin interrogatorios, directo a la cárcel. Una entrada inmensa, gris, triste, con uno que otro mago esperando su turno. Abren las rejas, un cuarto frío, desnúdese, una ropa a rayas, 676869 en la espalda.

Al patio 4. Mientras que un escuálido guardia lo acompaña pasa uno a uno los patios; el 1, delitos menores, entraban y salían una vez por año, uno que otro inocente; el 2, presos para los que la condena no supera los cinco años, el tiempo perfecto para resocializarse; el 3, más de diez años, la gente que sobrevive se pudre más; y el 4, presos de ideales, uno que otro violador, y a los que la justicia todavía no les había definido nada. Su patio, abren la reja y el guardia lo empuja, “bienvenido”, esas palabras le retumban en la cabeza, directo a su celda, noche en vela, no sabe que hacer, la desconfianza corroe su cuerpo, todos lo miran, y Marcos de pronto recuerda aquella tarde en la que entró por primera vez a la oficina del patrón, cuando apenas era un pelao, y sintió como todas las miradas lo iban perforando de a poco. Tímido se recostó sobre un muro, unos jugaban fútbol, otros billar, un dos hombres con un gato que fumaban desesperadamente y hablaban de todo un poco. Una voz:

- 676869, quieres un cigarrillo - Marcos se acercó lentamente asintiendo con la cabeza. Una mano le estiro unos pielrojas y Marcos tomándolos desprevenidamente no sospecho siquiera que estaba saludando su propia desgracia, como si sellara el pacto extendiendo su mano.

- Gracias – una larga pausa mientras prendía el cigarrillo con un fósforo que recogió del piso – me llamo Marcos.

- Mi nombre es Felipe, él se llama Daniel y nuestro gato candelario – dijo un hombre moreno, de cabellos crespos, que tenía la mirada rallada, tal vez por la noche, tal vez por la soledad de los barrotes que se dibujaban en aquella cárcel, mientras que señalaba al hombre de al lado que consentía un gato de esos que andan por los techos y de cuando en cuando bajan a buscar algo para comer – ¿Por qué andas por acá?

- Me cogieron en venezuela, una trampa, todavía no han decidido nada, entonces ah esperar.

- Que vaina hombre – dijo Daniel mientras disimuladamente de espaldas al guardia armaba un bareto – tener que esperar que el puto sistema te defina, en la capital, y en este patio.

De pronto las palabras de aquel hombre le parecieron una advertencia desprevenida. Marcos nunca había estado antes en una cárcel, pero le vino a la cabeza un viaje que hacia con el enano, en el cual le contaba como habían sido los dos años que estuvo preso.

- Mira Marcos, la cana es muy mala, cuando me atraparon por llevar unas maricadas recién estaba comenzando me guardaron un buen tiempo, y la vuelta adentró es muy brava – Marcos apenas lo miraba mientras prendía otro cigarrillo – allá todos parecen hombres lobos, matan por cualquier maricada, lo mejor es que si algún día tenes problemas te vueles, por que yo antes de volver a entrar prefiero encenderme a plomo con la policia.

Esa conversación ahora tomaba más importancia en la vida de Marcos, que todavía no sospechaba todas las sorpresas que el destino le deparaba en esos tres meses.

- Pero sientate hombre – interrumpió Felipe en la meditación de Marcos – no hay que dar tanta boleta por ahí cuando se es nuevo.

- Bueno.

- Lo mejor es que te tranquilices, pero eso sí estes muy mosca de lo que pasa que uno nunca sabe. Es mejor que no confíes en ninguna persona, de pronto solo en Candelario – dijo mientras Felipe mientras le botaba el humo en los bigotes al pobre gato.
- Yo traje a Candelario acá – dijo Daniel mientras que lo acaricibia lentamente – una día antes de estar encanado lo encontré, un día en el que estaba en mi casa y amanecí ensopado en tristeza. Me levanté. Aspiré el pesado aire que olía un poco a soledad, a tinto, a niña tengo un par de ojeras grandes por no haber dormido bien, a que esta mierda se me escapaba entre mis manos rotas y no me alegraba. Giré y prendí un cigarrillo y lo aspiré y sentí como mi sangre se alucinaba. Volví a envenenarme el día. Pensé. Hoy es un día perfecto para vestirme con la tristeza de la noche. Me senté y percibí como el aire diseminaba el recuerdo de una mujer en la pieza. Sudé. Cerca de un zapato viejo estaba la botella y comenzó a gritarme: oye güevon levántame, tómame entre las piernas y deja que tu saliva se aclare en mi cuerpo. Mis ojos se dislocaron. Parpadeé y mientras tanto: oye güevon levántame, tómame entre las piernas, deja que tu saliva se aclare en mi cuerpo y piérdete en la oscuridad mi culo. Quieto. Aspiré el cigarrillo por última vez y vi como se consumía el día impávido en mis manos. La ceniza apenas se esparció. Abrí los ojos, pase al baño y me ensucié con la limpieza de la mañana. Ya no transpiraba a whiskey, a cigarrillo, a mierda niña tengo un par de ojeras grandes por no haber dormido bien. Solo transpiraba a lunes, comienzo de semana. Borrón y cuenta nueva. Salí de la habitación y escuché adormecido como gemía un gato en el tejado. Lo miré y corría incendiado, se veía feliz y me observaba como si me estuviera gritando: ven viejo, bótate en este techo que nuestros días comienzan con el amanecer de la luna y el rocío del vodka en nuestros dedos. Y yo le respondí a ese lenguaje cifrado: Claro gato, y me tendí al lado de él dejándome perder en la luz del sol que comenzaba a incendiarme igual. Eran más de las doce y me sentí solo y triste y roto, como si por un agujero se me escapara la sangre con moscas que atisban al asfalto. Luego las cinco. Me miró el gato. Me desesperé y comencé a hablar con él: ahora nos vemos. Voy a dar una vuelta por la avenida que rodea el parque de los difuntos. Salí y todo era cotidianidad. Cuando volví ahí estaba todavía él, así que lo bautice, como se bautizan a los hijos para hacernos creer que son propiedad de otra persona, Candelario, en honor a la virgen de la candelaria, patrona de nuestra patria – y diciendo eso se cago de la risa, ya que sabía que nada de eso era cierto, pero en las cárceles era mejor creer en las ilusiones para no enfermarse con la realidad, eso lo vino a entender después Marcos.

- Vas a fumar – le dijo Felipe extendiéndole sus amarillos dedos con la pata aun prendida

- No hombre muchas gracias, pero prefiero el que me estoy fumando – dijo Marcos tratando de disimular la tensión que tenía y le recorría los hombros, que lo hacía sudar como un cerdo, por la extraña amabilidad que tenían aquellos dos hombres que apenas si conocía. Además a él le gustaba más el polvo, al fin y al cabo había trabajado con él toda la vida, y probar otra cosa le parecía una deslealtad con él mismo.

Felipe le contó que estaba allí por que lo habían pillado en una vuelta internacional. Una vez cuando era inter, lo habían invitado a una reunión al otro lado donde le iban a presentar a una gente pesada, que le podía ayudar a conseguir contactos pa visas y todos esos papeles que se necesitan para entrar a los paises.

- Cuando entre a ese salón emanaba un hedor a mierda de gato mezclado con queso rancio, un aroma casi imperceptible para los humanos ya que es propio de nosotros, además un vaho que recubría el techo del recinto denotaba la diversidad de lugares que allí se reunían. Por un lado el olor del frío propio de Siberia, con olor a pescado del Pacífico, a safari de África, a continente senil, a dólar con poder.

De pronto interrumpió Daniel jodiendo a Felipe.

- No lo jodas con esas maricadas trascendentales, esa historia no la cree nadie, siempre que la cuentas es lo mismo, estas ya muy trabado, y todavía no me las creo – dijo Daniel dándole el último chupo a la pata que ya casi se había desvanecido en sus manos.

- Deja que termine de contarle a Marcos y que después el nos diga si me cree o no, o si por lo menos te cree la historia de candelario, tu sabes que aquí queda mucho tiempo libre y lo mejor es escaparse por lo menos soñanado – y continuo con el relato

- Las voces de distintas tonalidades acariciaban los oídos de muchas personas de todos los que nos encontrábamos allí, pero solo eso, las acariciaban por que nunca se hacían participes del entendimiento. La gente no conocía los otros idiomas, no captaban nuestras tenues palabras. Cuando de pronto de entre todas las personas se levantó una sombra oscura que expedía cierto olor de color verdoso, allí exhaló un grito que circundo por sobre los cuerpos de los presentes, incluyendo el mió, y desde otro extremo una figura lánguida de un color negro petróleo disipó el grito con un bestial movimiento. En el centro de esta discusión se alzó ella, fría, tenebrosa, sin compasión, tan exacta y calculadora que nos propuso una solución… jeje, y pues después volviendo pa acá me cogieron por que la mujercita nos había convencido a todos que le trabajáramos trayendo unas cajitas, y pues las putas cajas tenían armas y yo me vine a enterar cuando me atraparon acá.

Los tres soltaron una sonora carcajada y con eso la tensión de Marcos se disipo entre el humo del cigarrillo, y junto a Daniel empezaron a burlarse de Felipe, por esas maricadas que ponía por excusa pa decir que había traído armas de afuera. Marcos les dijo:

- Yo también estuve en esa vuelta, la de las armas, primero me contrataron pa llevar una vainas por tierra, luego pa construir unas lanchas que pa llevar nieve a los gringos, pero lo que no sabía era que de vuelta me iban a empacar armas, pero ya entrado en gastos que se podía hacer, así seguí y comencé a ascender en el mando de poder hasta que me hicieron lo de Venezuela, y hay sí me jodí todo por culpa de una vieja.

Y con ese comentario los otros dos comprendieron que Marcos no era un preso cualquiera, que seguramente tenía plata, que era bueno acercarse a él, y que dependiendo de cómo se comportará mirarían si le sacaban plata o no.

Los largos tres meses que estuvo allí se le pasaron fumando y hablando con los dos únicos presos a los cuales había conocido, y que solo tiempo después se percato nadie más se les acercaba. Un jueves le dijeron que el domingo lo iban a trasladar de cárcel, que ya habían decidido algo y que se lo iban a llevar pa otro lado. Marcos no sabía si alegrarse o entristecerse, todo era un cúmulo de incertidumbre por el desconocimiento al cual estaba sometido. Se preguntaban donde estaban sus amigos, por que nadie lo había ido a visitar durante ese tiempo.

Esa noche recibió una nota de Daniel y Felipe diciéndole que lo esperaban tempranito en las duchas pa despedirse que ya se habían enterado que se iba a ir y que lo querían despedir, fumándose un cigarrillo tal como lo habían hecho el día que lo conocieron, Marcos no sospecho siquiera la terrible suerte que le esperaba en los baños. Bien tempranito llegó a las duchas buscando a sus dos amigos, las paredes grises, el humo del agua caliente, sombras, cuando de pronto sintió una toalla que le tapo la boca, y tres golpes secos que le dieron en la cabeza, de pronto en cuatro, risas, dolor en su culo, tenemelo que este hijueputa no se deja, lagrimas, más dolor en su culo, risas, ahora me toca a mi, sangre, silencio, no más risas, solo el ruido del agua cayendo contra el suelo, y luego el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, pero esta vez no llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, esta vez Marcos veía a los lobos muy cerca y los sentía, y ya no podía levantar los brazos ni tirarse al infinito, para que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligará a despertar, esta vez estaba despierto, de nuevo sangre y un dolor muy fuerte en su culo.

Los primeros presos que entraron vieron a Marcos tirado y de inmediato avisaron a la guardia, a la enfermería, un doctor gordo, que le paso, solo dolor, reposo y esperar en la enfermería que llegará el domingo para irse.

Y de nuevo otra inspección judicial, fotos, flash, perfil, de frente, su número 676869, tinta, una plantilla, todas las manos untadas, sin interrogatorios, directo a la otra cárcel. Una entrada menos grande, más gris, menos triste, con uno que otro mago esperando su turno, y como es domingo una muchedumbre agolpada en faldas, con cajitas de comida. Abren las rejas, un cuarto frío, desnúdese, una ropa a rayas, 676869 en la espalda, y un dolor en su culo.

Otra cárcel, la misma lógica, diferente patio y más curtido por la experiencia. El tiempo se le paso en un abrir y cerrar de ojos y de pronto Marcos ya era respetado en el patio, y todos sabían quien era el 676869, que no le gustaba el jugo de Guayaba por que le recordaba su pasado y que en cualquier momento se lo iban a llevar.

- Quince años trabajando para los mismos de siempre y ahora que me dejan botado, en la cárcel, sin ninguna opción en la vida, mi mujer se fue con otro y se llevó a los niños, diez años de entregarle mi vida y satisfacer todos sus placeres, mis hijos, lo único que tengo ahora me odian - le contaba Marcos a Julio en el patio número 5 para los extraditables por narcotráfico de la cárcel de Tobia, mientras escuchaban “De igual a igual” de la orquesta de Alfredo de Angelis, sabiendo que Marcos nació en el norte del país encontró en el tango y en sus manifestaciones estéticas de dolor y melancolía su homogéneo para compartir el dolor: “A Dios le pido que perdone mi egoísmo pero quisiera que sienta ella lo mismo, que cuando esté lejos de mí sienta un vacío y necesite estar cerquita mío. Que también sienta en sus ansias de quererme el mismo miedo, el miedo de perderme; que tenga celos de mi amor... Que no será para su mal, así estaremos de igual a igual.”

– Cuando me fui para Venezuela a buscarla, me encontré con diez soldados de la Guardia Venezolana, efectivamente me había tendido una trampa - Julio miraba con tristeza a Marcos que le contaba como lo habían deportado preso y como ahora estaba en proceso de extradición por narcotráfico.

- Pero como fue que usted se metió en el narcotráfico Marcos - le preguntó Julio mientras le servía otro aguardiente, ya que se sabe que en las cárceles del país todo es posible.

- Cuando conocí al patrón, a Rodolfo el comandante del frente tres del norte pacífico, me contrató para construirle una lancha para llevarle coca hasta mayami, pero lo que yo no sabía era que de vuelta tocaba traer armas, después de pasar por mayami, nos deteníamos en una isla y allí nos daban muchas armas.

– Pero cuanto duraban los viajes.

- Los viajes duraban casi dos meses, de todos modos yo no tenía ya a nadie en el país para tener afanes de nada, podía demorarme mucho más, salíamos a las once de la noche en casi todos los viajes y parábamos en una isla escondidos mientras llegaba nuevamente la noche para volver a tomar rumbo, así duré dos años, hasta que me sentí capaz de construir algo mucho más grande y poder transportar cosas a mi nombre también y como en el otro lado ya me conocían ya tenía los contactos necesarios para poder montar mi propio negocio, aunque yo ganaba muy bien, usted sabe como es la ambición de un hombre, hasta que no satisface su eternidad no descansa y ¿usted sabe donde está la eternidad de un hombre?

- No - respondió Julio mientras servía otro aguardiente

– En la muerte.

Llegué a ser tan hábil para las labores del tráfico de estupefacientes que fui hasta Europa, India, Oceanía, manejé las exportaciones de cuatro de los cinco continentes del mundo, construí enormes buques y las canoas que de pequeño soñé con poder hacer ya no eran más que pequeños logros, ahora todo era más grande, como yo y mi adultez, como mis sueños, y mis pesadillas, porque así como los construí también se destruyeron, se fueron esfumando uno a uno, se los llevo el viento, como se lleva el humo de mi cigarrillo sin paradero fijo, para que se funda en el cielo.

Es domingo de visitas en la cárcel y Marcos lleva dos años con la visita de Juliana, su amante, una muchacha de la costa pacífica de ojos fugaces que le hizo conocer el cielo, la conoció en unas ferias de pueblo, realmente era una campesina hermosa, esbelta, Marcos quedó hechizado por su presencia cuando la vio pasar por la plaza central con un ramo de rosas, imagen hermosa para el amor a primera vista, Marcos siendo el duro del pueblo la abordó, ella no se opuso a sus cadenas ni a sus condiciones, ni a sus besos, trepidó por su piel morena hasta perderse en las enredaderas de su pelo oscuro, se emborrachó un día con ella por el dolor de tener esposa, le pidió hijos y el cielo se los negó, pero era la única que siempre lo hubo acompañado en todas sus bienaventuranzas y en todas sus desventuras, era la única que sabía lo que le había sucedido en sus tres meses en la capital, la única que en su estadía en la cárcel semanalmente iba con su cuerpo a entregarse a la totalidad de la falta de libertad, y de pronto también para reafirmarle que era una hombre todavía que no importaba lo que le había pasado, que ella aún lo quería; aunque este domingo fuera diferente porque su esposa estaba decidida a ir a la cárcel para socorrer a su esposo; estando Juliana en la fila de ingreso sintió temor de perder a su hombre para siempre ya que estaba muy adelantado el proceso de extradición; el mismo procedimiento de siempre, la requisa en todo el cuerpo, quítese toda la ropa, que trae en el bolso, déjeme ver, el ingreso a la cárcel, la morboseadera de todos los reclusos, las ansias de encontrar a su amante con buenas noticias.

- Hola mi amor - Marcos estaba sentado en el marco de la cama mirando expectante la llegada de Juliana, con un dolor de cabeza impresionante por el consumo de aguardiente de la noche anterior.

– Hola, ¿cómo estas?
- Bien - se acercó a su boca de pecado y le dio un beso.

- ¿Quieres hacer el amor hoy? - le preguntó Juliana.

– Sí, quizás esta sea la última vez que lo podamos hacer.

- Pero hablé ayer con el abogado y me dijo que las cosas estaban saliendo bien, pero que mañana tienes que pagarle nuevamente los honorarios, y que si Dios quiere la próxima semana pueden darte la casa por cárcel - Marcos la miró decepcionado.

– Juliana esos magos solo sirven para estafar a la gente, para nada más, ya cuanto dinero he gastado en crearme ilusiones y además tu sabes que ya no tengo un centavo - Juliana no lo dejó seguir hablando y se lanzó a sus brazos, de un mordiscó despertó su pasión, le quitó la camisa y le dijo que lo amaba, le quitó el pantalón y le contó un secreto a sus oídos sordos, cuando Marcos la volteó para aniquilarla vio a su esposa en la puerta de la celda, con su mirada llena de odio lo maldijo con esa forma que solo las mujeres saben, Marcos intentó levantarse para explicarle, pero ya era demasiado tarde, había mucha ira entre los dos para solucionar algo, además Marcos pensó que había sido Claudia la que había decido terminar con todo desde hacía mucho tiempo y él no tenía porque rogarle, pero el dolor por sus dos hijos, por el odio que muy probablemente en este momento le sentían. Juliana lo miró con miedo pero con amor, no sabía que hacer después de esa situación tan incómoda, pero Marcos la miró con gratitud por la paciencia y la entrega que toda la vida tuvo con él, se arrodilló ante ella y le suplicó que nunca lo dejara solo, después salieron de la celda y fueron a almorzar al patio donde todos los reclusos estaban con sus respectivas mujeres.

- Julio, esa mujer ahora si me debe odiar con más ímpetu que con el que yo me imaginaba - Julio sacó del colchón de su catre otra botella de aguardiente, al parecer era alcohólico, y le brindó una copa a Marcos, sirvió otra para él.

– Mire Marcos, a usted le ha tocado duro, pero a mí, hijueputa si la vida me ha dado palo, y no solo con las mujeres y con el trago y con la plata, sino también conmigo mismo, a los quince años, me tocó enfrentarme a mi papá por que siempre que tomaba le daba por llegar a la casa y pegarle a mi mamá y una vez no me aguanté y mientras estaba encarnizado dándole patadas a mi mamá yo me le abalancé con un cuchillo de cocina y le pegué diez puñaladas y lo maté, ahí mi vida cambió totalmente porque mi mamá empezó a odiarme y me tocó irme de la casa para la calle y ahí aprendí a robar, hasta que un día en un supermercado, el dueño se puso de alevoso y le pegué tres tiros, con tan mala suerte que me cogió la policía; pero lo más triste de todo, es que cuando me casé, porque soy casado y tengo cuatro hijos, y me emborrachaba, también le pegaba a mi mujer, llegué al extremo de hacerle perder un hijo - Marcos escuchaba atento a Julio que contaba su historia al compás del aguardiente y de “Churrasca” de Alberto Gómez, pero la historia de Marcos también iban más allá de los hechos que lo llevaron a la cárcel.

- Mira Julio, cuando yo empecé a trabajar con esa gente fue muy duro también, porque para que yo llegara al sitio donde alcancé a estar me tocó braviar con unos tipos malos, pero malos de verdad, vea los negocios se hacían en dos partes y también pasé dos temporadas, la primera cuando fui empleado y la segunda cuando fui jefe, cuando fui empleado exponía más el pellejo porque a mí era al que mandaban a braviar con esos matones y después venía la recompensa por los negocios bien hechos, se armaban unas parrandas increíbles, trago, drogas, mujeres las que quisiera, comida, plata, recordando que nosotros éramos los que cuidábamos al jefe pero siempre los patrones pordebajeándolo a uno a costa de lo que fuera, las humillaciones y las disputas, aunque yo corrí con algo de suerte cuando empecé a hacer las lanchas enormes y hasta el buque. Los tratos de jefe son mejores porque uno no cuida ahora si no que lo cuidan, siempre todo el mundo pendiente de uno, de que le hace falta, las mujeres, las hermosas encima de uno…

Julio se emborrachó como raro y se acostó a dormir, Marcos se quedó solo, aunque ya un poco acostumbrado este era otro tipo de soledad, porque la soledad del alma siempre pesa un poquito más, se acostó y nuevamente el sueño con el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, hasta que por fin llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, y Marcos al ver a los lobos tan cerca siempre levantaba los brazos y se tiraba al infinito, provocándole tal sensación de libertad y de desasosiego que le hacían feliz por un momento, hasta que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligaba a despertar.

Despertó empapado de sudor la espalda, las sienes, la frente, se limpió con la sábana, recordó el día en que compró su primer carro y su primer casa, recordó a los dos pirobos que había conocido en la capital, recordó a Juliana y se masturbó sintiendo como sus manos invadían su miembro, recordó a Claudia, su esposa y sintió pena, era una buena mujer y su situación la llevó al acabose, recordó a su madre muerta y las promesas que nunca le pudo cumplir, sintió mucha pena y tristeza y también un poco de asco de él mismo, pues olía a boñiga de burro y tal fue la sensación del olor que sintió que le había salido trompa de burro, se tocó contrariado y al sentirla nuevamente se preocupó, se volvió a tocar y le parecía increíble y pensó que de pronto era una brujería de su mujer, se levantó de su cama y asomó la cabeza hasta el catre de Julio para ver si de nuevo estaba soñando y lo vio dormir profundamente, se pellizcó los brazos y las piernas y le dolió, volvió a tocarse la cara y ya no tenía nada, - es una mala pasada por el desvelo- pensó y tiritando de frío y fiebre volvió a meterse dentro de su catre, que quizás era lo único suyo en el mundo.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Hablando de todo un poco....

- ¿Te has puesto a pensar eso de la muerte?
- Espera que estoy viendo tele.
- Esta bien....

- ¡¿Ya?!
- Solo han pasado tres segundos, no se ha acabado el programa, ja ja ja ja, esta muy gracioso.
- Pero, que te cuesta decirme algo tan sencillo.
- No me cuesta nada, igual que ver tele no me cuesta nada, prefiero la tele.
- ¿No temes morir? es que yo he pensado que..
- ¡Nooooo! callate. la muerte llega en el momento y ahi uno no se preocupa solo se muere; ahora callate que va a empezar la novela, imaginate que hoy descubren al man en plena.

Enfermedad o de un Presentimiento (útil con los ojos cerrados)

“El amor es un fuego escondido, una agradable llaga,
Un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable
Dolencia, un alegre tormento, una gustosa y fiera herida,
Y una blanda muerte”.
Juan Rodríguez Freile, El Carnero

Miguel empezó a sentirse enfermo varias semanas atrás. La enfermedad había empezado como una pequeña dolencia visual, que no le permitía enfocar bien las cosas. Se mareaba constantemente, hasta que terminaba en el piso a cada instante.
Esta situación terminó por afectar su sensible estomago, creándole leves cólicos que aparecían y se desaparecían, palpitaban, se movían por su estomago como si estuviera lleno de larvas grandes y rosadas celebrando un gran carnaval.
Poco a poco los dolores abdominales empezaban a empeorar, así que decidió asistir al medico. Salió del consultorio desilusionado, ya que tenía una perfecta salud. El doctor no entendía que podría ser, “probablemente sea psicosomático. Debe haber algo que le moleste, tome un descanso es lo mejor; para el problema visual lo voy a remitir al oftalmólogo, descanse por favor”.
Decidió entonces tomarse unas vacaciones. Pidió una licencia, alistó maletas y se subió a un bus. Extrañamente el descanso no funcionaba. Los dolores se incrementaban entre más desocupado estaba, se volvían insoportables, ya no era solamente el estomago, también el pecho se le encogía bruscamente y ya no respiraba, suspiraba. Además empezó a sufrir de una extraña taquicardia a toda hora del día. Todos estos síntomas eran sincrónicos, cada vez que venia uno era seguro que los otros estaban por llegar.
Decidió volver a la ciudad.
Algunos días después empezó a disfrutar la enfermedad. Ya no eran fuertes cólicos, encogimientos, y sacudidas, era más bien un calido hálito que recorría el cuerpo de Miguel. Pero este radical cambio se debía a un nuevo síntoma. Una imagen que ya no podía sacar de su mente. Rondaba por sus recuerdos y pensamientos, jugaba en el occipital, dormía en el parietal, y enfurecía en la capacidad de habla de Miguel.
Un día, miguel despertó a la mitad de la noche bastante acalorado. Se paro de la cama a tomar un vaso de agua. Hacia algún tiempo se sentía vaporoso, leve… volátil.Entró al baño para mirarse al espejo. Se sorprendió del reflejo que encontró al otro lado, estaba totalmente deformado. Sintió un leve carcomer en su interior. Ávidamente se examinaba el cuerpo pensando encontrar algo con sus manos. Lentamente paro. Tuvo un presentimiento. El calido hálito le devoraba las entrañas. Gradualmente lo había estado haciendo. Y en el momento en que llegara a su corazón, inevitable, moriría.

Capítulo Uno

Marcos sacudió su cabeza por el sueño y un terrible hedor a desastre y heces impregnaron sus fosas nasales, como si estuviera totalmente contaminado por una plaga antiquísima, de la cual había sido victima toda la humanidad; intentó rápidamente sacarse toda esa malignidad, usando sus manos como escobas barrió su menudo cuerpo, imitando la delicadeza de su madre cuando todas las mañanas se levantaba y limpiaba el zaguán, todo esto quizás por los pecados cometidos, quizás por el simple hecho de ser un humano susceptible a la precariedad, o quizás por la misma condena de toda la humanidad. Llevaba casi diez años soñando con el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, hasta que por fin llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, y Marcos al ver a los lobos tan cerca siempre levantaba los brazos y se tiraba al infinito, provocándole tal sensación de libertad y de desasosiego que le hacían feliz por un momento, hasta que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligaba a despertar.

Esa mañana a diferencia de muchas otras, Marcos se levantó afligido, se sentó sobre la cama y aun rodeado de las sabanas recordó el mismo sueño de siempre, la misma tristeza, la misma incertidumbre, pero ya no ni en la misma casa, ni con la misma mujer, amaneció sediento y se dirigió a la cocina para beber algo, lo único que encontró fue un jugo de guayaba, abrió su tráquea en busca de la satisfacción, pero ese sabor le recordó la dolorosa tarde en que antes del desastre su madre, en la Costa, le ofreció un vaso de jugo de la misma fruta antes de salir a trabajar con su hermano. Marcos prendió un cigarrillo y se sentó en el sofá con el jugo en la otra mano, vio como su hermano caminaba delante de él apurándolo, como desde hacia varios años lo hacía, para que se tomara rápido el jugo ya que el sol de ese día pronosticaba buena pesca.

- Espérate Luis.

Pero Luis ya estaba desatando la canoa.

- Apúrate Marcos que el día es bueno.

Marcos dio un último sorbo a su jugo y de pronto sintió como una larva había sobrevivido a las aspas de la licuadora y ahora estaba en su boca escapándosele a la muerte una vez más, y sin reparo alguno la partió en dos con sus muelas, en ese momento se levanto y corrió hasta donde su hermano, cuando de pronto cinco hombres armados les tomaron a la fuerza.

– Bueno pues hijueputa como no quisiste a las buenas tendrás que hacerlo a las malas, faltón.

Marcos sintió un golpe a la altura de su nuca, cuando despertó estaba en un garaje oscuro con la luz únicamente de una lámpara colgada del techo, abstraído aun por el golpe propinado. Miró hacia todas las direcciones, solo vio armas, muchas bolsas de basura, y enfrente suyo a su hermano atado de pies y brazos a una mesa de metal.

- Oíme hijueputa- le dijo un hombre de bigote – como tu hermano es un faltón y se puso a mariquiar, mira lo que le vamos a hacer pa’ que nunca en la vida se te olvide.

Sonó un disparo, gritos, sangre, el sonido de una sierra, gritos, sangre, un brazo, sangre, chasqueaban los huesos, sangre, un ojo, sangre, ya no más gritos, una bolsa de basura, la mamá desmallada, el papá borracho, la deuda, el odio, la muerte y el mismo sabor en su boca de la larva cercenada.

Marcos con diez y siete años y con una deuda de quinientos millones de dólares, situación compleja para tan solo un hombre y además tan joven, corriendo por la vida con seis meses de plazo se encontró en la plaza central de la ciudad hermosa de Santa Marta al “mocho” o bueno al menos así era conocido; el mocho estaba enterado de todos los acontecimientos y además conocía de toda la vida a su familia y sentía una gran pena porque el papá de Marcos ya estaba muy viejo y además era un rontomano empedernido. El mocho era un hombrecito más bien menudo de tez negra, sin cabello, había perdido su brazo izquierdo a la edad de diez años cuando trabaja con su papá en la pesca, una mañana había tomado la red sin darse cuenta que en una esquina estaba enredada con el motor de la lancha y al lanzarla la red se prendió a su mano izquierda y el motor comenzó a succionarla, y entre más jalaba más sangre salía de su mano y más se enredaba el resto del brazo, cuando su padre se dio cuenta ya era tarde, de ahora en adelante el “mocho” debería quedarse en tierra; o por lo menos esa era la historia que a Marcos le habían contado desde pequeñito, cuando una mañana lo vio atravesar la puerta de su casa y lo sintió asimétrico y corrió espantado a esconderse tras su mamá, pero ella lo tranquilizó y le contó esa historia y le dijo que el era una especie de mensajero, con lo cual Marcos se tranquilizó y sintió pena por él, no poder estar en el río, pescando igual que todos los muchachos de su edad. El mocho se le acercó y lo saludo tocándole la cabeza, presentándosele como un amigo más, pá servirle en lo que se le ofrezca, Eso fue lo primero que recordó Marcos al verlo en la plaza sentando sobre una butaquita verde, rascándose la panza con su ñoquito y tomando ron con la derecha.

Al verlo el mocho lo llamó con la mirada y le dijo:

- Mirá Marcos, yo se que es mucha plata y vos sabes que tenes que pagarla porque no se justifica que le hagan lo mismo a los viejos, además esa gente es muy brava, yo creo que ya te diste cuenta como son, entonces pues, hay un negocio, mira, es pa’ varoncitos, lo único que tenés que hacer es aprender a manejar y cargarle unas cosas a unos tipos, yo todo te lo entrego, de ahí sacamos algo y como sos tan pelao la parca no te va a para pa’ nada, entonces no vas a tener problemas, y de ahí yo te pago la deuda-

Marcos no lo pensó, pasaron por su mente las imágenes del suplicio de Luis y no quería ver así a sus padres, sintió que un hilo de agua helada se le escurría por la espalda, entre la médula espinal y el alma, sintió como las lágrimas que brotaban de sus ojos eran más de desesperación que de otra cosa.

- Mocho, te lo agradezco, cuando empiezo - respondí, casi sin saber que era efectivamente lo que debía transportar, aunque en este país uno siempre va a saber como se gana el dinero fácil, pero mi desesperación era tal que no me importó absolutamente nada, intenté librarme de todas las preocupaciones con la repuesta que le había dado al Mocho.

- Mira pelao, nos vemos mañana en la plaza Cristóbal Colón ahí te voy a enseñar a manejar.

- Bueno Mocho, y a que hora nos vemos.

- A medio día esta bien, y no le vayas a contar nada a tus papás.

- Tranquilo Mocho que no les voy a decir ni una sola palabra de lo que pasó.

Salí para mi casa abismado por la bendición divina, porque a pesar de todos los suplicios por los que he tenido que pasar en la vida he tenido el coraje de enfrentarlos, pero ahora luchar en contra de un futuro desconocido, de una promesa de muerte que ni siquiera recae sobre mí sino sobre mis padres. Recorro el camino a mi casa y pienso en mi mamá y mi papá, como estarán les hará falta Luis, por que el era el hijo consentido, era el mayor, yo siempre tuve que usar toda la ropa que el ya había usado, él era el único que cada navidad podía estrenar, y no por capricho de mis papas, sino por que la ropa se le quedaba, y debajo del árbol mis papas le dejaban un pantalón y una camisa, que compraban los 23, y a mi me empacaban la ropa remendada de mi hermano, por que era chico y mis papas no tenía más plata pa regalos. Entro a la casa y veo a mi mama sentada sobre la hamaca.

– Ma, ¿cómo sigue?

– No mijo, ahí está en la cocina su almuerzo, vaya rápido porque Luis lo está esperando.

- ¿Cómo así que me está esperando?

-Sí, acabó de entrar y me dijo que el día estaba bueno para la pesca.

No sé que decir, mi mamá parece loca, como si el tiempo se le hubiera devuelto en medio de tantas tristezas. Cuando llegué a la cocina con los ojos llenos de lágrimas lo único que encontré fue un vaso de jugo de guayaba que creo fue lo último que mi mamá preparó para Luis, pero no había nada más, ni siquiera un grano de arroz, ni siquiera la inclemencia de sentirme feliz por estar en casa y ver a mis padres aun vivos y que tenía una solución en la palma de la mano para salvarlos de la muerte. Aunque la muerte nos llegara diariamente en todas sus representaciones y muchas veces que nos salvamos de ella, a veces pensaba que la vida no era más que una extremidad de la muerte encogiéndose sobre mi; recuerdo el día de un año donde el invierno azotó al país con toda su inclemencia, el río se desbordó y miserablemente nuestra casa fue arrasada con sus pocas pertenencias, pero también quedó el resquicio del volver a empezar, unas cuantas tablas, bambú para las puertas y las ventanas, intentar construir otro cuarto ya que el hacinamiento se estaba empezando a notar, el techo en unas láminas de zinc que mi papá consiguió en el botadero municipal y el estado que nunca apareció para socorrer, no sólo a nosotros sino a todas las familias que perecieron, niños ahogados en medio de los deshechos y los materiales defectuosos de sus casas, madres enfermas, padres infinitamente conmovidos por observar a sus familias padecer los estragos de una mala temporada.

El sol a lo alto golpea en contra de mis ojos como si fuera un gran cuervo que quisiera arrebatármelos, el olor putrefacto del pescado infestado de los deshechos que los turistas botan al mar, ya que creen que como el mar es tan grande los deshechos no van a perjudicar en absoluto, pero el mar es como el amor, es infinito, hermoso, complaciente, seductor, medianamente triste, pero con cualquier minucia se empieza a dañar y los corazones se pudren, los hermosos corales se convierten en recuerdos dolorosos que estallan en cualquier momento en lágrimas o en sudor, así como el que brota de mi frente al salir de mi casa para la plaza Cristóbal Colón para encontrarme con el Mocho.

Ya en la plaza estaba el Mocho esperando a Marcos para darle su primera y única clase de conducción. Caminaron hasta el fondo de la Plaza donde había un callejoncito desolado. El Mocho le señaló la camioneta y le dijo:

- Pelao, conducir es como montar en canoa, solo que en lugar de peces hay mucho hijueputa por hay buscando comida.

- Claro, “mocho” como digas.

- Estos son los cambios, el cabestrillo, el freno, y el closh – y con cada palabra señalaba palancas, pedales, cosas dentro de la camioneta que Marcos buscaba memorizar, sin encontrar siquiera un remo.

- Y este “Mocho”, este ¿pa que sirve?
- Ese es el acelerador, el salvador, con ese decides cuanto viento quieres en la cara. Y oíme esto, si algún día las cosas se llegan a complicar lo hundes como alma que lleva el diablo, y no paras y te llevas a cualquiera que se te atraviese.

- Claro, “mocho” como digas. Repitió nuevamente.

Luego de la clase lo primero que debía hacer Marcos era transportar muchas bolsas negras de Agua de Dios camino arriba hasta el sendero que se conoce como “las culebras frías”, allí siempre debía llegar y registrarse a la entrada que por demás estaba custodiada por seis o siete hombre no fuerte sino terriblemente armados, éstos también registraban el contenido de la camioneta, un Jeep Willys verde modelo 65 de las mejores de toda la región, aunque un poco destartalada, ya dentro de la hacienda, Marcos únicamente ayudaba a bajar la carga, tanqueaba nuevamente la camioneta y retornaba al pueblo con su personaje de transportador de plátanos, ya que de éstos siempre tenía encima de la camioneta y de los cuales le regalaba a la policía o a las autoridades que se encontraba por su paso.

Cuando se empezó a detener el tiempo en la vida de todos, Marcos ya había crecido lo suficiente para hacerse el único dueño de su destino y eso lo descubrió el día en que saliendo de la hacienda se encontró al Mocho que con su voz ronca le dijo:

– Oíme, la deuda ya quedó saldada, pero si querés podés seguir trabajando conmigo - se tomó otro sorbo de ron – ahora las cosas cambiarán porque tendrás más billete pa que saqués a tus papás de esa casucha en que viven.

Marcos ya estaba demasiado cansado trabajando en eso que él suponía pero que nunca por temor a ser descubierto intentó saber, así que le tomó unos segundos de más pensar en la satisfacción que podría llegar a brindarle a su mamá dándole una buena casa con todo lo que ella se merecía. Marcos asintió prometiendo salirse de eso tan pronto tuviera el dinero para la casa de su mamá, por lo pronto retornaba al pueblo a recoger un encargo, dejó al Mocho atrás e hizo sonar las llantas de la camioneta con el mismo odio con que rastrillaron sus dientes el día en que vio morir a su hermano. No conoció mujeres que le cautivaran, realmente todas le parecían como fantasmas que se les tragaba el olvido, nunca se enamoró. Al llegar al pueblo estacionó la camioneta al lado de la plaza de mercado:

- Buenos días - le dijo a un anciano que estaba sentado en una butaca de bambú - ¿conoce usted a Rodolfo Caicedo?

El anciano asintió con su cabeza con la sabiduría que solo dan los años de estar en el trabajo, y muy calmadamente le dijo:

– Lo está esperando.

- Gracias - sacó de sus bolsillos unas cuantas monedas y se las dio, el anciano lo miró complacido y le dio miles de bendiciones, ya que Marcos era una persona muy sensible y humanitaria, quizás también por el trato que la vida le había dado a él y a su familia descubrió que las demás personas deberían ser tratadas con respeto y amor.

La casa era una casona vieja, quizás de las primeras construidas en el pueblo, su aroma a naftalina oxidada por los años era inconfundible, sus paredes roídas por los secretos de tantos amores fugaces, su piso reventado de tantas huidas hacia el país de las maravillas, tenía aproximadamente veinticinco habitaciones, un gran patio o solar como se le conoce, y en el fondo una sala magistral de la etapa colonial, entendiendo también que Marcos solo asistió a la primaria de la escuela ya que mas adelante tuvo que empezar a pescar y a construir canoas, pero identifico los adoquines, los cuadros religiosos con los de la iglesia y por ende con la llegada de los españoles. A su entrada en la sala dos hombres se levantaron de sus sillas y con su mal aspecto uno le preguntó:

- ¿A quien necesita?

- A Rodolfo Caicedo

- ¿De parte de?

- De Marcos Zambrano, de la hacienda, vengo por un encargo pa’l patrón - el hombre lo miró de arriba abajo.

– Espere le digo que usted ya llegó - Marcos se quedó de pie en pleno marco de la puerta, el hombre armado entró por una puerta a una sala contigua y el otro se quedó mirándolo fijamente.

- Oiga, que siga.

El hombre miró las manos de Marcos que estaban desnudas y vacías y no le quitó la mirada hasta que éste ingresó por la puerta, aunque dentro de la sala contigua habían más hombres igual de mal mirados, Marcos ya estaba acostumbrado. Pero los que él conocía no le miraban tan mal. En el fondo de la sala un hombre gordo de barba estaba hablando por teléfono, Marcos no quería escuchar la conversión pero le fue inevitable

– Mirá guevón - decía el gordo de barba el cual Marcos supuso que era Rodolfo –la vuelta es brava… si,si,si marica esos manes ya nos pillaron la pista… claro guevón… pero decime donde me levanto a un man de confianza que nos construya unas balsas grandes pa mandar al otro lado… tienen que llegar a Mayami … pero tienen que ser muy fuertes la hijueputas pa’ que resistan el viajecito.

Inmediatamente a Marcos se le abrieron las ventanas de su percepción y juró que esta era su oportunidad, la real oportunidad que había estado esperando toda la vida, construir lanchas había sido su sueño y en alguna ocasión un extranjero francés le había explicado con su mal español como se hacía y hasta le había ayudado a construirla, pero Marcos lo sabía por lo demás todo, conocía el mar como a la palma de su mano, como a las arrugas de su miembro, sabía bien cuando y como se escapaban a los rápidos, que la madera del Abedul era la más apropiada pero que en Santa Marta no crecía el árbol que tocaba importarlo del otro lado; de vez en cuando creía que su palma era el mundo y que cada una de sus líneas eran los ríos de su infancia y jugaba a recorrerlos entre sus cruces.

Cuando hubo colgado el teléfono el patrón, los hombres que estaban dentro le avisaron que ese es el muchacho que estaba esperando, el patrón levantó la cabeza y con un cigarrillo en la boca y el cuello y las muñecas llenas de anillos le dijo:

– ¿Entonces que papa? Mirá allá atrás - señaló hacia atrás – están las bolsas con el mandado - cogió a uno de los hombres que estaban a su lado y le dijo – anda con el muchacho y le ayudas a montar las bolsas en la camioneta - el hombre sigiloso se dispuso a salir para recoger las bolsas cuando la voz de Marcos interrumpió en la sala:

– Que pena patrón, pero no pude evitar escuchar su conversación por el teléfono y pues…- se le trabó la lengua de los nervios, sudaba gotas frías que nacían desde la punta de su nariz y caían levemente en el escritorio mientras el patrón asombrado por el atrevimiento del joven esperaba lo que iba a decir – patrón, desde pequeño he pescado y mi… bueno me enseñaron a construir balsas y luego lanchas, además conozco al mar como conozco a mi cuerpo, patrón estoy seguro que puedo construirle una lancha que llegue tan lejos como usted quiere y que le soporte el peso que quiera, sólo necesito un dinero o el material para construírsela y en quince días está lista, patrón déme una oportunidad…- Marcos estaba completamente excitado al descubrir el objetivo por el cual había llegado a la tierra, recorrer los mares en sus lanchas, enfrentar la inmensidad y magnanimidad del océano. El patrón se detuvo en su mirada fijamente intentando analizar el porqué de la reacción de aquel joven que le inspiraba cierta confianza:

- ¿Sabes para qué es?

- No señor, pero no me importa.

- Espérate entonces y lleva el encargo hasta la hacienda y después hablamos.

- Bueno patrón.

Marcos salió abismado, la primer oportunidad de toda su vida, se montó en la camioneta y se dirigió hasta la hacienda, descargó las bolsas, buscó al mocho pero ya no estaba allí, así que decidió ir hasta su casa a saludar a su mamá ya que gracias a su trabajo casi no la veía, cuando entró a su casa la vio más pobre que nunca, invadido por una profunda tristeza se acercó a su madre, que estaba sentada en un banco en la cocina y le prometió miles de cosas, parece que no me escuchara, verla así tan triste, verla así como si esta realidad no le perteneciera, invadida por los temores del pasado, sin poder recuperar su lucidez, me parte el alma tener que verla enferma.

Al día siguiente Marcos volvió donde el patrón ya que lo había mandado a llamar para empezar la construcción, Marcos se sentía feliz como hace mucho, cuando entró el patrón lo estaba esperando con las manos en el cuello, le explicó cual era su misión:

– Mira la lancha tiene que ser la más poderosa de todos los tiempos, en ella lo que vas a llevar es la cocaína pa’ los gringos, vos y el negro tienen que llevarla por el mar hasta mayami, vos decís que conoces muy bien el mar, entonces espero que sea todo un éxito. ¿Cuánto me dijiste que te demorabas construyéndola?

- Quince días patrón.

- Bueno tenés diez pa’ que esa lancha esté lista, el primer viaje lo vas a hacer con diez kilos y vos te las arreglas pa’ llegar aunque te voy a dar unos mapas y todo, entonces mirá esta platica pa’ que hoy mismo te pongas a trabajar en eso, ahí te mando al enano pa’ que te ayude… ahh, y tranquilo que ya hablé con el mocho, ya sabe que hoy empezás a trabajar conmigo y creo que ya sabés lo que le pasa a la gente que me faltonea o que la caga.

– Tranquilo patrón.

Marcos salió con todo el dinero que le habían dado y lo guardó en su bolso, se montó en la camioneta y se presentó formalmente con el enano, un hombre pequeño de muy mal aspecto que en realidad olía bastante mal, con una cortada a la altura del antebrazo derecho. Le recordaba al “mocho” y pensaba si también se había enredado con una red, pero había contado con la suerte que su papá se había dado cuenta rápido. Tiempo después se enteró que había sido un castigo de su patrón por habarse llevado un kilo cuando apenas comenzaban, el enano se lo había escondido después de un viaje y había llegado al pueblo a venderlo, y fue tal el escándalo y todas las putas que se comió que el chisme le había llegado al patrón y lo había mandado a traer en la noche pa que le explicará que era toda la maricada que estaba haciendo, y como no había querido hablar pues el patrón lo había mandado a despedazar. Cuando sintió la sierra en su antebrazo lo gritó todo, y lo grito tan fuerte que todo el mundo en la hacienda lo escuchó, después el patrón le había perdonado la vida, no sin antes dejarlo toda la noche sangrando pa que los otros supieran que era lo que le pasaba al güevon que se le torciera, y cada vez que le miraban el brazo recordaban la condena a la cual estaba sometidos.

Al día ocho de la construcción de la lancha, cuando ya estaba casi lista, mi madre murió, fue el mismo frío, el mismo miedo, el mismo sabor a larva, el mismo sentimiento de soledad que siento ahora que mi esposa se ha llevado a mis dos hijos, a Marcos sentado en el sofá de su casa con el vaso de jugo de guayaba y con el cigarrillo aún en la mano le pareció que se le pasó toda la vida por un instante, después que su madre murió no habían opciones, su papá lo había abandonado, o por lo menos eso era lo que él creía, por que un día nunca más vio la canoa en la que de pequeño aprendió a pescar. Ya no quedaba más sino emprender el largo viaje por los mares del mundo, hasta que encontraría a Claudia mujer que hoy lo abandona y lo deja a la deriva.