La misma soledad, el mismo sueño, la misma pesadilla de no despertar jamás, ahora la ausencia doble, el dolor de la partida y de la soledad, el miedo, la cárcel, los malos tiempos como una estampida de leones, el abandono total y la crueldad de la sociedad, los errores cometidos por la sobre vivencia. Marcos estaba en encanado, llevaba un buen tiempo guardado y ya había aprendido como era la lógica de la cárcel.
Estuvo tres meses en la cárcel de la capital, antes de ser trasladado adonde está ahorita. El primer día que llegó allá, luego del vuelo en el que lo deportaron, directo a la inspección judicial, fotos, flash, perfil, de frente, su número 676869, tinta, una plantilla, todas las manos untadas, sin interrogatorios, directo a la cárcel. Una entrada inmensa, gris, triste, con uno que otro mago esperando su turno. Abren las rejas, un cuarto frío, desnúdese, una ropa a rayas, 676869 en la espalda.
Al patio 4. Mientras que un escuálido guardia lo acompaña pasa uno a uno los patios; el 1, delitos menores, entraban y salían una vez por año, uno que otro inocente; el 2, presos para los que la condena no supera los cinco años, el tiempo perfecto para resocializarse; el 3, más de diez años, la gente que sobrevive se pudre más; y el 4, presos de ideales, uno que otro violador, y a los que la justicia todavía no les había definido nada. Su patio, abren la reja y el guardia lo empuja, “bienvenido”, esas palabras le retumban en la cabeza, directo a su celda, noche en vela, no sabe que hacer, la desconfianza corroe su cuerpo, todos lo miran, y Marcos de pronto recuerda aquella tarde en la que entró por primera vez a la oficina del patrón, cuando apenas era un pelao, y sintió como todas las miradas lo iban perforando de a poco. Tímido se recostó sobre un muro, unos jugaban fútbol, otros billar, un dos hombres con un gato que fumaban desesperadamente y hablaban de todo un poco. Una voz:
- 676869, quieres un cigarrillo - Marcos se acercó lentamente asintiendo con la cabeza. Una mano le estiro unos pielrojas y Marcos tomándolos desprevenidamente no sospecho siquiera que estaba saludando su propia desgracia, como si sellara el pacto extendiendo su mano.
- Gracias – una larga pausa mientras prendía el cigarrillo con un fósforo que recogió del piso – me llamo Marcos.
- Mi nombre es Felipe, él se llama Daniel y nuestro gato candelario – dijo un hombre moreno, de cabellos crespos, que tenía la mirada rallada, tal vez por la noche, tal vez por la soledad de los barrotes que se dibujaban en aquella cárcel, mientras que señalaba al hombre de al lado que consentía un gato de esos que andan por los techos y de cuando en cuando bajan a buscar algo para comer – ¿Por qué andas por acá?
- Me cogieron en venezuela, una trampa, todavía no han decidido nada, entonces ah esperar.
- Que vaina hombre – dijo Daniel mientras disimuladamente de espaldas al guardia armaba un bareto – tener que esperar que el puto sistema te defina, en la capital, y en este patio.
De pronto las palabras de aquel hombre le parecieron una advertencia desprevenida. Marcos nunca había estado antes en una cárcel, pero le vino a la cabeza un viaje que hacia con el enano, en el cual le contaba como habían sido los dos años que estuvo preso.
- Mira Marcos, la cana es muy mala, cuando me atraparon por llevar unas maricadas recién estaba comenzando me guardaron un buen tiempo, y la vuelta adentró es muy brava – Marcos apenas lo miraba mientras prendía otro cigarrillo – allá todos parecen hombres lobos, matan por cualquier maricada, lo mejor es que si algún día tenes problemas te vueles, por que yo antes de volver a entrar prefiero encenderme a plomo con la policia.
Esa conversación ahora tomaba más importancia en la vida de Marcos, que todavía no sospechaba todas las sorpresas que el destino le deparaba en esos tres meses.
- Pero sientate hombre – interrumpió Felipe en la meditación de Marcos – no hay que dar tanta boleta por ahí cuando se es nuevo.
- Bueno.
- Lo mejor es que te tranquilices, pero eso sí estes muy mosca de lo que pasa que uno nunca sabe. Es mejor que no confíes en ninguna persona, de pronto solo en Candelario – dijo mientras Felipe mientras le botaba el humo en los bigotes al pobre gato.
- Yo traje a Candelario acá – dijo Daniel mientras que lo acaricibia lentamente – una día antes de estar encanado lo encontré, un día en el que estaba en mi casa y amanecí ensopado en tristeza. Me levanté. Aspiré el pesado aire que olía un poco a soledad, a tinto, a niña tengo un par de ojeras grandes por no haber dormido bien, a que esta mierda se me escapaba entre mis manos rotas y no me alegraba. Giré y prendí un cigarrillo y lo aspiré y sentí como mi sangre se alucinaba. Volví a envenenarme el día. Pensé. Hoy es un día perfecto para vestirme con la tristeza de la noche. Me senté y percibí como el aire diseminaba el recuerdo de una mujer en la pieza. Sudé. Cerca de un zapato viejo estaba la botella y comenzó a gritarme: oye güevon levántame, tómame entre las piernas y deja que tu saliva se aclare en mi cuerpo. Mis ojos se dislocaron. Parpadeé y mientras tanto: oye güevon levántame, tómame entre las piernas, deja que tu saliva se aclare en mi cuerpo y piérdete en la oscuridad mi culo. Quieto. Aspiré el cigarrillo por última vez y vi como se consumía el día impávido en mis manos. La ceniza apenas se esparció. Abrí los ojos, pase al baño y me ensucié con la limpieza de la mañana. Ya no transpiraba a whiskey, a cigarrillo, a mierda niña tengo un par de ojeras grandes por no haber dormido bien. Solo transpiraba a lunes, comienzo de semana. Borrón y cuenta nueva. Salí de la habitación y escuché adormecido como gemía un gato en el tejado. Lo miré y corría incendiado, se veía feliz y me observaba como si me estuviera gritando: ven viejo, bótate en este techo que nuestros días comienzan con el amanecer de la luna y el rocío del vodka en nuestros dedos. Y yo le respondí a ese lenguaje cifrado: Claro gato, y me tendí al lado de él dejándome perder en la luz del sol que comenzaba a incendiarme igual. Eran más de las doce y me sentí solo y triste y roto, como si por un agujero se me escapara la sangre con moscas que atisban al asfalto. Luego las cinco. Me miró el gato. Me desesperé y comencé a hablar con él: ahora nos vemos. Voy a dar una vuelta por la avenida que rodea el parque de los difuntos. Salí y todo era cotidianidad. Cuando volví ahí estaba todavía él, así que lo bautice, como se bautizan a los hijos para hacernos creer que son propiedad de otra persona, Candelario, en honor a la virgen de la candelaria, patrona de nuestra patria – y diciendo eso se cago de la risa, ya que sabía que nada de eso era cierto, pero en las cárceles era mejor creer en las ilusiones para no enfermarse con la realidad, eso lo vino a entender después Marcos.
- Vas a fumar – le dijo Felipe extendiéndole sus amarillos dedos con la pata aun prendida
- No hombre muchas gracias, pero prefiero el que me estoy fumando – dijo Marcos tratando de disimular la tensión que tenía y le recorría los hombros, que lo hacía sudar como un cerdo, por la extraña amabilidad que tenían aquellos dos hombres que apenas si conocía. Además a él le gustaba más el polvo, al fin y al cabo había trabajado con él toda la vida, y probar otra cosa le parecía una deslealtad con él mismo.
Felipe le contó que estaba allí por que lo habían pillado en una vuelta internacional. Una vez cuando era inter, lo habían invitado a una reunión al otro lado donde le iban a presentar a una gente pesada, que le podía ayudar a conseguir contactos pa visas y todos esos papeles que se necesitan para entrar a los paises.
- Cuando entre a ese salón emanaba un hedor a mierda de gato mezclado con queso rancio, un aroma casi imperceptible para los humanos ya que es propio de nosotros, además un vaho que recubría el techo del recinto denotaba la diversidad de lugares que allí se reunían. Por un lado el olor del frío propio de Siberia, con olor a pescado del Pacífico, a safari de África, a continente senil, a dólar con poder.
De pronto interrumpió Daniel jodiendo a Felipe.
- No lo jodas con esas maricadas trascendentales, esa historia no la cree nadie, siempre que la cuentas es lo mismo, estas ya muy trabado, y todavía no me las creo – dijo Daniel dándole el último chupo a la pata que ya casi se había desvanecido en sus manos.
- Deja que termine de contarle a Marcos y que después el nos diga si me cree o no, o si por lo menos te cree la historia de candelario, tu sabes que aquí queda mucho tiempo libre y lo mejor es escaparse por lo menos soñanado – y continuo con el relato
- Las voces de distintas tonalidades acariciaban los oídos de muchas personas de todos los que nos encontrábamos allí, pero solo eso, las acariciaban por que nunca se hacían participes del entendimiento. La gente no conocía los otros idiomas, no captaban nuestras tenues palabras. Cuando de pronto de entre todas las personas se levantó una sombra oscura que expedía cierto olor de color verdoso, allí exhaló un grito que circundo por sobre los cuerpos de los presentes, incluyendo el mió, y desde otro extremo una figura lánguida de un color negro petróleo disipó el grito con un bestial movimiento. En el centro de esta discusión se alzó ella, fría, tenebrosa, sin compasión, tan exacta y calculadora que nos propuso una solución… jeje, y pues después volviendo pa acá me cogieron por que la mujercita nos había convencido a todos que le trabajáramos trayendo unas cajitas, y pues las putas cajas tenían armas y yo me vine a enterar cuando me atraparon acá.
Los tres soltaron una sonora carcajada y con eso la tensión de Marcos se disipo entre el humo del cigarrillo, y junto a Daniel empezaron a burlarse de Felipe, por esas maricadas que ponía por excusa pa decir que había traído armas de afuera. Marcos les dijo:
- Yo también estuve en esa vuelta, la de las armas, primero me contrataron pa llevar una vainas por tierra, luego pa construir unas lanchas que pa llevar nieve a los gringos, pero lo que no sabía era que de vuelta me iban a empacar armas, pero ya entrado en gastos que se podía hacer, así seguí y comencé a ascender en el mando de poder hasta que me hicieron lo de Venezuela, y hay sí me jodí todo por culpa de una vieja.
Y con ese comentario los otros dos comprendieron que Marcos no era un preso cualquiera, que seguramente tenía plata, que era bueno acercarse a él, y que dependiendo de cómo se comportará mirarían si le sacaban plata o no.
Los largos tres meses que estuvo allí se le pasaron fumando y hablando con los dos únicos presos a los cuales había conocido, y que solo tiempo después se percato nadie más se les acercaba. Un jueves le dijeron que el domingo lo iban a trasladar de cárcel, que ya habían decidido algo y que se lo iban a llevar pa otro lado. Marcos no sabía si alegrarse o entristecerse, todo era un cúmulo de incertidumbre por el desconocimiento al cual estaba sometido. Se preguntaban donde estaban sus amigos, por que nadie lo había ido a visitar durante ese tiempo.
Esa noche recibió una nota de Daniel y Felipe diciéndole que lo esperaban tempranito en las duchas pa despedirse que ya se habían enterado que se iba a ir y que lo querían despedir, fumándose un cigarrillo tal como lo habían hecho el día que lo conocieron, Marcos no sospecho siquiera la terrible suerte que le esperaba en los baños. Bien tempranito llegó a las duchas buscando a sus dos amigos, las paredes grises, el humo del agua caliente, sombras, cuando de pronto sintió una toalla que le tapo la boca, y tres golpes secos que le dieron en la cabeza, de pronto en cuatro, risas, dolor en su culo, tenemelo que este hijueputa no se deja, lagrimas, más dolor en su culo, risas, ahora me toca a mi, sangre, silencio, no más risas, solo el ruido del agua cayendo contra el suelo, y luego el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, pero esta vez no llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, esta vez Marcos veía a los lobos muy cerca y los sentía, y ya no podía levantar los brazos ni tirarse al infinito, para que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligará a despertar, esta vez estaba despierto, de nuevo sangre y un dolor muy fuerte en su culo.
Los primeros presos que entraron vieron a Marcos tirado y de inmediato avisaron a la guardia, a la enfermería, un doctor gordo, que le paso, solo dolor, reposo y esperar en la enfermería que llegará el domingo para irse.
Y de nuevo otra inspección judicial, fotos, flash, perfil, de frente, su número 676869, tinta, una plantilla, todas las manos untadas, sin interrogatorios, directo a la otra cárcel. Una entrada menos grande, más gris, menos triste, con uno que otro mago esperando su turno, y como es domingo una muchedumbre agolpada en faldas, con cajitas de comida. Abren las rejas, un cuarto frío, desnúdese, una ropa a rayas, 676869 en la espalda, y un dolor en su culo.
Otra cárcel, la misma lógica, diferente patio y más curtido por la experiencia. El tiempo se le paso en un abrir y cerrar de ojos y de pronto Marcos ya era respetado en el patio, y todos sabían quien era el 676869, que no le gustaba el jugo de Guayaba por que le recordaba su pasado y que en cualquier momento se lo iban a llevar.
- Quince años trabajando para los mismos de siempre y ahora que me dejan botado, en la cárcel, sin ninguna opción en la vida, mi mujer se fue con otro y se llevó a los niños, diez años de entregarle mi vida y satisfacer todos sus placeres, mis hijos, lo único que tengo ahora me odian - le contaba Marcos a Julio en el patio número 5 para los extraditables por narcotráfico de la cárcel de Tobia, mientras escuchaban “De igual a igual” de la orquesta de Alfredo de Angelis, sabiendo que Marcos nació en el norte del país encontró en el tango y en sus manifestaciones estéticas de dolor y melancolía su homogéneo para compartir el dolor: “A Dios le pido que perdone mi egoísmo pero quisiera que sienta ella lo mismo, que cuando esté lejos de mí sienta un vacío y necesite estar cerquita mío. Que también sienta en sus ansias de quererme el mismo miedo, el miedo de perderme; que tenga celos de mi amor... Que no será para su mal, así estaremos de igual a igual.”
– Cuando me fui para Venezuela a buscarla, me encontré con diez soldados de la Guardia Venezolana, efectivamente me había tendido una trampa - Julio miraba con tristeza a Marcos que le contaba como lo habían deportado preso y como ahora estaba en proceso de extradición por narcotráfico.
- Pero como fue que usted se metió en el narcotráfico Marcos - le preguntó Julio mientras le servía otro aguardiente, ya que se sabe que en las cárceles del país todo es posible.
- Cuando conocí al patrón, a Rodolfo el comandante del frente tres del norte pacífico, me contrató para construirle una lancha para llevarle coca hasta mayami, pero lo que yo no sabía era que de vuelta tocaba traer armas, después de pasar por mayami, nos deteníamos en una isla y allí nos daban muchas armas.
– Pero cuanto duraban los viajes.
- Los viajes duraban casi dos meses, de todos modos yo no tenía ya a nadie en el país para tener afanes de nada, podía demorarme mucho más, salíamos a las once de la noche en casi todos los viajes y parábamos en una isla escondidos mientras llegaba nuevamente la noche para volver a tomar rumbo, así duré dos años, hasta que me sentí capaz de construir algo mucho más grande y poder transportar cosas a mi nombre también y como en el otro lado ya me conocían ya tenía los contactos necesarios para poder montar mi propio negocio, aunque yo ganaba muy bien, usted sabe como es la ambición de un hombre, hasta que no satisface su eternidad no descansa y ¿usted sabe donde está la eternidad de un hombre?
- No - respondió Julio mientras servía otro aguardiente
– En la muerte.
Llegué a ser tan hábil para las labores del tráfico de estupefacientes que fui hasta Europa, India, Oceanía, manejé las exportaciones de cuatro de los cinco continentes del mundo, construí enormes buques y las canoas que de pequeño soñé con poder hacer ya no eran más que pequeños logros, ahora todo era más grande, como yo y mi adultez, como mis sueños, y mis pesadillas, porque así como los construí también se destruyeron, se fueron esfumando uno a uno, se los llevo el viento, como se lleva el humo de mi cigarrillo sin paradero fijo, para que se funda en el cielo.
Es domingo de visitas en la cárcel y Marcos lleva dos años con la visita de Juliana, su amante, una muchacha de la costa pacífica de ojos fugaces que le hizo conocer el cielo, la conoció en unas ferias de pueblo, realmente era una campesina hermosa, esbelta, Marcos quedó hechizado por su presencia cuando la vio pasar por la plaza central con un ramo de rosas, imagen hermosa para el amor a primera vista, Marcos siendo el duro del pueblo la abordó, ella no se opuso a sus cadenas ni a sus condiciones, ni a sus besos, trepidó por su piel morena hasta perderse en las enredaderas de su pelo oscuro, se emborrachó un día con ella por el dolor de tener esposa, le pidió hijos y el cielo se los negó, pero era la única que siempre lo hubo acompañado en todas sus bienaventuranzas y en todas sus desventuras, era la única que sabía lo que le había sucedido en sus tres meses en la capital, la única que en su estadía en la cárcel semanalmente iba con su cuerpo a entregarse a la totalidad de la falta de libertad, y de pronto también para reafirmarle que era una hombre todavía que no importaba lo que le había pasado, que ella aún lo quería; aunque este domingo fuera diferente porque su esposa estaba decidida a ir a la cárcel para socorrer a su esposo; estando Juliana en la fila de ingreso sintió temor de perder a su hombre para siempre ya que estaba muy adelantado el proceso de extradición; el mismo procedimiento de siempre, la requisa en todo el cuerpo, quítese toda la ropa, que trae en el bolso, déjeme ver, el ingreso a la cárcel, la morboseadera de todos los reclusos, las ansias de encontrar a su amante con buenas noticias.
- Hola mi amor - Marcos estaba sentado en el marco de la cama mirando expectante la llegada de Juliana, con un dolor de cabeza impresionante por el consumo de aguardiente de la noche anterior.
– Hola, ¿cómo estas?
- Bien - se acercó a su boca de pecado y le dio un beso.
- ¿Quieres hacer el amor hoy? - le preguntó Juliana.
– Sí, quizás esta sea la última vez que lo podamos hacer.
- Pero hablé ayer con el abogado y me dijo que las cosas estaban saliendo bien, pero que mañana tienes que pagarle nuevamente los honorarios, y que si Dios quiere la próxima semana pueden darte la casa por cárcel - Marcos la miró decepcionado.
– Juliana esos magos solo sirven para estafar a la gente, para nada más, ya cuanto dinero he gastado en crearme ilusiones y además tu sabes que ya no tengo un centavo - Juliana no lo dejó seguir hablando y se lanzó a sus brazos, de un mordiscó despertó su pasión, le quitó la camisa y le dijo que lo amaba, le quitó el pantalón y le contó un secreto a sus oídos sordos, cuando Marcos la volteó para aniquilarla vio a su esposa en la puerta de la celda, con su mirada llena de odio lo maldijo con esa forma que solo las mujeres saben, Marcos intentó levantarse para explicarle, pero ya era demasiado tarde, había mucha ira entre los dos para solucionar algo, además Marcos pensó que había sido Claudia la que había decido terminar con todo desde hacía mucho tiempo y él no tenía porque rogarle, pero el dolor por sus dos hijos, por el odio que muy probablemente en este momento le sentían. Juliana lo miró con miedo pero con amor, no sabía que hacer después de esa situación tan incómoda, pero Marcos la miró con gratitud por la paciencia y la entrega que toda la vida tuvo con él, se arrodilló ante ella y le suplicó que nunca lo dejara solo, después salieron de la celda y fueron a almorzar al patio donde todos los reclusos estaban con sus respectivas mujeres.
- Julio, esa mujer ahora si me debe odiar con más ímpetu que con el que yo me imaginaba - Julio sacó del colchón de su catre otra botella de aguardiente, al parecer era alcohólico, y le brindó una copa a Marcos, sirvió otra para él.
– Mire Marcos, a usted le ha tocado duro, pero a mí, hijueputa si la vida me ha dado palo, y no solo con las mujeres y con el trago y con la plata, sino también conmigo mismo, a los quince años, me tocó enfrentarme a mi papá por que siempre que tomaba le daba por llegar a la casa y pegarle a mi mamá y una vez no me aguanté y mientras estaba encarnizado dándole patadas a mi mamá yo me le abalancé con un cuchillo de cocina y le pegué diez puñaladas y lo maté, ahí mi vida cambió totalmente porque mi mamá empezó a odiarme y me tocó irme de la casa para la calle y ahí aprendí a robar, hasta que un día en un supermercado, el dueño se puso de alevoso y le pegué tres tiros, con tan mala suerte que me cogió la policía; pero lo más triste de todo, es que cuando me casé, porque soy casado y tengo cuatro hijos, y me emborrachaba, también le pegaba a mi mujer, llegué al extremo de hacerle perder un hijo - Marcos escuchaba atento a Julio que contaba su historia al compás del aguardiente y de “Churrasca” de Alberto Gómez, pero la historia de Marcos también iban más allá de los hechos que lo llevaron a la cárcel.
- Mira Julio, cuando yo empecé a trabajar con esa gente fue muy duro también, porque para que yo llegara al sitio donde alcancé a estar me tocó braviar con unos tipos malos, pero malos de verdad, vea los negocios se hacían en dos partes y también pasé dos temporadas, la primera cuando fui empleado y la segunda cuando fui jefe, cuando fui empleado exponía más el pellejo porque a mí era al que mandaban a braviar con esos matones y después venía la recompensa por los negocios bien hechos, se armaban unas parrandas increíbles, trago, drogas, mujeres las que quisiera, comida, plata, recordando que nosotros éramos los que cuidábamos al jefe pero siempre los patrones pordebajeándolo a uno a costa de lo que fuera, las humillaciones y las disputas, aunque yo corrí con algo de suerte cuando empecé a hacer las lanchas enormes y hasta el buque. Los tratos de jefe son mejores porque uno no cuida ahora si no que lo cuidan, siempre todo el mundo pendiente de uno, de que le hace falta, las mujeres, las hermosas encima de uno…
Julio se emborrachó como raro y se acostó a dormir, Marcos se quedó solo, aunque ya un poco acostumbrado este era otro tipo de soledad, porque la soledad del alma siempre pesa un poquito más, se acostó y nuevamente el sueño con el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, hasta que por fin llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, y Marcos al ver a los lobos tan cerca siempre levantaba los brazos y se tiraba al infinito, provocándole tal sensación de libertad y de desasosiego que le hacían feliz por un momento, hasta que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligaba a despertar.
Despertó empapado de sudor la espalda, las sienes, la frente, se limpió con la sábana, recordó el día en que compró su primer carro y su primer casa, recordó a los dos pirobos que había conocido en la capital, recordó a Juliana y se masturbó sintiendo como sus manos invadían su miembro, recordó a Claudia, su esposa y sintió pena, era una buena mujer y su situación la llevó al acabose, recordó a su madre muerta y las promesas que nunca le pudo cumplir, sintió mucha pena y tristeza y también un poco de asco de él mismo, pues olía a boñiga de burro y tal fue la sensación del olor que sintió que le había salido trompa de burro, se tocó contrariado y al sentirla nuevamente se preocupó, se volvió a tocar y le parecía increíble y pensó que de pronto era una brujería de su mujer, se levantó de su cama y asomó la cabeza hasta el catre de Julio para ver si de nuevo estaba soñando y lo vio dormir profundamente, se pellizcó los brazos y las piernas y le dolió, volvió a tocarse la cara y ya no tenía nada, - es una mala pasada por el desvelo- pensó y tiritando de frío y fiebre volvió a meterse dentro de su catre, que quizás era lo único suyo en el mundo.
Estuvo tres meses en la cárcel de la capital, antes de ser trasladado adonde está ahorita. El primer día que llegó allá, luego del vuelo en el que lo deportaron, directo a la inspección judicial, fotos, flash, perfil, de frente, su número 676869, tinta, una plantilla, todas las manos untadas, sin interrogatorios, directo a la cárcel. Una entrada inmensa, gris, triste, con uno que otro mago esperando su turno. Abren las rejas, un cuarto frío, desnúdese, una ropa a rayas, 676869 en la espalda.
Al patio 4. Mientras que un escuálido guardia lo acompaña pasa uno a uno los patios; el 1, delitos menores, entraban y salían una vez por año, uno que otro inocente; el 2, presos para los que la condena no supera los cinco años, el tiempo perfecto para resocializarse; el 3, más de diez años, la gente que sobrevive se pudre más; y el 4, presos de ideales, uno que otro violador, y a los que la justicia todavía no les había definido nada. Su patio, abren la reja y el guardia lo empuja, “bienvenido”, esas palabras le retumban en la cabeza, directo a su celda, noche en vela, no sabe que hacer, la desconfianza corroe su cuerpo, todos lo miran, y Marcos de pronto recuerda aquella tarde en la que entró por primera vez a la oficina del patrón, cuando apenas era un pelao, y sintió como todas las miradas lo iban perforando de a poco. Tímido se recostó sobre un muro, unos jugaban fútbol, otros billar, un dos hombres con un gato que fumaban desesperadamente y hablaban de todo un poco. Una voz:
- 676869, quieres un cigarrillo - Marcos se acercó lentamente asintiendo con la cabeza. Una mano le estiro unos pielrojas y Marcos tomándolos desprevenidamente no sospecho siquiera que estaba saludando su propia desgracia, como si sellara el pacto extendiendo su mano.
- Gracias – una larga pausa mientras prendía el cigarrillo con un fósforo que recogió del piso – me llamo Marcos.
- Mi nombre es Felipe, él se llama Daniel y nuestro gato candelario – dijo un hombre moreno, de cabellos crespos, que tenía la mirada rallada, tal vez por la noche, tal vez por la soledad de los barrotes que se dibujaban en aquella cárcel, mientras que señalaba al hombre de al lado que consentía un gato de esos que andan por los techos y de cuando en cuando bajan a buscar algo para comer – ¿Por qué andas por acá?
- Me cogieron en venezuela, una trampa, todavía no han decidido nada, entonces ah esperar.
- Que vaina hombre – dijo Daniel mientras disimuladamente de espaldas al guardia armaba un bareto – tener que esperar que el puto sistema te defina, en la capital, y en este patio.
De pronto las palabras de aquel hombre le parecieron una advertencia desprevenida. Marcos nunca había estado antes en una cárcel, pero le vino a la cabeza un viaje que hacia con el enano, en el cual le contaba como habían sido los dos años que estuvo preso.
- Mira Marcos, la cana es muy mala, cuando me atraparon por llevar unas maricadas recién estaba comenzando me guardaron un buen tiempo, y la vuelta adentró es muy brava – Marcos apenas lo miraba mientras prendía otro cigarrillo – allá todos parecen hombres lobos, matan por cualquier maricada, lo mejor es que si algún día tenes problemas te vueles, por que yo antes de volver a entrar prefiero encenderme a plomo con la policia.
Esa conversación ahora tomaba más importancia en la vida de Marcos, que todavía no sospechaba todas las sorpresas que el destino le deparaba en esos tres meses.
- Pero sientate hombre – interrumpió Felipe en la meditación de Marcos – no hay que dar tanta boleta por ahí cuando se es nuevo.
- Bueno.
- Lo mejor es que te tranquilices, pero eso sí estes muy mosca de lo que pasa que uno nunca sabe. Es mejor que no confíes en ninguna persona, de pronto solo en Candelario – dijo mientras Felipe mientras le botaba el humo en los bigotes al pobre gato.
- Yo traje a Candelario acá – dijo Daniel mientras que lo acaricibia lentamente – una día antes de estar encanado lo encontré, un día en el que estaba en mi casa y amanecí ensopado en tristeza. Me levanté. Aspiré el pesado aire que olía un poco a soledad, a tinto, a niña tengo un par de ojeras grandes por no haber dormido bien, a que esta mierda se me escapaba entre mis manos rotas y no me alegraba. Giré y prendí un cigarrillo y lo aspiré y sentí como mi sangre se alucinaba. Volví a envenenarme el día. Pensé. Hoy es un día perfecto para vestirme con la tristeza de la noche. Me senté y percibí como el aire diseminaba el recuerdo de una mujer en la pieza. Sudé. Cerca de un zapato viejo estaba la botella y comenzó a gritarme: oye güevon levántame, tómame entre las piernas y deja que tu saliva se aclare en mi cuerpo. Mis ojos se dislocaron. Parpadeé y mientras tanto: oye güevon levántame, tómame entre las piernas, deja que tu saliva se aclare en mi cuerpo y piérdete en la oscuridad mi culo. Quieto. Aspiré el cigarrillo por última vez y vi como se consumía el día impávido en mis manos. La ceniza apenas se esparció. Abrí los ojos, pase al baño y me ensucié con la limpieza de la mañana. Ya no transpiraba a whiskey, a cigarrillo, a mierda niña tengo un par de ojeras grandes por no haber dormido bien. Solo transpiraba a lunes, comienzo de semana. Borrón y cuenta nueva. Salí de la habitación y escuché adormecido como gemía un gato en el tejado. Lo miré y corría incendiado, se veía feliz y me observaba como si me estuviera gritando: ven viejo, bótate en este techo que nuestros días comienzan con el amanecer de la luna y el rocío del vodka en nuestros dedos. Y yo le respondí a ese lenguaje cifrado: Claro gato, y me tendí al lado de él dejándome perder en la luz del sol que comenzaba a incendiarme igual. Eran más de las doce y me sentí solo y triste y roto, como si por un agujero se me escapara la sangre con moscas que atisban al asfalto. Luego las cinco. Me miró el gato. Me desesperé y comencé a hablar con él: ahora nos vemos. Voy a dar una vuelta por la avenida que rodea el parque de los difuntos. Salí y todo era cotidianidad. Cuando volví ahí estaba todavía él, así que lo bautice, como se bautizan a los hijos para hacernos creer que son propiedad de otra persona, Candelario, en honor a la virgen de la candelaria, patrona de nuestra patria – y diciendo eso se cago de la risa, ya que sabía que nada de eso era cierto, pero en las cárceles era mejor creer en las ilusiones para no enfermarse con la realidad, eso lo vino a entender después Marcos.
- Vas a fumar – le dijo Felipe extendiéndole sus amarillos dedos con la pata aun prendida
- No hombre muchas gracias, pero prefiero el que me estoy fumando – dijo Marcos tratando de disimular la tensión que tenía y le recorría los hombros, que lo hacía sudar como un cerdo, por la extraña amabilidad que tenían aquellos dos hombres que apenas si conocía. Además a él le gustaba más el polvo, al fin y al cabo había trabajado con él toda la vida, y probar otra cosa le parecía una deslealtad con él mismo.
Felipe le contó que estaba allí por que lo habían pillado en una vuelta internacional. Una vez cuando era inter, lo habían invitado a una reunión al otro lado donde le iban a presentar a una gente pesada, que le podía ayudar a conseguir contactos pa visas y todos esos papeles que se necesitan para entrar a los paises.
- Cuando entre a ese salón emanaba un hedor a mierda de gato mezclado con queso rancio, un aroma casi imperceptible para los humanos ya que es propio de nosotros, además un vaho que recubría el techo del recinto denotaba la diversidad de lugares que allí se reunían. Por un lado el olor del frío propio de Siberia, con olor a pescado del Pacífico, a safari de África, a continente senil, a dólar con poder.
De pronto interrumpió Daniel jodiendo a Felipe.
- No lo jodas con esas maricadas trascendentales, esa historia no la cree nadie, siempre que la cuentas es lo mismo, estas ya muy trabado, y todavía no me las creo – dijo Daniel dándole el último chupo a la pata que ya casi se había desvanecido en sus manos.
- Deja que termine de contarle a Marcos y que después el nos diga si me cree o no, o si por lo menos te cree la historia de candelario, tu sabes que aquí queda mucho tiempo libre y lo mejor es escaparse por lo menos soñanado – y continuo con el relato
- Las voces de distintas tonalidades acariciaban los oídos de muchas personas de todos los que nos encontrábamos allí, pero solo eso, las acariciaban por que nunca se hacían participes del entendimiento. La gente no conocía los otros idiomas, no captaban nuestras tenues palabras. Cuando de pronto de entre todas las personas se levantó una sombra oscura que expedía cierto olor de color verdoso, allí exhaló un grito que circundo por sobre los cuerpos de los presentes, incluyendo el mió, y desde otro extremo una figura lánguida de un color negro petróleo disipó el grito con un bestial movimiento. En el centro de esta discusión se alzó ella, fría, tenebrosa, sin compasión, tan exacta y calculadora que nos propuso una solución… jeje, y pues después volviendo pa acá me cogieron por que la mujercita nos había convencido a todos que le trabajáramos trayendo unas cajitas, y pues las putas cajas tenían armas y yo me vine a enterar cuando me atraparon acá.
Los tres soltaron una sonora carcajada y con eso la tensión de Marcos se disipo entre el humo del cigarrillo, y junto a Daniel empezaron a burlarse de Felipe, por esas maricadas que ponía por excusa pa decir que había traído armas de afuera. Marcos les dijo:
- Yo también estuve en esa vuelta, la de las armas, primero me contrataron pa llevar una vainas por tierra, luego pa construir unas lanchas que pa llevar nieve a los gringos, pero lo que no sabía era que de vuelta me iban a empacar armas, pero ya entrado en gastos que se podía hacer, así seguí y comencé a ascender en el mando de poder hasta que me hicieron lo de Venezuela, y hay sí me jodí todo por culpa de una vieja.
Y con ese comentario los otros dos comprendieron que Marcos no era un preso cualquiera, que seguramente tenía plata, que era bueno acercarse a él, y que dependiendo de cómo se comportará mirarían si le sacaban plata o no.
Los largos tres meses que estuvo allí se le pasaron fumando y hablando con los dos únicos presos a los cuales había conocido, y que solo tiempo después se percato nadie más se les acercaba. Un jueves le dijeron que el domingo lo iban a trasladar de cárcel, que ya habían decidido algo y que se lo iban a llevar pa otro lado. Marcos no sabía si alegrarse o entristecerse, todo era un cúmulo de incertidumbre por el desconocimiento al cual estaba sometido. Se preguntaban donde estaban sus amigos, por que nadie lo había ido a visitar durante ese tiempo.
Esa noche recibió una nota de Daniel y Felipe diciéndole que lo esperaban tempranito en las duchas pa despedirse que ya se habían enterado que se iba a ir y que lo querían despedir, fumándose un cigarrillo tal como lo habían hecho el día que lo conocieron, Marcos no sospecho siquiera la terrible suerte que le esperaba en los baños. Bien tempranito llegó a las duchas buscando a sus dos amigos, las paredes grises, el humo del agua caliente, sombras, cuando de pronto sintió una toalla que le tapo la boca, y tres golpes secos que le dieron en la cabeza, de pronto en cuatro, risas, dolor en su culo, tenemelo que este hijueputa no se deja, lagrimas, más dolor en su culo, risas, ahora me toca a mi, sangre, silencio, no más risas, solo el ruido del agua cayendo contra el suelo, y luego el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, pero esta vez no llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, esta vez Marcos veía a los lobos muy cerca y los sentía, y ya no podía levantar los brazos ni tirarse al infinito, para que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligará a despertar, esta vez estaba despierto, de nuevo sangre y un dolor muy fuerte en su culo.
Los primeros presos que entraron vieron a Marcos tirado y de inmediato avisaron a la guardia, a la enfermería, un doctor gordo, que le paso, solo dolor, reposo y esperar en la enfermería que llegará el domingo para irse.
Y de nuevo otra inspección judicial, fotos, flash, perfil, de frente, su número 676869, tinta, una plantilla, todas las manos untadas, sin interrogatorios, directo a la otra cárcel. Una entrada menos grande, más gris, menos triste, con uno que otro mago esperando su turno, y como es domingo una muchedumbre agolpada en faldas, con cajitas de comida. Abren las rejas, un cuarto frío, desnúdese, una ropa a rayas, 676869 en la espalda, y un dolor en su culo.
Otra cárcel, la misma lógica, diferente patio y más curtido por la experiencia. El tiempo se le paso en un abrir y cerrar de ojos y de pronto Marcos ya era respetado en el patio, y todos sabían quien era el 676869, que no le gustaba el jugo de Guayaba por que le recordaba su pasado y que en cualquier momento se lo iban a llevar.
- Quince años trabajando para los mismos de siempre y ahora que me dejan botado, en la cárcel, sin ninguna opción en la vida, mi mujer se fue con otro y se llevó a los niños, diez años de entregarle mi vida y satisfacer todos sus placeres, mis hijos, lo único que tengo ahora me odian - le contaba Marcos a Julio en el patio número 5 para los extraditables por narcotráfico de la cárcel de Tobia, mientras escuchaban “De igual a igual” de la orquesta de Alfredo de Angelis, sabiendo que Marcos nació en el norte del país encontró en el tango y en sus manifestaciones estéticas de dolor y melancolía su homogéneo para compartir el dolor: “A Dios le pido que perdone mi egoísmo pero quisiera que sienta ella lo mismo, que cuando esté lejos de mí sienta un vacío y necesite estar cerquita mío. Que también sienta en sus ansias de quererme el mismo miedo, el miedo de perderme; que tenga celos de mi amor... Que no será para su mal, así estaremos de igual a igual.”
– Cuando me fui para Venezuela a buscarla, me encontré con diez soldados de la Guardia Venezolana, efectivamente me había tendido una trampa - Julio miraba con tristeza a Marcos que le contaba como lo habían deportado preso y como ahora estaba en proceso de extradición por narcotráfico.
- Pero como fue que usted se metió en el narcotráfico Marcos - le preguntó Julio mientras le servía otro aguardiente, ya que se sabe que en las cárceles del país todo es posible.
- Cuando conocí al patrón, a Rodolfo el comandante del frente tres del norte pacífico, me contrató para construirle una lancha para llevarle coca hasta mayami, pero lo que yo no sabía era que de vuelta tocaba traer armas, después de pasar por mayami, nos deteníamos en una isla y allí nos daban muchas armas.
– Pero cuanto duraban los viajes.
- Los viajes duraban casi dos meses, de todos modos yo no tenía ya a nadie en el país para tener afanes de nada, podía demorarme mucho más, salíamos a las once de la noche en casi todos los viajes y parábamos en una isla escondidos mientras llegaba nuevamente la noche para volver a tomar rumbo, así duré dos años, hasta que me sentí capaz de construir algo mucho más grande y poder transportar cosas a mi nombre también y como en el otro lado ya me conocían ya tenía los contactos necesarios para poder montar mi propio negocio, aunque yo ganaba muy bien, usted sabe como es la ambición de un hombre, hasta que no satisface su eternidad no descansa y ¿usted sabe donde está la eternidad de un hombre?
- No - respondió Julio mientras servía otro aguardiente
– En la muerte.
Llegué a ser tan hábil para las labores del tráfico de estupefacientes que fui hasta Europa, India, Oceanía, manejé las exportaciones de cuatro de los cinco continentes del mundo, construí enormes buques y las canoas que de pequeño soñé con poder hacer ya no eran más que pequeños logros, ahora todo era más grande, como yo y mi adultez, como mis sueños, y mis pesadillas, porque así como los construí también se destruyeron, se fueron esfumando uno a uno, se los llevo el viento, como se lleva el humo de mi cigarrillo sin paradero fijo, para que se funda en el cielo.
Es domingo de visitas en la cárcel y Marcos lleva dos años con la visita de Juliana, su amante, una muchacha de la costa pacífica de ojos fugaces que le hizo conocer el cielo, la conoció en unas ferias de pueblo, realmente era una campesina hermosa, esbelta, Marcos quedó hechizado por su presencia cuando la vio pasar por la plaza central con un ramo de rosas, imagen hermosa para el amor a primera vista, Marcos siendo el duro del pueblo la abordó, ella no se opuso a sus cadenas ni a sus condiciones, ni a sus besos, trepidó por su piel morena hasta perderse en las enredaderas de su pelo oscuro, se emborrachó un día con ella por el dolor de tener esposa, le pidió hijos y el cielo se los negó, pero era la única que siempre lo hubo acompañado en todas sus bienaventuranzas y en todas sus desventuras, era la única que sabía lo que le había sucedido en sus tres meses en la capital, la única que en su estadía en la cárcel semanalmente iba con su cuerpo a entregarse a la totalidad de la falta de libertad, y de pronto también para reafirmarle que era una hombre todavía que no importaba lo que le había pasado, que ella aún lo quería; aunque este domingo fuera diferente porque su esposa estaba decidida a ir a la cárcel para socorrer a su esposo; estando Juliana en la fila de ingreso sintió temor de perder a su hombre para siempre ya que estaba muy adelantado el proceso de extradición; el mismo procedimiento de siempre, la requisa en todo el cuerpo, quítese toda la ropa, que trae en el bolso, déjeme ver, el ingreso a la cárcel, la morboseadera de todos los reclusos, las ansias de encontrar a su amante con buenas noticias.
- Hola mi amor - Marcos estaba sentado en el marco de la cama mirando expectante la llegada de Juliana, con un dolor de cabeza impresionante por el consumo de aguardiente de la noche anterior.
– Hola, ¿cómo estas?
- Bien - se acercó a su boca de pecado y le dio un beso.
- ¿Quieres hacer el amor hoy? - le preguntó Juliana.
– Sí, quizás esta sea la última vez que lo podamos hacer.
- Pero hablé ayer con el abogado y me dijo que las cosas estaban saliendo bien, pero que mañana tienes que pagarle nuevamente los honorarios, y que si Dios quiere la próxima semana pueden darte la casa por cárcel - Marcos la miró decepcionado.
– Juliana esos magos solo sirven para estafar a la gente, para nada más, ya cuanto dinero he gastado en crearme ilusiones y además tu sabes que ya no tengo un centavo - Juliana no lo dejó seguir hablando y se lanzó a sus brazos, de un mordiscó despertó su pasión, le quitó la camisa y le dijo que lo amaba, le quitó el pantalón y le contó un secreto a sus oídos sordos, cuando Marcos la volteó para aniquilarla vio a su esposa en la puerta de la celda, con su mirada llena de odio lo maldijo con esa forma que solo las mujeres saben, Marcos intentó levantarse para explicarle, pero ya era demasiado tarde, había mucha ira entre los dos para solucionar algo, además Marcos pensó que había sido Claudia la que había decido terminar con todo desde hacía mucho tiempo y él no tenía porque rogarle, pero el dolor por sus dos hijos, por el odio que muy probablemente en este momento le sentían. Juliana lo miró con miedo pero con amor, no sabía que hacer después de esa situación tan incómoda, pero Marcos la miró con gratitud por la paciencia y la entrega que toda la vida tuvo con él, se arrodilló ante ella y le suplicó que nunca lo dejara solo, después salieron de la celda y fueron a almorzar al patio donde todos los reclusos estaban con sus respectivas mujeres.
- Julio, esa mujer ahora si me debe odiar con más ímpetu que con el que yo me imaginaba - Julio sacó del colchón de su catre otra botella de aguardiente, al parecer era alcohólico, y le brindó una copa a Marcos, sirvió otra para él.
– Mire Marcos, a usted le ha tocado duro, pero a mí, hijueputa si la vida me ha dado palo, y no solo con las mujeres y con el trago y con la plata, sino también conmigo mismo, a los quince años, me tocó enfrentarme a mi papá por que siempre que tomaba le daba por llegar a la casa y pegarle a mi mamá y una vez no me aguanté y mientras estaba encarnizado dándole patadas a mi mamá yo me le abalancé con un cuchillo de cocina y le pegué diez puñaladas y lo maté, ahí mi vida cambió totalmente porque mi mamá empezó a odiarme y me tocó irme de la casa para la calle y ahí aprendí a robar, hasta que un día en un supermercado, el dueño se puso de alevoso y le pegué tres tiros, con tan mala suerte que me cogió la policía; pero lo más triste de todo, es que cuando me casé, porque soy casado y tengo cuatro hijos, y me emborrachaba, también le pegaba a mi mujer, llegué al extremo de hacerle perder un hijo - Marcos escuchaba atento a Julio que contaba su historia al compás del aguardiente y de “Churrasca” de Alberto Gómez, pero la historia de Marcos también iban más allá de los hechos que lo llevaron a la cárcel.
- Mira Julio, cuando yo empecé a trabajar con esa gente fue muy duro también, porque para que yo llegara al sitio donde alcancé a estar me tocó braviar con unos tipos malos, pero malos de verdad, vea los negocios se hacían en dos partes y también pasé dos temporadas, la primera cuando fui empleado y la segunda cuando fui jefe, cuando fui empleado exponía más el pellejo porque a mí era al que mandaban a braviar con esos matones y después venía la recompensa por los negocios bien hechos, se armaban unas parrandas increíbles, trago, drogas, mujeres las que quisiera, comida, plata, recordando que nosotros éramos los que cuidábamos al jefe pero siempre los patrones pordebajeándolo a uno a costa de lo que fuera, las humillaciones y las disputas, aunque yo corrí con algo de suerte cuando empecé a hacer las lanchas enormes y hasta el buque. Los tratos de jefe son mejores porque uno no cuida ahora si no que lo cuidan, siempre todo el mundo pendiente de uno, de que le hace falta, las mujeres, las hermosas encima de uno…
Julio se emborrachó como raro y se acostó a dormir, Marcos se quedó solo, aunque ya un poco acostumbrado este era otro tipo de soledad, porque la soledad del alma siempre pesa un poquito más, se acostó y nuevamente el sueño con el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, hasta que por fin llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, y Marcos al ver a los lobos tan cerca siempre levantaba los brazos y se tiraba al infinito, provocándole tal sensación de libertad y de desasosiego que le hacían feliz por un momento, hasta que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligaba a despertar.
Despertó empapado de sudor la espalda, las sienes, la frente, se limpió con la sábana, recordó el día en que compró su primer carro y su primer casa, recordó a los dos pirobos que había conocido en la capital, recordó a Juliana y se masturbó sintiendo como sus manos invadían su miembro, recordó a Claudia, su esposa y sintió pena, era una buena mujer y su situación la llevó al acabose, recordó a su madre muerta y las promesas que nunca le pudo cumplir, sintió mucha pena y tristeza y también un poco de asco de él mismo, pues olía a boñiga de burro y tal fue la sensación del olor que sintió que le había salido trompa de burro, se tocó contrariado y al sentirla nuevamente se preocupó, se volvió a tocar y le parecía increíble y pensó que de pronto era una brujería de su mujer, se levantó de su cama y asomó la cabeza hasta el catre de Julio para ver si de nuevo estaba soñando y lo vio dormir profundamente, se pellizcó los brazos y las piernas y le dolió, volvió a tocarse la cara y ya no tenía nada, - es una mala pasada por el desvelo- pensó y tiritando de frío y fiebre volvió a meterse dentro de su catre, que quizás era lo único suyo en el mundo.
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