domingo, 2 de septiembre de 2007

Enfermedad o de un Presentimiento (útil con los ojos cerrados)

“El amor es un fuego escondido, una agradable llaga,
Un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable
Dolencia, un alegre tormento, una gustosa y fiera herida,
Y una blanda muerte”.
Juan Rodríguez Freile, El Carnero

Miguel empezó a sentirse enfermo varias semanas atrás. La enfermedad había empezado como una pequeña dolencia visual, que no le permitía enfocar bien las cosas. Se mareaba constantemente, hasta que terminaba en el piso a cada instante.
Esta situación terminó por afectar su sensible estomago, creándole leves cólicos que aparecían y se desaparecían, palpitaban, se movían por su estomago como si estuviera lleno de larvas grandes y rosadas celebrando un gran carnaval.
Poco a poco los dolores abdominales empezaban a empeorar, así que decidió asistir al medico. Salió del consultorio desilusionado, ya que tenía una perfecta salud. El doctor no entendía que podría ser, “probablemente sea psicosomático. Debe haber algo que le moleste, tome un descanso es lo mejor; para el problema visual lo voy a remitir al oftalmólogo, descanse por favor”.
Decidió entonces tomarse unas vacaciones. Pidió una licencia, alistó maletas y se subió a un bus. Extrañamente el descanso no funcionaba. Los dolores se incrementaban entre más desocupado estaba, se volvían insoportables, ya no era solamente el estomago, también el pecho se le encogía bruscamente y ya no respiraba, suspiraba. Además empezó a sufrir de una extraña taquicardia a toda hora del día. Todos estos síntomas eran sincrónicos, cada vez que venia uno era seguro que los otros estaban por llegar.
Decidió volver a la ciudad.
Algunos días después empezó a disfrutar la enfermedad. Ya no eran fuertes cólicos, encogimientos, y sacudidas, era más bien un calido hálito que recorría el cuerpo de Miguel. Pero este radical cambio se debía a un nuevo síntoma. Una imagen que ya no podía sacar de su mente. Rondaba por sus recuerdos y pensamientos, jugaba en el occipital, dormía en el parietal, y enfurecía en la capacidad de habla de Miguel.
Un día, miguel despertó a la mitad de la noche bastante acalorado. Se paro de la cama a tomar un vaso de agua. Hacia algún tiempo se sentía vaporoso, leve… volátil.Entró al baño para mirarse al espejo. Se sorprendió del reflejo que encontró al otro lado, estaba totalmente deformado. Sintió un leve carcomer en su interior. Ávidamente se examinaba el cuerpo pensando encontrar algo con sus manos. Lentamente paro. Tuvo un presentimiento. El calido hálito le devoraba las entrañas. Gradualmente lo había estado haciendo. Y en el momento en que llegara a su corazón, inevitable, moriría.

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