Marcos con pantalón de lino italiano blanco, camisa de seda griega blanca, zapatos de cuero de cocodrilo cafés, reloj enchapado en oro con incrustaciones de diamantes, cadena de oro de 80 quilates con dije del divino niño de rubíes, con gafas police oscuras para ocultar la mirada burlona, en los bolsillos del pantalón de lino italiano, fajos de billetes de dólar, en este momento es inconcebible andar con billetes pobres, pensaba. Recorría el cuarto apresurado buscando algo que no encontraba; abría cajones y después los tiraba insatisfecho al no encontrar lo que buscaba, revolvió el armario que estaba lleno de ropa y zapatos, sintió odio por Claudia y sus inmensa cantidad de chiros inservible usados a lo sumo dos veces, buscaba una camándula que le había regalado sus mamá años atrás cuando era un don nadie, sin expectativas de éxito, cuando solo quería una rancha para su mama y nada más, ahora tenía todo lo que un hombre podía desear, hasta poder odiar a su mujer con toda el alma y mantenerla aún a su lado. Hoy necesitaba a Dios de su lado y el regalo de su mamá lo iba poner en el bolsillo de su pantalón.
- Claudia, nos vamos pa’ la finca, aliste a los niños que tenemos invitados.
Claudia estaba dormida, tantos años de casados y nunca la había inmiscuido en sus negocios, ese había sido el trato desde el día en que acepto estar con él no estar cerca de negocios sucios.
– Es que los socios quieren conocerla y a los niños también - le dijo Marcos con su voz gruesa por el ron después de ponerse el sombrero gardeliano, Claudia lo miró con asombro pero también con desprecio, se levantó de la cama sin muchas ganas atravesó el cuarto y salio al contiguo, estaba cansada y sin animo de salir a ningún lado, abrio la puerta y vio a los dos niños dormidos en una sola cama como era costumbre desde pequeños, se acostaban los dos juntos sin otra razon que la de acompañarse en el sueño. Despertó a los niños moviéndolos suavemente.
- Niños hay que levantarse, párense rápido - dijo claudia suavemente, quitandoles las cobijas y pegando un grito para llamar a Maria para que le ayudara bañando a los niños, mientras ella se arreglaba
- Para donde vamos Mami?
- Para la hacienda papito, a una reunión de su papá - salió de la alcoba encontrándose con Marcos que ni siquiera la miró, ella era un objeto más de la casa.
Se metió al baño, se quitó la pijama y observó su cuerpo, todavía conservaba sus senos duros y parados, sus nalgas fijas y sus caderas pronunciadas pero al pasarse las manos por su vientre sintió que las estrías se estaban empezando a notar, bajó sus manos para comprobar si en sus muslos pasaba lo mismo acariciando los rótulos que enunciaban su edad, se miro al espejo mirando su piel, antes morena y pareja por el sol, ahora era solo una sombra de un pasado ya lejano, de una juventud perdida y destrozada en una licuadora que le sacaba sus jugos cada minuto. Se sonrió mirándose al espejo. Subió de nuevo sus manos y sintió que su vagina estaba caliente, se volvió a tocar y le gustó, se pasó la mano entera para taparse los labios repitiéndolo varias veces sintiendo una corriente en la entre pierna que la hacia temblar muy suavecito, hacía mucho que no tenía relaciones sexuales con su esposo y sentía la necesidad de estar invadida por un cuerpo extraño, estaba completamente complacida cuando la voz de su marido desde afuera grito afanando:
– Apúrele Claudia que vamos a llegar tarde, vea que no ha bañado ni a los chinos - Claudia salió de su abstracción y se sintió muy mal
- Maria debe estar bañándolos, déjeme bañar tranquila porque no aviso anoche que teníamos que madrugar.
- Esos chinos malcriados no quieren dejarse bañar que solo si usted va y los baña se arreglan. Apúrele mas bien de estar hablando tanto - dijo Marcos golpeando varias veces la puerta.
Claudia abrió la ducha del baño y se enjuagó lo más rápido posible, cuando salió del baño su esposo estaba parado en la puerta, parecía que se hubiera dado cuenta de lo que había hecho en el baño porque la tomó a la fuerza y le quitó la toalla, la besó en el cuello, la froto bruscamente contra su cuerpo, buscándole la vagina con los dedos pasándolos abruptamente como si estuviera amasando plastilina moviéndolos circularmente sin ningún deseo. Se bajó la cremallera del pantalón, la penetró con todas sus fuerzas, con odio, y en tres movimientos y un pequeño suspiro llegó más rápido de lo normal, Claudia pensó: El amor se va cuando ellos llegan.
Marcos se puso de pie y miró a Claudia recordando cuando ella todavía era joven, cuando esparcía su aroma a jazmines por toda la habitación, y sus ojos brillaban iluminado su camino. Ahora la veía echada en el piso con arrugas y ojeras en su cara, con las piernas medio abiertas, pálida y sin brillo. Sintió un dolor frió que le subía del estomago al pecho y se apoderaba de su corazón, sintió que una lagrimas veía a sus ojos, la amaba mucho, sentía remordimiento por que sabía que en parte era culpable. Pero inmediatamente empezó a odiarla no la aguantaba, no aguantaba esa cara de estúpida que ponía, su falta de carácter frente a él, el hecho que no hablara y se comunicara, Marcos se sentía solo, Claudia ya no le hacía compañía. Por eso le odiaba lo había abandonado. Al tener esta certeza frunció el entrecejo y grito:
– Apúrele que vamos a llegar tarde.
Claudia totalmente insatisfecha pensó en meterse otra vez al baño a terminar lo que había empezado sin la ayuda de ningún hijueputa, pero que va, Marcos apurando, así que se vistió rápido, bañó a los niños y al estar listos le dijo a Marcos “ya estamos listos” como si fueran objetos para una venta. Marcos llamó a su conductor y a un guardaespaldas para que los llevaran hasta la finca, pidió que le sacaran la care sapo, una camioneta verde Toyota que había mandado engallar especialmente para mostrársela a sus colegas. El viaje duró dos horas y no era una finca sino una hacienda con toda su magnificencia, hermosa, grandísima; cuando Marcos llegó ya estaban la mayoría de los invitados, algunos jefes de fuerzas insurgentes, aunque en realidad eran todos, para negociar las nuevas rutas que Marcos con su genialidad les iba a administrar. Cada uno de los invitados iba con sus familias respectivas, así que mientras los hombres discutían de los negocios, sus mujeres hablaban acerca de los objetos que tenían en su lugar de residencia y sus incontables viajes con sus maridos, o como algunas iban solas por que al marido no le gustaba salir del país. También hablaban de los cómodos vestidos de diseñador que habían comprado y con su bien sabida extravagancia, las tierras que habían adquirido al norte de la isla. Su mundo consistía en mercancías adquiridas o por adquirir pero parecían no tener otra cosa de que hablar que de objetos, Claudia se aburría largamente con este tipo de conversaciones en las que de vez en cuando participaba por obligación. Ya no gustaba mucho de las cosas que pudiera comprar solo las compraba por rutina pero ya no sentía el placer que aún se veía fresco en sus compañeras de charla. Prefería fingir que vigilaba a los niños que estaban en la piscina jugando. Las negociaciones se extendieron todo el día y con su respectiva noche, al día siguiente se dedicaron a cuadrar los últimos detalles, terminando al mediodía de firmar los papeles necesarios, se inicio la celebración con la muerte de un becerro que sería brindado a todos los invitados. Alistaron la mesa, los hombres iban cada uno al lado de su esposa, se sirvió el becerro que estaba asándose en un asta triangular al calor de una brasa. Claudia se sintió incómoda por las miradas de uno de los negociantes, al parecer el más joven y bien parecido, el único que no iba con mujer ni hijos, Claudia intentó evitarlo, pero al entrar la noche después de la cena cuando los hombres se dedicaron a tomar y los niños a dormir, Claudia se perdió para siempre en los besos y en las caricias de aquel hombre que si acaso lo único que conocía era el nombre: Fermín.
En medio de tanto alcohol empezaron a sonar tiros y gritos en la madrugada, era de la emoción de los negociantes por cerrar tan grande acuerdo, al otro día nadie se acordaba de los sucesos únicamente Claudia y Fermín que consumaron su amorío escondidos en el invernadero de la casa sobre una mesa llena de tierra y semillas sin sembrar. Marcos ni siquiera se imaginaba que algo así estaba sucediendo en sus propias narices, estaba ocupado con su jefe Rodolfo al parecer ese día era el decisivo, estaba dispuesto a terminar con el resto de las ataduras que lo mantenían siendo un simple peón, así que se dirigió a su cuarto y sacó el revólver, lo cargó enteramente e invitó a su jefe a conocer el resto de la hacienda a caballo, últimamente había adquirido unos hermosos caballos de paso fino y obviamente Marcos quería tener el honor de salir a dar un paseo en ellos con su patrón, así que se montaron cada uno en un caballo y se fueron hacia la cancha de fútbol que estaban construyendo. La cancha quedaba una media hora a buen trote hacia el norte de la cabecera de la hacienda, en el camino Marcos mascullaba dolorosamente cada uno de los pasos que había planeado cuidadosamente, tocaba disimuladamente el revolver que tenía escondido en la silla del caballo, tenia seis tiros en el revolver solo podía usar la mitad sobre el patrón y los otros tres al aire, lo iba a hacer pasando la colina de la quebrada que hay era difícil de llegar rápido y por que el sonido cojía para varios lados y no se sabía de donde venia, cuando estaban llegando Marcos se detuvo un poco, Rodolfo volteo a mirar al sentir que su acompañante había parado, giro un poco la cabeza y empezó a revisar nerviosamente los alrededores, estaban solos.
- ¿qué pasó, porqué se detiene aquí, no vamos a conocer la cancha que está construyendo y donde jugará el glorioso…-
Marcos no lo dejó terminar de hablar cuando le dijo
– Patrón yo a usted le debo muchas cosas, pero este negocio es de supervivencia.
Desenfundó su arma y le propinó tres disparos en la cabeza…
Marcos titubeo un poco antes de halar el gatillo la primera vez, era el primer morraco que se echaba el mismo encima, miro los ojos de rabia del que era su jefe, y no le dejo reaccionar para que sacara su propia arma. Marcos ya lo había preparado todo y había contratado a diez hombres del pueblo pa’ que hicieran bulla y dispararan cuando escucharan la primer detonación, cuando se escuchó la balacera todos los invitados y sus guardaespaldas inmediatamente sacaron sus armas y se fueron a dar plomo, cuando llegaron al lugar de los hechos encontraron a Marcos abrazando el cuerpo de su antiguo jefe, derramando lagrimas y disparando a la loca, maldiciendo a los hijueputas que lo habían acabado de matar.
El entierro funesto, el jefe fue enterrado en su pueblo natal donde todos sus familiares y empleados fueron al velorio que duro varios días, las averiguaciones acerca del asesinato no habían avanzado mucho pero todo parecía indicar que se realizó por parte de los capos que habían quedado fuera del trato de transporte con las lanchas de Marcos. Después del entierro empezó una pequeña guerra que no rindió fruto a ninguno de los dos bandos por lo cual terminó rápido, en un armisticio que nunca llego a romperse. Y el nombramiento del nuevo jefe, el nuevo capo, Don Marcos.
Marcos solo iba a controlar los negocios de droga y armas desde el pueblo donde él tenía la hacienda. Era un pueblo cocalero de varias generaciones; a este llegaba gente de toda la isla para conseguir el trabajo que no encontraban en ningún otro lugar, el pueblo a medida que iban pasando los años se poblaba más de recolectores, pequeños negociantes, prostíbulos, casas de juego; los habitantes originales se iban desplazado poco a poco a los lindes de la ciudad aberrados de lo que se estaba convirtiendo su antes tranquilo lugar de vivienda, y Marcos mientras tanto iba construyendo una cancha de fútbol en la hacienda para que allí jugara el glorioso. El que antes era un pueblo de unos diez mil habitantes ahora se veía de treinta mil, con nuevas casas construidas sobre los cimientos de las antiguas, que llenaban de polvo y sangre las calles de un municipio sin botadero ni hospital. Nuevas calles se improvisaban cada vez que caía un rancho sobre este pueblo, laberintos que creaban los nuevos residentes que se rotaban cada temporada, por que algunos solo iban de paso, viajeros en busca de la cosecha con las manos llenas de esparadrapo de tanto a halar ramas.
Las vueltas ahora de jefe lo hacían involucrar menos con sus anteriores trabajos, ya no tenia que construir las lanchas ni negociar armas en el caribe el mismo, tampoco tenia que vigilar distribuidores pequeños en los puertos, sino que tenia que velar que todos los negocios estuvieron produciendo, buscar nuevos, viajando a otros países, dar ordenes y emparejar a aquellos que iban por mal camino, faltoneando o haciendo vueltas por su lado, su mayor actividad se centraba en la vigilancia de la recolección y en transporte de droga al extranjero, el era especialista en esto con sus barcos artesanales que habían pasado ya de diez toneladas de droga con el mínimo de perdida, todo lo atendía por teléfono y en muy poco casos iba él personalmente. Todo lo manejaba personalmente Fermín uno de lo hombres de más confianza del difunto Don Rodolfo, y ahora mano derecha de Marcos. Fermín estaba encargado de un viaje de cuatro toneladas del cual ya habían salido dos en tres viajes, y ese día iban a salir el cuarto viaje con casi una tonelada todo había salido bien hasta que Fermín llamó.
– Que tal patrón como ha estado, que pena molestarlo pero es que aquí tenemos un problemita.
- Diga pues que pasó güevon que estaba ocupado.
Dijo Marcos mirando ansiosamente a Juliana que lo miraba desde la cama excitada
- Que pena patrón, pero es que se nos perdieron 40 kilos-.
Juliana era una pelada del pueblo vecino la había conocido durante las ferias de San Cristóbal, primera vez que la vio el estaba en el palco de la plaza de toros junto con el gobernador del departamento entonces la vio pasar con sombrero de feria ya gastado, unas flores en sus manos y el poncho al hombro recién comprado. Era la mujer más bella que había visto desde hacia bastante tiempo, y de pronto desapareció en la multitud que miraba la corrida. Toda la corrida estuve tratando de ubicarla pero no la ví más, fue hasta la noche en la plaza junto a la concha acústica entre borrachos bailando y las malas luces de la orquesta que estaba tocando, le dije a uno de mis hombre que me la trajera. Le hable unas horitas, de quien era yo de lo que le podía dar, que estaba dispuesto de enamorarme de ella si ella me acompañaba en mi hacienda, que no se preocupara de mi mujer que ella no salía de Santa Marta, que necesitaba una mujer que de verdad me moviera el piso, hace rato que no sentía amor por nadie que no fuera el que le tenía al dinero. Después de las ferias Juliana no se volvió a separar de Marcos ni un solo día excepto cuando viajaba Santa Marta o fuera del país. Cada día que pasaba la colmaba de regalos, que eran retribuidos en especie.
Marcos le regalo una finca a la familia de Juliana para que pudieran trabajar sus tres hermanos y donde vivieran tranquilamente los papas, vivía con él en la hacienda donde tenia todo lo que él le pudiera dar, a veces Marcos tenia pesadillas en las noches que le recordaban el pasado que estaba enterrado en el fondo de su arrugado corazón, veía a su hermano en la vieja rancha de los islotes de Santa Marta con un vaso de jugo de guayaba en sus manos fumándose un pucho lentamente sonriéndole, y algo más tenue el sabor de la larva que hacia quince años había partido a dos con sus muelas y en la mesa un plato de comida que la mama le traía con pescado recién recogido del mar, la mamá empezaba a contarle los chismes del día
– Imagínate que el hijo de Pepa borracho se cayo por el desfiladero de chorrillo y se partió una pierna y esta tirado en la cama sin trabajar, ay pobre la Pepa como sufre con ese muchacho bueno para nada, solo se emborracha y como que también roba por que nadie sabe de donde saca plata pa’ jartar.
Miraba entonces a su hermano que le sonreía sin hablarle, bajándole sangre entonces por los brazos y saliéndole montones por las muñecas y cuello, y aún así seguía sonriéndole la sangre empezaba a llenar la habitación y el no podía moverse de su silla y su mama sentada en la otra dormía sobre el hombro de la muerte, la sangre ya llenaba toda la habitación ahogándose en el espeso liquido color rojo. Se despertaban gritando el nombre de hermano, y Juliana lo tomaba suavemente entre sus brazos acariciándolo, hasta que se calmaba y volvía a dormir,
- Te amo juliana - te amo decía mientras dormía.
Al llegar a Santa marta Marcos se dirigió directo al puerto para ver que era lo que estaba pasando, encontró a Fermín en la bodega con la escolta y un hombre entre costales de cebada ensangrentado y maniatado
– Quien es este sap o- dijo señalando el cuerpo.
- Es el Negro patrón, este fue el que se robo la droga, dice que lo mando Misael el de la parte sur - decía Fermín mientras le levantaba la cabeza al negro para mostrársela al jefe. Marcos solo alcanzó a ver un ojo medio abrirse entre los moretones y chichones que llenaban la cara que ya no le parecía ni familiar, poco a poco fue reconociendo al man que lo acompaño en sus primeros viajes.
- Negro hijueputa me salió falton, bueno ya saben que hacer con los faltones - dijo Marcos retirándose un poco del Negro para que no le cayera sangre - ¿me llamaron para esta pendejada?
-No patrón, es que también tenemos problemas, esta no es la primera vez que Misael intenta meterse en los negocios parece que el man quiere meterse por la ruta que nosotros tenemos.
- Pues llámeme a ese hijueputa que vamos a hacer una reunión a ver que es lo que pasa.
- Patrón pero usted sabe que ese man esta con el comando no lo podemos tocar nosotros trabajamos también para ellos.
- No importa, no podemos dejar que se nos metan en el rancho papá, ármeme esa reunión.
La reunión se acordó dos días después, el sábado en la mañana en una bodega cercana al puerto, Misael no puso mayor inconveniente en verse con Marcos. El día estaba despejado y caluroso a pesar de ser temporada de invierno, puro sol de lluvia pensaba Marcos mirando por la ventana de la caresapo observando los contrastes de la ciudad. Mientras mas se acercaba al puerto, todo los edificios empezaban a mostrar fachadas sucias y desaliñadas, de edificios viejos donde vivían el hampa y los obreros pobres de la ciudad, después empezaba la zona portuaria, solo paredes larguísimas de bodegas altas aparentemente abandonadas, el pavimento dañado de las calles inundadas por el agua que había caído la noche anterior, daba a esta parte de la ciudad un ambiente lúgubre y abandonado. Solo camiones de carga se aventuraban por estas calles al ser el paso obligado para llegar al puerto con las cargas. Se acercaron a una bodega abandonada en la parte antigua del puerto, todo parecía estar muy tranquilo cosa que extraño a Marcos. Bajaron de caro y entraron a la bodega que estaba vacía.
- Se patrasiaron estos hijueputas - dijo Fermín después de haber recorrido toda la bodega – jefe no están por ningún lado y ya se paso la hora de la reunión.
- ¿Qué hacemos? - pregunto Fermín organizando a los hombres que estaban dispersos en toda la bodega.
- Vamonos y arrégleme a los muchachos que empezamos una guerra con los del sur.
Al salir de la bodega empezaron a volar disparos por todas partes. Marcos corrió a esconderse en la camioneta y ha sacar el arma para empezar a dar también de lo suyo. Varios de sus hombres empezaron a caer heridos, no se sabía donde apuntar caía plomo de todas partes, todos empezaron entonces a subirse a los carros y a salir al escondite del puerto que quedaba a unas pocas cuadras de distancia, pero todo estaba preparado y las vías de acceso al escondite estaban totalmente cubiertas, Fermín iba conduciendo la caresapo con el brazo herido sin saber hacia donde coger.
- Jefe estamos en la mala, por aquí no hay donde salir.
Marcos tampoco sabía que hacer, se había descuidado y dado la oportunidad para que le dieran de baja, su preocupación aumento aún más cuando intento llamar a la oficina y no le contestaron parecía que lo querían borrar del mapa completico, alguien lo había traicionado.
Marcos llevaba ya dos semanas resguardado en la hacienda después de la reunión en la que habían resultado muertos buena parte de sus hombres en Santa Marta. Misael le había montado una trampa para bajarlo, aliado con otros narcos de la zona, querían el mercado que estaba manejando Marcos alegando que ellos llevaban más tiempo con el finado Rodolfo. Corría el rumor que Marcos era quien había matado al jefe y todos querían darlo de baja, y claudia no aparecía por ningún lado con los niños y Juliana era la única que lo estaba acompañando en esos días de recuperación del tiro que le metieron en la pierna, Fermín tampoco daba señales de vida y él era el encargado de proteger a su familia. El Chiqui entró a la habitación agitado
– Jefe ya sabemos donde están su esposa y el Fermín - dijo el Chiqui.
- ¡si! ¿Donde? Hablá pues Chiqui malparido.
- Se fueron pa’ Venezuela hace una semana con sus dos hijos, y me informaron que estaban de mucho toque toque desde hace un buen tiempo.
En ese momento recordé varios acontecimientos sospechosos que habían sucedido después de la muerte del jefe, Fermín que estaba en Santa Marta cuando se suponía que debería estar conmigo en la hacienda, conversaciones sospechosas de Claudia por el teléfono, huellas en su cuerpo que yo no había hecho, el empeño de Fermín en mantenerse al cuidado de mi familia en los últimos meses. Y sobretodo las frecuentes visitas de Claudia a la finca, como aquella vez en que llegue de la casa de los papás de Juliana entrada la madrugada. Llegue a caballo junto con mis guardaespaldas, deje el caballo atado a un árbol de la casa por que la borrachera no permitía entrarlo a la caballeriza, entre por la puerta de la cocina y me tome unos cuantos vasos de agua, y cuando estaba subiendo la escalera encontré a Fermín bajando, y al verme palideció y bajo la mirada diciéndome que estaba haciendo una ronda por la casa, cuando ese tipo de cosas no era necesaria en esos tiempos, y menos en la casa, pero esa vez no sospeche nada solo le pedí que me llevara a la cama que estaba muy borracho, y encontré Claudia dormida como un bebe, o por lo menos eso parecía
- ¿Qué?, alísteme la avioneta y averigüe con Francisco el de Táchira donde están ese par de hijueputas, que voy a buscarlos.
Marcos salió endemoniado a buscar a su esposa traicionera y a Fermín, salió con tres de sus hombres de más confianza, en la avioneta les dijo:
- A mi mujer nadie la toca, al hijueputa ese, me le dan una pela la hijueputa y nos lo traemos pa’ torturarlo pa’ que sepa que conmigo nadie se mete, ¿entendido?
- Claro patrón - respondieron en coro sus tres peones.
Al llegar a Venezuela en plena pista de aterrizaje ya lo estaba esperando la Guardia venezolana para echarle mano, primero hubo intento de fuga pero no se pudieron resistir, efectivamente alguien lo había sapeado, Marcos estaba seguro que había sido su mujer, pero fue algo que nunca se supo.
Después fue deportado a Embolate donde estuvo tres meses en el pabellón de máxima seguridad de la cárcel en la capital antes ser trasladado al pabellón de extraditables en Tobía. En el encierro de la cárcel sus pesadillas empeoraron y el regreso abrumante de su pasado sobre su cuerpo empezó a enfermarlo poco a poco. Solo las visitas de Juliana lo hacían sentir aún vivo, con fe en algo más que en sí mismo. Ya todo lo que había obtenido de sus años de trabajo no significaba nada, solo era un preso más de un patio de una cárcel perdida en la historia, sin grandes cantidades de dinero, lujos, joyas, mujeres, y hombres a su mando, era solo Marcos, el Marcos que había visto morir a su hermano quince años atrás, Marcos el pescador, Marcos el constructor, Marcos el hombre, con todo un pasado que contar y un incierto futuro.
Nuevamente el sueño con el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, hasta que por fin llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, y Marcos al ver a los lobos tan cerca siempre levantaba los brazos y se tiraba al infinito, provocándole tal sensación de libertad y de desasosiego que le hacían feliz por un momento, hasta que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligaba a despertar.
Despertó empapado de sudor la espalda, las sienes, la frente, se limpió con la sábana, y nuevamente recordó el día en que compró su primer carro y su primer casa, a los dos malparidos de la capital, recordó a Juliana y se masturbó sintiendo como sus manos invadían su miembro, recordó a Claudia, su esposa y sintió pena, era una buena mujer y su situación la llevó al acabose, recordó a su madre muerta y las promesas que nunca le pudo cumplir, sintió mucha pena y tristeza y también un poco de asco de él mismo, pues olía a boñiga de burro y tal fue la sensación del olor que sintió que le había salido trompa de burro, se tocó contrariado y al sentirla nuevamente se preocupó, se volvió a tocar y le parecía increíble y pensó que de pronto era una brujería de su mujer, se levantó de su cama y asomó la cabeza hasta el catre de Julio para ver si de nuevo estaba soñando y lo vio dormir profundamente, se pellizcó los brazos y las piernas y le dolió, volvió a tocarse la cara y ya no tenía nada, - es una mala pasada por el desvelo - pensó y tiritando de frío y fiebre volvió a meterse dentro de su catre, que quizás era lo único suyo en el mundo. Ya eran dos años encerrado en la cárcel de Tobía, el día de hoy por fin la enfermedad lo atrapó en medio de la noche sin que el se diera cuenta, y solamente venían a él los ojos furiosos de su esposa y el susurro de Juliana diciéndole al oído que estaba embarazada del senador Mendoza, un bastardo que habría de nacer por su culpa.
- Claudia, nos vamos pa’ la finca, aliste a los niños que tenemos invitados.
Claudia estaba dormida, tantos años de casados y nunca la había inmiscuido en sus negocios, ese había sido el trato desde el día en que acepto estar con él no estar cerca de negocios sucios.
– Es que los socios quieren conocerla y a los niños también - le dijo Marcos con su voz gruesa por el ron después de ponerse el sombrero gardeliano, Claudia lo miró con asombro pero también con desprecio, se levantó de la cama sin muchas ganas atravesó el cuarto y salio al contiguo, estaba cansada y sin animo de salir a ningún lado, abrio la puerta y vio a los dos niños dormidos en una sola cama como era costumbre desde pequeños, se acostaban los dos juntos sin otra razon que la de acompañarse en el sueño. Despertó a los niños moviéndolos suavemente.
- Niños hay que levantarse, párense rápido - dijo claudia suavemente, quitandoles las cobijas y pegando un grito para llamar a Maria para que le ayudara bañando a los niños, mientras ella se arreglaba
- Para donde vamos Mami?
- Para la hacienda papito, a una reunión de su papá - salió de la alcoba encontrándose con Marcos que ni siquiera la miró, ella era un objeto más de la casa.
Se metió al baño, se quitó la pijama y observó su cuerpo, todavía conservaba sus senos duros y parados, sus nalgas fijas y sus caderas pronunciadas pero al pasarse las manos por su vientre sintió que las estrías se estaban empezando a notar, bajó sus manos para comprobar si en sus muslos pasaba lo mismo acariciando los rótulos que enunciaban su edad, se miro al espejo mirando su piel, antes morena y pareja por el sol, ahora era solo una sombra de un pasado ya lejano, de una juventud perdida y destrozada en una licuadora que le sacaba sus jugos cada minuto. Se sonrió mirándose al espejo. Subió de nuevo sus manos y sintió que su vagina estaba caliente, se volvió a tocar y le gustó, se pasó la mano entera para taparse los labios repitiéndolo varias veces sintiendo una corriente en la entre pierna que la hacia temblar muy suavecito, hacía mucho que no tenía relaciones sexuales con su esposo y sentía la necesidad de estar invadida por un cuerpo extraño, estaba completamente complacida cuando la voz de su marido desde afuera grito afanando:
– Apúrele Claudia que vamos a llegar tarde, vea que no ha bañado ni a los chinos - Claudia salió de su abstracción y se sintió muy mal
- Maria debe estar bañándolos, déjeme bañar tranquila porque no aviso anoche que teníamos que madrugar.
- Esos chinos malcriados no quieren dejarse bañar que solo si usted va y los baña se arreglan. Apúrele mas bien de estar hablando tanto - dijo Marcos golpeando varias veces la puerta.
Claudia abrió la ducha del baño y se enjuagó lo más rápido posible, cuando salió del baño su esposo estaba parado en la puerta, parecía que se hubiera dado cuenta de lo que había hecho en el baño porque la tomó a la fuerza y le quitó la toalla, la besó en el cuello, la froto bruscamente contra su cuerpo, buscándole la vagina con los dedos pasándolos abruptamente como si estuviera amasando plastilina moviéndolos circularmente sin ningún deseo. Se bajó la cremallera del pantalón, la penetró con todas sus fuerzas, con odio, y en tres movimientos y un pequeño suspiro llegó más rápido de lo normal, Claudia pensó: El amor se va cuando ellos llegan.
Marcos se puso de pie y miró a Claudia recordando cuando ella todavía era joven, cuando esparcía su aroma a jazmines por toda la habitación, y sus ojos brillaban iluminado su camino. Ahora la veía echada en el piso con arrugas y ojeras en su cara, con las piernas medio abiertas, pálida y sin brillo. Sintió un dolor frió que le subía del estomago al pecho y se apoderaba de su corazón, sintió que una lagrimas veía a sus ojos, la amaba mucho, sentía remordimiento por que sabía que en parte era culpable. Pero inmediatamente empezó a odiarla no la aguantaba, no aguantaba esa cara de estúpida que ponía, su falta de carácter frente a él, el hecho que no hablara y se comunicara, Marcos se sentía solo, Claudia ya no le hacía compañía. Por eso le odiaba lo había abandonado. Al tener esta certeza frunció el entrecejo y grito:
– Apúrele que vamos a llegar tarde.
Claudia totalmente insatisfecha pensó en meterse otra vez al baño a terminar lo que había empezado sin la ayuda de ningún hijueputa, pero que va, Marcos apurando, así que se vistió rápido, bañó a los niños y al estar listos le dijo a Marcos “ya estamos listos” como si fueran objetos para una venta. Marcos llamó a su conductor y a un guardaespaldas para que los llevaran hasta la finca, pidió que le sacaran la care sapo, una camioneta verde Toyota que había mandado engallar especialmente para mostrársela a sus colegas. El viaje duró dos horas y no era una finca sino una hacienda con toda su magnificencia, hermosa, grandísima; cuando Marcos llegó ya estaban la mayoría de los invitados, algunos jefes de fuerzas insurgentes, aunque en realidad eran todos, para negociar las nuevas rutas que Marcos con su genialidad les iba a administrar. Cada uno de los invitados iba con sus familias respectivas, así que mientras los hombres discutían de los negocios, sus mujeres hablaban acerca de los objetos que tenían en su lugar de residencia y sus incontables viajes con sus maridos, o como algunas iban solas por que al marido no le gustaba salir del país. También hablaban de los cómodos vestidos de diseñador que habían comprado y con su bien sabida extravagancia, las tierras que habían adquirido al norte de la isla. Su mundo consistía en mercancías adquiridas o por adquirir pero parecían no tener otra cosa de que hablar que de objetos, Claudia se aburría largamente con este tipo de conversaciones en las que de vez en cuando participaba por obligación. Ya no gustaba mucho de las cosas que pudiera comprar solo las compraba por rutina pero ya no sentía el placer que aún se veía fresco en sus compañeras de charla. Prefería fingir que vigilaba a los niños que estaban en la piscina jugando. Las negociaciones se extendieron todo el día y con su respectiva noche, al día siguiente se dedicaron a cuadrar los últimos detalles, terminando al mediodía de firmar los papeles necesarios, se inicio la celebración con la muerte de un becerro que sería brindado a todos los invitados. Alistaron la mesa, los hombres iban cada uno al lado de su esposa, se sirvió el becerro que estaba asándose en un asta triangular al calor de una brasa. Claudia se sintió incómoda por las miradas de uno de los negociantes, al parecer el más joven y bien parecido, el único que no iba con mujer ni hijos, Claudia intentó evitarlo, pero al entrar la noche después de la cena cuando los hombres se dedicaron a tomar y los niños a dormir, Claudia se perdió para siempre en los besos y en las caricias de aquel hombre que si acaso lo único que conocía era el nombre: Fermín.
En medio de tanto alcohol empezaron a sonar tiros y gritos en la madrugada, era de la emoción de los negociantes por cerrar tan grande acuerdo, al otro día nadie se acordaba de los sucesos únicamente Claudia y Fermín que consumaron su amorío escondidos en el invernadero de la casa sobre una mesa llena de tierra y semillas sin sembrar. Marcos ni siquiera se imaginaba que algo así estaba sucediendo en sus propias narices, estaba ocupado con su jefe Rodolfo al parecer ese día era el decisivo, estaba dispuesto a terminar con el resto de las ataduras que lo mantenían siendo un simple peón, así que se dirigió a su cuarto y sacó el revólver, lo cargó enteramente e invitó a su jefe a conocer el resto de la hacienda a caballo, últimamente había adquirido unos hermosos caballos de paso fino y obviamente Marcos quería tener el honor de salir a dar un paseo en ellos con su patrón, así que se montaron cada uno en un caballo y se fueron hacia la cancha de fútbol que estaban construyendo. La cancha quedaba una media hora a buen trote hacia el norte de la cabecera de la hacienda, en el camino Marcos mascullaba dolorosamente cada uno de los pasos que había planeado cuidadosamente, tocaba disimuladamente el revolver que tenía escondido en la silla del caballo, tenia seis tiros en el revolver solo podía usar la mitad sobre el patrón y los otros tres al aire, lo iba a hacer pasando la colina de la quebrada que hay era difícil de llegar rápido y por que el sonido cojía para varios lados y no se sabía de donde venia, cuando estaban llegando Marcos se detuvo un poco, Rodolfo volteo a mirar al sentir que su acompañante había parado, giro un poco la cabeza y empezó a revisar nerviosamente los alrededores, estaban solos.
- ¿qué pasó, porqué se detiene aquí, no vamos a conocer la cancha que está construyendo y donde jugará el glorioso…-
Marcos no lo dejó terminar de hablar cuando le dijo
– Patrón yo a usted le debo muchas cosas, pero este negocio es de supervivencia.
Desenfundó su arma y le propinó tres disparos en la cabeza…
Marcos titubeo un poco antes de halar el gatillo la primera vez, era el primer morraco que se echaba el mismo encima, miro los ojos de rabia del que era su jefe, y no le dejo reaccionar para que sacara su propia arma. Marcos ya lo había preparado todo y había contratado a diez hombres del pueblo pa’ que hicieran bulla y dispararan cuando escucharan la primer detonación, cuando se escuchó la balacera todos los invitados y sus guardaespaldas inmediatamente sacaron sus armas y se fueron a dar plomo, cuando llegaron al lugar de los hechos encontraron a Marcos abrazando el cuerpo de su antiguo jefe, derramando lagrimas y disparando a la loca, maldiciendo a los hijueputas que lo habían acabado de matar.
El entierro funesto, el jefe fue enterrado en su pueblo natal donde todos sus familiares y empleados fueron al velorio que duro varios días, las averiguaciones acerca del asesinato no habían avanzado mucho pero todo parecía indicar que se realizó por parte de los capos que habían quedado fuera del trato de transporte con las lanchas de Marcos. Después del entierro empezó una pequeña guerra que no rindió fruto a ninguno de los dos bandos por lo cual terminó rápido, en un armisticio que nunca llego a romperse. Y el nombramiento del nuevo jefe, el nuevo capo, Don Marcos.
Marcos solo iba a controlar los negocios de droga y armas desde el pueblo donde él tenía la hacienda. Era un pueblo cocalero de varias generaciones; a este llegaba gente de toda la isla para conseguir el trabajo que no encontraban en ningún otro lugar, el pueblo a medida que iban pasando los años se poblaba más de recolectores, pequeños negociantes, prostíbulos, casas de juego; los habitantes originales se iban desplazado poco a poco a los lindes de la ciudad aberrados de lo que se estaba convirtiendo su antes tranquilo lugar de vivienda, y Marcos mientras tanto iba construyendo una cancha de fútbol en la hacienda para que allí jugara el glorioso. El que antes era un pueblo de unos diez mil habitantes ahora se veía de treinta mil, con nuevas casas construidas sobre los cimientos de las antiguas, que llenaban de polvo y sangre las calles de un municipio sin botadero ni hospital. Nuevas calles se improvisaban cada vez que caía un rancho sobre este pueblo, laberintos que creaban los nuevos residentes que se rotaban cada temporada, por que algunos solo iban de paso, viajeros en busca de la cosecha con las manos llenas de esparadrapo de tanto a halar ramas.
Las vueltas ahora de jefe lo hacían involucrar menos con sus anteriores trabajos, ya no tenia que construir las lanchas ni negociar armas en el caribe el mismo, tampoco tenia que vigilar distribuidores pequeños en los puertos, sino que tenia que velar que todos los negocios estuvieron produciendo, buscar nuevos, viajando a otros países, dar ordenes y emparejar a aquellos que iban por mal camino, faltoneando o haciendo vueltas por su lado, su mayor actividad se centraba en la vigilancia de la recolección y en transporte de droga al extranjero, el era especialista en esto con sus barcos artesanales que habían pasado ya de diez toneladas de droga con el mínimo de perdida, todo lo atendía por teléfono y en muy poco casos iba él personalmente. Todo lo manejaba personalmente Fermín uno de lo hombres de más confianza del difunto Don Rodolfo, y ahora mano derecha de Marcos. Fermín estaba encargado de un viaje de cuatro toneladas del cual ya habían salido dos en tres viajes, y ese día iban a salir el cuarto viaje con casi una tonelada todo había salido bien hasta que Fermín llamó.
– Que tal patrón como ha estado, que pena molestarlo pero es que aquí tenemos un problemita.
- Diga pues que pasó güevon que estaba ocupado.
Dijo Marcos mirando ansiosamente a Juliana que lo miraba desde la cama excitada
- Que pena patrón, pero es que se nos perdieron 40 kilos-.
Juliana era una pelada del pueblo vecino la había conocido durante las ferias de San Cristóbal, primera vez que la vio el estaba en el palco de la plaza de toros junto con el gobernador del departamento entonces la vio pasar con sombrero de feria ya gastado, unas flores en sus manos y el poncho al hombro recién comprado. Era la mujer más bella que había visto desde hacia bastante tiempo, y de pronto desapareció en la multitud que miraba la corrida. Toda la corrida estuve tratando de ubicarla pero no la ví más, fue hasta la noche en la plaza junto a la concha acústica entre borrachos bailando y las malas luces de la orquesta que estaba tocando, le dije a uno de mis hombre que me la trajera. Le hable unas horitas, de quien era yo de lo que le podía dar, que estaba dispuesto de enamorarme de ella si ella me acompañaba en mi hacienda, que no se preocupara de mi mujer que ella no salía de Santa Marta, que necesitaba una mujer que de verdad me moviera el piso, hace rato que no sentía amor por nadie que no fuera el que le tenía al dinero. Después de las ferias Juliana no se volvió a separar de Marcos ni un solo día excepto cuando viajaba Santa Marta o fuera del país. Cada día que pasaba la colmaba de regalos, que eran retribuidos en especie.
Marcos le regalo una finca a la familia de Juliana para que pudieran trabajar sus tres hermanos y donde vivieran tranquilamente los papas, vivía con él en la hacienda donde tenia todo lo que él le pudiera dar, a veces Marcos tenia pesadillas en las noches que le recordaban el pasado que estaba enterrado en el fondo de su arrugado corazón, veía a su hermano en la vieja rancha de los islotes de Santa Marta con un vaso de jugo de guayaba en sus manos fumándose un pucho lentamente sonriéndole, y algo más tenue el sabor de la larva que hacia quince años había partido a dos con sus muelas y en la mesa un plato de comida que la mama le traía con pescado recién recogido del mar, la mamá empezaba a contarle los chismes del día
– Imagínate que el hijo de Pepa borracho se cayo por el desfiladero de chorrillo y se partió una pierna y esta tirado en la cama sin trabajar, ay pobre la Pepa como sufre con ese muchacho bueno para nada, solo se emborracha y como que también roba por que nadie sabe de donde saca plata pa’ jartar.
Miraba entonces a su hermano que le sonreía sin hablarle, bajándole sangre entonces por los brazos y saliéndole montones por las muñecas y cuello, y aún así seguía sonriéndole la sangre empezaba a llenar la habitación y el no podía moverse de su silla y su mama sentada en la otra dormía sobre el hombro de la muerte, la sangre ya llenaba toda la habitación ahogándose en el espeso liquido color rojo. Se despertaban gritando el nombre de hermano, y Juliana lo tomaba suavemente entre sus brazos acariciándolo, hasta que se calmaba y volvía a dormir,
- Te amo juliana - te amo decía mientras dormía.
Al llegar a Santa marta Marcos se dirigió directo al puerto para ver que era lo que estaba pasando, encontró a Fermín en la bodega con la escolta y un hombre entre costales de cebada ensangrentado y maniatado
– Quien es este sap o- dijo señalando el cuerpo.
- Es el Negro patrón, este fue el que se robo la droga, dice que lo mando Misael el de la parte sur - decía Fermín mientras le levantaba la cabeza al negro para mostrársela al jefe. Marcos solo alcanzó a ver un ojo medio abrirse entre los moretones y chichones que llenaban la cara que ya no le parecía ni familiar, poco a poco fue reconociendo al man que lo acompaño en sus primeros viajes.
- Negro hijueputa me salió falton, bueno ya saben que hacer con los faltones - dijo Marcos retirándose un poco del Negro para que no le cayera sangre - ¿me llamaron para esta pendejada?
-No patrón, es que también tenemos problemas, esta no es la primera vez que Misael intenta meterse en los negocios parece que el man quiere meterse por la ruta que nosotros tenemos.
- Pues llámeme a ese hijueputa que vamos a hacer una reunión a ver que es lo que pasa.
- Patrón pero usted sabe que ese man esta con el comando no lo podemos tocar nosotros trabajamos también para ellos.
- No importa, no podemos dejar que se nos metan en el rancho papá, ármeme esa reunión.
La reunión se acordó dos días después, el sábado en la mañana en una bodega cercana al puerto, Misael no puso mayor inconveniente en verse con Marcos. El día estaba despejado y caluroso a pesar de ser temporada de invierno, puro sol de lluvia pensaba Marcos mirando por la ventana de la caresapo observando los contrastes de la ciudad. Mientras mas se acercaba al puerto, todo los edificios empezaban a mostrar fachadas sucias y desaliñadas, de edificios viejos donde vivían el hampa y los obreros pobres de la ciudad, después empezaba la zona portuaria, solo paredes larguísimas de bodegas altas aparentemente abandonadas, el pavimento dañado de las calles inundadas por el agua que había caído la noche anterior, daba a esta parte de la ciudad un ambiente lúgubre y abandonado. Solo camiones de carga se aventuraban por estas calles al ser el paso obligado para llegar al puerto con las cargas. Se acercaron a una bodega abandonada en la parte antigua del puerto, todo parecía estar muy tranquilo cosa que extraño a Marcos. Bajaron de caro y entraron a la bodega que estaba vacía.
- Se patrasiaron estos hijueputas - dijo Fermín después de haber recorrido toda la bodega – jefe no están por ningún lado y ya se paso la hora de la reunión.
- ¿Qué hacemos? - pregunto Fermín organizando a los hombres que estaban dispersos en toda la bodega.
- Vamonos y arrégleme a los muchachos que empezamos una guerra con los del sur.
Al salir de la bodega empezaron a volar disparos por todas partes. Marcos corrió a esconderse en la camioneta y ha sacar el arma para empezar a dar también de lo suyo. Varios de sus hombres empezaron a caer heridos, no se sabía donde apuntar caía plomo de todas partes, todos empezaron entonces a subirse a los carros y a salir al escondite del puerto que quedaba a unas pocas cuadras de distancia, pero todo estaba preparado y las vías de acceso al escondite estaban totalmente cubiertas, Fermín iba conduciendo la caresapo con el brazo herido sin saber hacia donde coger.
- Jefe estamos en la mala, por aquí no hay donde salir.
Marcos tampoco sabía que hacer, se había descuidado y dado la oportunidad para que le dieran de baja, su preocupación aumento aún más cuando intento llamar a la oficina y no le contestaron parecía que lo querían borrar del mapa completico, alguien lo había traicionado.
Marcos llevaba ya dos semanas resguardado en la hacienda después de la reunión en la que habían resultado muertos buena parte de sus hombres en Santa Marta. Misael le había montado una trampa para bajarlo, aliado con otros narcos de la zona, querían el mercado que estaba manejando Marcos alegando que ellos llevaban más tiempo con el finado Rodolfo. Corría el rumor que Marcos era quien había matado al jefe y todos querían darlo de baja, y claudia no aparecía por ningún lado con los niños y Juliana era la única que lo estaba acompañando en esos días de recuperación del tiro que le metieron en la pierna, Fermín tampoco daba señales de vida y él era el encargado de proteger a su familia. El Chiqui entró a la habitación agitado
– Jefe ya sabemos donde están su esposa y el Fermín - dijo el Chiqui.
- ¡si! ¿Donde? Hablá pues Chiqui malparido.
- Se fueron pa’ Venezuela hace una semana con sus dos hijos, y me informaron que estaban de mucho toque toque desde hace un buen tiempo.
En ese momento recordé varios acontecimientos sospechosos que habían sucedido después de la muerte del jefe, Fermín que estaba en Santa Marta cuando se suponía que debería estar conmigo en la hacienda, conversaciones sospechosas de Claudia por el teléfono, huellas en su cuerpo que yo no había hecho, el empeño de Fermín en mantenerse al cuidado de mi familia en los últimos meses. Y sobretodo las frecuentes visitas de Claudia a la finca, como aquella vez en que llegue de la casa de los papás de Juliana entrada la madrugada. Llegue a caballo junto con mis guardaespaldas, deje el caballo atado a un árbol de la casa por que la borrachera no permitía entrarlo a la caballeriza, entre por la puerta de la cocina y me tome unos cuantos vasos de agua, y cuando estaba subiendo la escalera encontré a Fermín bajando, y al verme palideció y bajo la mirada diciéndome que estaba haciendo una ronda por la casa, cuando ese tipo de cosas no era necesaria en esos tiempos, y menos en la casa, pero esa vez no sospeche nada solo le pedí que me llevara a la cama que estaba muy borracho, y encontré Claudia dormida como un bebe, o por lo menos eso parecía
- ¿Qué?, alísteme la avioneta y averigüe con Francisco el de Táchira donde están ese par de hijueputas, que voy a buscarlos.
Marcos salió endemoniado a buscar a su esposa traicionera y a Fermín, salió con tres de sus hombres de más confianza, en la avioneta les dijo:
- A mi mujer nadie la toca, al hijueputa ese, me le dan una pela la hijueputa y nos lo traemos pa’ torturarlo pa’ que sepa que conmigo nadie se mete, ¿entendido?
- Claro patrón - respondieron en coro sus tres peones.
Al llegar a Venezuela en plena pista de aterrizaje ya lo estaba esperando la Guardia venezolana para echarle mano, primero hubo intento de fuga pero no se pudieron resistir, efectivamente alguien lo había sapeado, Marcos estaba seguro que había sido su mujer, pero fue algo que nunca se supo.
Después fue deportado a Embolate donde estuvo tres meses en el pabellón de máxima seguridad de la cárcel en la capital antes ser trasladado al pabellón de extraditables en Tobía. En el encierro de la cárcel sus pesadillas empeoraron y el regreso abrumante de su pasado sobre su cuerpo empezó a enfermarlo poco a poco. Solo las visitas de Juliana lo hacían sentir aún vivo, con fe en algo más que en sí mismo. Ya todo lo que había obtenido de sus años de trabajo no significaba nada, solo era un preso más de un patio de una cárcel perdida en la historia, sin grandes cantidades de dinero, lujos, joyas, mujeres, y hombres a su mando, era solo Marcos, el Marcos que había visto morir a su hermano quince años atrás, Marcos el pescador, Marcos el constructor, Marcos el hombre, con todo un pasado que contar y un incierto futuro.
Nuevamente el sueño con el mismo río contaminado, donde caía y se ahogaba entre excrementos de animales y humanos, entre fluidos corporales de mujeres mensuales, entre la embriaguez de los hombres nocturnos que envueltos en humos expiaban sus penas dejándolas ir río abajo a que se mezclaran con el lavado de las ropas sucias y todos los sudores de pelaos que brincaban a las aguas como peces; cuando por fin lograba salir del río apretaba fuertemente las piernas de su hermano, pero éste al verlo tan indefenso y casi muerto se esfumaba, y otra vez estaba Marcos en el río de podredumbre intentando liberarse de la angustia de sentirse perdido por una vida llena de dolores y sacrificios. Marcos encontraba una rama de árbol con la cual por fin lograba salir del río. Y cuando pisaba tierra firme, el sonido del río ya no existía, se encontraba en un bosque hermoso donde un gran árbol le limitaba la vista con la espesura de sus hojas, se veía convertido en un hombrecito diminuto al cual desde la cumbre del árbol un viejo búho le decía “apresúrate que vienen los lobos con caras de hombres hambrientos” y Marcos no entendía hasta que veía venir una estampida de hombres lobo detrás de él, que con los ojos flamígeros le quemaban el trasero, que con sus garras rasgaban el aire y provocaban el silencio sepulcral de la muerte en cada uno de sus pasos. Marcos comenzaba a correr sin detenerse, desesperado, solitario, por parajes oscuros, atravesando trochas, sintiendo que en cada paso el pasto y las ramas le castigaban las piernas e intentaban detenerlo para que pudiera escuchar como los hombres lobo se acercaban cada vez más a su humanidad, y pisaban cada uno de sus pasos queriendo borrarlos, hasta que por fin llegaba a una colina inmensa donde un infinito mar le saludaba, y Marcos al ver a los lobos tan cerca siempre levantaba los brazos y se tiraba al infinito, provocándole tal sensación de libertad y de desasosiego que le hacían feliz por un momento, hasta que la crudeza de la realidad falsa donde nos envolvemos hasta tal punto, lo obligaba a despertar.
Despertó empapado de sudor la espalda, las sienes, la frente, se limpió con la sábana, y nuevamente recordó el día en que compró su primer carro y su primer casa, a los dos malparidos de la capital, recordó a Juliana y se masturbó sintiendo como sus manos invadían su miembro, recordó a Claudia, su esposa y sintió pena, era una buena mujer y su situación la llevó al acabose, recordó a su madre muerta y las promesas que nunca le pudo cumplir, sintió mucha pena y tristeza y también un poco de asco de él mismo, pues olía a boñiga de burro y tal fue la sensación del olor que sintió que le había salido trompa de burro, se tocó contrariado y al sentirla nuevamente se preocupó, se volvió a tocar y le parecía increíble y pensó que de pronto era una brujería de su mujer, se levantó de su cama y asomó la cabeza hasta el catre de Julio para ver si de nuevo estaba soñando y lo vio dormir profundamente, se pellizcó los brazos y las piernas y le dolió, volvió a tocarse la cara y ya no tenía nada, - es una mala pasada por el desvelo - pensó y tiritando de frío y fiebre volvió a meterse dentro de su catre, que quizás era lo único suyo en el mundo. Ya eran dos años encerrado en la cárcel de Tobía, el día de hoy por fin la enfermedad lo atrapó en medio de la noche sin que el se diera cuenta, y solamente venían a él los ojos furiosos de su esposa y el susurro de Juliana diciéndole al oído que estaba embarazada del senador Mendoza, un bastardo que habría de nacer por su culpa.
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