un hombre pasa con sus manos llenas de libros
y yo en mis brazos tengo a un niño,
un niño muerto y triste
al que no dejé crecer por mi sonrisa de fantasma y mi mirada de canival
supuse que sería mejor abandonarlo a su suerte de siete mares
y adentrarme en la ausencia
saberme perdido con el niño en los brazos
mientras transito la ciudad
caminar y enseñarle a beber mi sangre
donde se empoza toda mi desgracia
para dejarlo solo:
ya lo habia dicho antes
en cualquier esquina o en cualquier bar
a que le llegue la muerte sobre los muertos
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