viernes, 24 de julio de 2009

Las muertes de Germán Espinosa

A mi abuelo

Hoy si iba a verlo y no se iba a arrepentir frente su puerta. Era una tarde calurosa en Bogotá. Ciudad grande, llena de construcciones, personas moviéndose todo el día en el transporte público. Un azul cristalino encima de sus cabezas como un mar que flotara lentamente, con olas de color blanco reptando como serpientes junto al sol. Ni un asomo de lluvia se veía en el horizonte. Si estuviera suficientemente alto podría ver hasta los nevados, si cuenta con suerte el rio Magdalena, Isauro miraba la montaña tras él, protegiéndose los ojos con las manos, queriendo estar en la punta.

Tomó el bus. Resbaló cayendose por tener un libro en la mano que no le dio oportunidad de agarrarse de la manija; terminó tirándose sobre el pecho de una morena de sonrisa blanca sentada justo al lado de la escalera de entrada al colectivo. Linda sonrisa puesta en rostro mientras en la radio Julito hablaba sin entendérsele nada por el ruido del motor que adelantaba camino sobre la séptima a la altura de la calle 82 sentido Norte. Se sentó en la ventana con el sol pegándole directamente en la cara; pensar que había visto el bloqueador solar sobre la mesa de noche y no haberlo tomado por la nube sobre la ciudad a las seis de la mañana. Julito murmuraba en la lejanía del bafle metido en techo. Parada en seco por el cambio súbito del semáforo, ahora si se escuchaba Julito sobre el ruido del motor modelo 2004 según la placa puesta por la fabrica de la carrocería pero que roncaba como enfermo de neumonía. Julito dice e Isauro escucha conteniendo la lagrima que le nace en la garganta y no le deja respirar: “…espinosa muerto en la clínica Colsanitas de Bogotá, repito el gran escritor Ger…”. Semáforo en verde y el ruido del motor acalla a Julito.

Cómo moriría, su cáncer en la boca se lo llevaría con largos sufrimientos, largos silencios. Una larga enfermedad que se sumaba a otra. Estaba tan enfermo. Isauro recordaba sus fotos con un cigarrillo en la mano, en la boca, encendiéndolo, señalando algo, haciendo cualquier cosa. Le imitaba en la entrada del colegio cuando esperaba a los amigos. Todavía tenía los hábitos de fumador de ese entonces, todavía era Germán Espinosa cuando fumaba. Y también esperaba esas enfermedades que silenciosas nos poseen, nos desorientan, y cuando salen ya nos tiene carcomidos por dentro.

El estupor del sol le agobiaba, se sentía gigante en ese pequeño colectivo y aguzaba el oído para tratar de dar fe de lo que había escuchado. No podía estar muerto, todo sus papeles en el regazo, todos para que él los leyera. Nunca podría escuchar nada de los labios de él, nunca iba a poder decirle que quería ser como él cuando tuviera unos cuantos años más. Ahora a quien le iba a preguntar qué hacer con su vida que no tenía un sentido, que todo se venía abajo, que quería ser escritor y lo único que podía ser era profesor. Terminando sus días amargado, solo; despreciado por estudiantes, padres, y mal pagado durante años.

Isauro no puede contener ya su ansiedad, se para y timbra para avisar la parada. Pero el bus no para. Sigue su camino y él afiebrado no cree que fuera posible que el maestro este muerto y el bus no parará, entonces, despertó de un golpe contra la ventana. El sol en su cara todavía.

De nuevo Julito en la radio. Ni una palabra de la muerte, los papeles en su regazo, y grasa en el vidrio. Miró por la ventana y estaba en la 86 con séptima, el trancón era largo y el clima desértico. La voz de chiva de Julito en la radio le llama la atención, entrevista a alguien relacionado con un suceso reciente. Lo atropelló un carro girando en la esquina, la familia y el Estado demandarían al que lo arrolló, el sonido carburante de la radio lo decía mientras el bus se movía de un momento a otro. No había muerto de cáncer, el azar lo había tomado en sus manos y él huía de su fatídico destino, sólo corría el afluente de sus posibilidades: las que pudo haber tenido. Los sueños de lo que pudo haber sido. Su vida terminada por el recuerdo en los suyos.

Los autos empezaban a moverse rápidamente, el trancón se deshacía y de pronto se le ocurría que el lugar del accidente de Germán Espinosa fuera allí adelante donde estaba inmóvil el transito. Pudo haber estado allí en el lugar donde murió, haberlo visto antes de expirar. Tal vez si corría a aquel lugar vería a Espinosa; el colectivo pasaba junto patrullas de policía que quitaban las cintas amarillas alrededor de una mancha de sangre en el asfalto. Una camilla tenía un cuerpo envuelto en una sabana que era introducida a una ambulancia. Varios papeles volaban por los aires y un libro escrito por Espinosa se arrastraba, una edición de los doce infiernos exactamente como la de Isauro yacía en el piso.

En seguida busca su libro y sus escritos, intenta mover sus manos hacia el regazo a tomarlos, no puede mover sus brazos y sus manos sólo agarran una sabana húmeda sus oídos escuchan gritos y movimientos a su alrededor tiene un tubo en la garganta y le cuesta respirar. La sangre cubre sus ojos y el calor le agobia en una sala de urgencias. Entiende entonces que es Germán Espinosa, que siempre lo supo, que está muriendo; no puede ser Espinosa porque él era Isauro, y ahora ni sabe que es.

Germán Espinosa abre sus ojos después de un largo sueño. El desierto se abre ante sus ojos como un mar de dunas, él parece estar en la más alta. El sol naranja despuntando en el horizonte. Su brazo negro se estira hacia el botón de encendido de la radio enterrada en la arena. Se para, despereza y escucha que en la radio Julito dice que Isauro a muerto en un accidente automovilístico. Se le ocurrió que él siempre llega tarde. Encendió un cigarrillo y se puso a esperarlo.

lunes, 13 de abril de 2009

¿Hablamos?

M: Hola, ahora sí volví. Qué haces?
F: esperar a que vuelvas
M: y para qué?
F: No sé realmente, porqué, no te gusta esperar
M: y aparte de esperar qué haces?
F: pensar porque espero
M: jajaja. Y qué más? qué te cuentas? qué has echo?
F: umm pues lo que te dije ya. Hacer vueltas burocráticas, que las fotos, que pague recibos, que la cédula, la libreta... eso
M: que pereza...
F: pues por lo menos tengo algo que hacer así de vez en cuando salgo de la casa. No me respondiste si te gustaba esperar?
M: ah, pues no supe si era pregunta porque no había signo de interrogación mmm... pero no, no me gusta mucho esperar... pues depende de qué y en qué condiciones esté esperando, pero no me gusta mucho a ti te gusta?
F: en general, si
M: por qué?
F: nunca sabes lo que te puedes encontrar sobre todo me gusta esperar, por esperar
M: jeje
F: es un ejercicio de paciencia
M: mmm... sería bueno para mí... yo poco de paciencia…
F: (Beso)
M: (Beso)
F: otra vez hay besos
M: jajaja pero moderados
F: umm los preferiría de otra manera...pero bueno
M: jaja ni modo
F: por eso me gusta esperar
M: por qué? porque de pronto llega un beso?
F: no, por esperar
M: umm
F: umm que?
M: umm veo
F: umm. Es como el gusto de "Esperando a Godot", nunca te lo has topado
M: ¿?
F: ¿¿??
M: ¿¿¿???
F: ¿¿¿¿????
M: ¿¿¿¿¿?????
F: ¿? pero no me respondiste
M: qué???
F: Esperando a Godot
M: ah, no...
F: es justamente sobre la espera
M: sip, eso estaba leyendo...
F: que a Godot? es corto, podrías leerlo
M: jajaja, pues es que no sabía de qué me hablabas... 'tonces busqué y estaba leyendo qué era lo tienes?
F: no creo, no esta por internet?
M: ay no sé... seguramente
F: pero no hay paciencia para buscarlo, o para leerlo
M: es que en pc me da pereza leer harto... veremos qué tan corto es jajaja
F: lo encontraste?
M: sip
F: es de Samuel Beckett, no es tan largo, de hecho si la memoria no me falla viene como si fuese una obra de teatro, por actos
M: sip... y sip...
F: y lo lees entonces?
M: nop... mañana lo leeré
F: no te preguntaba si ya
M: no
F: si eso ya me quedo claro
M: jajajaja, si, si lo voy a leer pero mañana
F: si eso también me quedó claro, a ti te gusta leer?? o lo normal??
M: pues, qué es lo normal?
F: bueno mi pregunta realmente debería ser: te gusta la literatura??
M: jajaja, si, sí me gusta, por?
F: cual es el libro que más te gusta?
M: umm... por ejemplo me gusta harto el de ensayo sobre la ceguera... no sé si es el que más, pero ese me gusta harto
F: otro, ese no lo he leído completo
M: o... me gusta... mmm.... crónica de una muerte anunciada... creo que es el único que realmente me gusta de él
F: tampoco
M: jajaja otro?
F: Márquez y yo no vamos muy de la mano
M: si, yo sé jajaja, el principito me gusta harto
F: bueno, eso le gusta a todo el mundo
M: o... hamlet también me gusta... o... la insoportable levedad del ser, también...
F: bueno, ya aclare lo que quería
M: qué?
F: lo que esperas cuando lees
M: y según tu qué espero cuando leo?
F: no esperas, recuerda que no te gusta
M: umm... no, esa es una espera diferente...
F: no, es la misma
M: bueno... digamos que sí... pero igual, así no me guste, espero... y según tu qué espero cuando leo?
F: ya te dije: no esperas
F: umm y por qué llegas a esa conclusión?
F: porque yo fui el que lo pregunte
M: ... y tu qué esperas cuando lees?
F: nada en particular, eso ya también te lo respondí espero por esperar bueno señorita voy a esperar a otra parte y gracias por acompañarme a esperar así no te guste

lunes, 3 de noviembre de 2008

El Santo Creyente


“Altar de tierra harás para mí,
Y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus pacíficos,
Tus ovejas y tus vacas:
En cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre,
“Vendré á ti, y te bendeciré”
Éxodo 20:24

Como ya hacía muchos años, tantos que ni siquiera él recordaba, Isidro Barreto se encargaba de hacer las rondas nocturnas de su vecindad, en el costado sur-occidental del primero ovalo que tuvo Bogotá, por ese entonces llamado cementerio universal, pero que con el pasar del tiempo y el acelerado crecimiento de la ciudad, sin darse cuenta, se encontró justo en su centro, rodeado ya no solo de árboles, artesanos del mármol y arreglos florales, sino de familias prestantes y bosques de piedra y cemento que daban anuncio de la entrada a una nueva época en Bogotá.

Isidro había visto desfilar por el callejón de los inmortales a un sin numero de próceres de la patria que tenían su terruño reservado, justo a la espalda de Kronos sobre una línea celestial que se extendía en dirección a la capilla que había sido construida por allá en 1839. Y aunque era uno de los más antiguos en el oficio del cuidado del Cementerio y por tal motivo habría podido elegir proteger otro de los 3 sectores en que por azar de una cruz se encuentra dividido el ovalo, nunca pensó tan siquiera resguardar a Santander padre de la patria y las conspiraciones, o a Silva el poeta suicida; ya que bien lo sabia él, en su terreno se encontraba el santo de santos el personaje más visitado del cementerio, el hombre de Bronce: don Leo.

Todos los lunes, justo cuando el reloj marca las 4 de la tarde y la romería de visitantes-creyentes es espantada por los pitos de los caballos de acero, Isidro retoma sus labores dejando para el final el altar de don Leo que como él bien lo sabe evoca las versiones modernas de “el pensador” esculpidas por Pierre Rodin, retoca sus flores, limpia su cabeza de la mierda de las palomas y le aplica paracetamol, un antibiótico de niños que se usa para controlar la otitis crónica de la cual sufre don Leo por recibir tantas babas al escuchar los pedidos a su oído. Luego de esto y sin que nadie lo vea, toma una de las oraciones que a veces dejan por descuidos sus creyentes, y le dice al oído: Dios todo poderoso por el alma de Sigifredo en acción de Gracias. Por todos los favores recibidos; por cuánto imploramos tus bendiciones he venido hasta aquí atraído por la confianza que inspiran tus devotos cuantos buscamos tu santa Protección y tú que vives en la morada del Señor tu Dios. Dios mío misericordioso que todo lo puedes y no dejas a ningún hijo tuyo sin su amparo, oh siervo escucha nuestros ruegos en su oído y se los comunique a Dios Todopedoroso y lleguen a la mansión celestial; Dios Mio.

Rezando luego tres padrenuestros, un Ave Maria y un Salve Isidro vuelve a su sitio pidiendo a Dios y a don Leo, como hace tanto tiempo que ya lo ha olvidado, que su familia también le traiga flores.

viernes, 19 de septiembre de 2008

¿Eres Deseable?

De pronto saber que no soy John O´Brien y aún así sentir que mi cuerpo tiene una misma necesidad mal sana de ti, como él. Al fin y al cabo, sobre todo al cabo, escribir como oficio es perderse irremediablemente en la vida, es salir a caminar por Eudossia para comprobar que la alfombra es apenas un pálido reflejo de nuestros pasos y: “que el verdadero mapa del universo es la ciudad de Eudossia tal como es, una mancha que se extiende sin forma, con calles todas en zigzag, casas que se derrumban una sobre otra en la polvareda, incendios, gritos en la oscuridad”

Y todo eso para volver al principio y poder compartir a Eudossia contigo, escribirla sobre tu cuerpo, y ver como de pronto la grande O se ubica sobre tus ojos, la D calca tus besos y las ESES hacen eco en la parte final de tu espalda. Tomar juntos. Morir juntos, pero sin apegos, poderte gritar como Ben Sanderson:

¿Eres deseable? ¿Eres irresistible? Talvez si tomaras Whisky conmigo te ayudaría. Con un beso tuyo podría probar el licor de tu boca. Si tomarás Whisky conmigo desnuda, y si olieras el licor mientras me coges podría llegar a quererte más. Si te echaras Whisky sobre tu cuerpo y me dijeras, “pruébame”. Si abrieras tus piernas y tuvieras Whisky en tus senos y entre las piernas y me dijeras, “pruébame”, entonces podría enamorarme de ti. Mi propósito sería limpiarte, y eso demostraría que valgo por algo. Y sin ningún apego te lo diría:
Te limpiaría con mi lengua para que te fueras a coger a otro.

Y reiterativamente, a fuerza de convertilo en costumbre, volver a caminar trastabillando recordándote no como eres, sino como eras en mí, y ahora sí, embriagado rumbo a las Vegas, ciudad de luces, rodeado de hombres-perro que tropiezan contras las canecas buscando entre la basura de la noche, igual que yo, a Sera para que me intente detener de este repetitivo-nuevo suicidio etílico de todas las lunas que no estas aquí.

lunes, 8 de septiembre de 2008

28 de Agosto

Faltaban apenas un par de minutos para las 5 y de repente la irrupción de su madre lo volvió a la vigilía esa que a veces no tolera. Feliz Cumpleaños. Un beso en la frente y ya despierto se levanto con la idea de que hay trabajo, clase y entreno. El recorrido de hoy es la primera vez que lo hacen, inspirado en la Sierra, ya que esos niños medio distraidos y medio genios quieren conocer otra de las tantas caras de Bogotá.

Entando en el bus se presenta: Soy felipe, guía de Urbe y hoy vamos a ir a sitios que ustedes no conocen: Ciudad Bolivar, El Bronk y la L, el Santa Fe y la cárcel Modelo. Luego de una hora de viaje tienen su primera parada. La casa de la igualdad en donde un grupo de mujeres un tanto feministas les hablan de sus proyectos y de la localidad, de la muerte por paras, de los desplazados, pero también de ellas y de sus jovenes, del Break Dance, del CAI (Centro Artístico Integral) y de otras muchas cosas que no se promocionan por lo reiterados reportajes periodísticos.

Salen y van tarde, uno de los buses fue demasiado grande para atravesar el barrio nueva candelaria que en lugar de calles parece tener toboganes. contra el tiempo aún para el Santa Fe para observar las putaso como formalmente le dicen: la primera zona de tolerancia. Las paisas, el castillo y la piscina hacen eco en los ojos de todos que sorprendidos miran como una morena de caderas anchas comenzó su día abordando un carro viejo.

Paralelos a los enlatados rojos llegan al voto nacional cuando ya tres policias los esperan para recorrer el Bronx, una nueva versión del Tucho, desde afuera porque allá nadie entra: ven la vitrina y por un momento parecen niños que asombrados van a un zoológico a conocer más animales (todos iguales a nosotros) Luego de unos cuantos insultos y de tener el olor al bazuco y a dignidad impregnada en el rostro van a su destino final.

Llegando a puente aranda e internandose por medio de bodegas e industrias comienzan a observar grandes muros blancos que adornados por sabanas y trapos de todo tipo avisan que estan en la modelo, una de las carceles más hacinadas del pais. su historia siempre ha sido esa cuando a los 20 días de ser inaugurada tuvo su primer motin porque no cabian tantos presos. Hoy luego de 48 años siguen igual 5000 en una carcel de 2000. Luego de más de una hora esperando la entrada pasan 3 rejas cada una con un sello invisible y un guarda con luz ultravioleta. Ya adentro los reciben ellos, todos presos que con un arido chaleco que los distingue hacen parte del program delinquir no paga y seran sus guias y guardias encargados de su seguridad.

Don Agustín, sindicado de lavado de activos, es el líder. Caminaron por pequeños pasillos que de lado a lado tiene un monton de rostros que los miran a los ojos sin que puedan sostener sus miradas. El norte y el sur, nada diferente a la ciudad en el primero los ricos y en el segundo los pobres. Entramos al patio 5 que solo cuenta con 2 guardias, uno en cada turno para cuidar a 1500 hombres.

Todos junticos pasamos por el pabellón de los paras y las voces evocan por allá en el 2002 cuando todos los días se mataban con la guerrilla. Finalmente al pabellón de salud mental todos locos dependiendo de que lado de la reja estes. Aparece la funcionaria que nos recibio a la entrada y luego de una corta charla de despedida pide que le cantemos el cumpleaños a Dona Agustín, de repente recuerdo el beso de mi madre en la frente y que hoy también estoy de cumpleaños.

sábado, 21 de junio de 2008

Cuento de unas cuantas líneas para una tarde de tusa

Lagrimas se asoman en mi ojos y algo las contiene,

Tu imagen roza mi memoria sin llegar a quedarse completa

Te olvido pero no te destruyo dentro de mí

Te amo pero no puedo convivir contigo más que como un amigo

Te extraño pero no puedo frecuentarte porque puedo hacerme daño,

Te digo algo que me nace de algo más que mi corazón de algo más profundo que aún no conozco,

Abres el camino para que yo sea otro,

Incluso sin ti,

Yo te entrego lo mismo pero me duele tanto: no se si hacerlo pero ya lo hice

Lloro con ganas y sin rabia por alguna razón que no entiendo

La desazón de mi corazón excede el mismo

Mi tristeza va más allá de lo que tu en mi por que ella también esta hecha de mi

A veces estaba mirando a otro lado y no te miraba

Ahora que quiero mirarte empiezo sólo el camino

Ya no es el pasillo lo que recorro sino el campo abierto lleno posibilidades

Sólo un problema: estoy perdido.

martes, 10 de junio de 2008

tomado de alguna parte ...

Cómo vas a saber que es el amor si tu vieja nunca te cosió la camiseta a pesar de sufrir cada vez que entrás a la cancha. Cómo vas a saber lo que es el dolor si nunca te comiste un tackle y no te pudiste atar los cordones por un mes. Cómo vas a saber lo que es el placer si nunca ganaste un clásico en el barro. Cómo vas a saber lo que es llorar si jamás perdiste una final sobre la hora con un penal dudoso. Cómo vas a saber lo que es el cariño si nunca acariciaste la ovalada sin darte cuenta cuando escuchabas la charla técnica. Cómo vas a saber lo que es la solidaridad si jamás te hiciste echar por defender a un compañero golpeado en el piso. Cómo vas a saber lo que es la poesía si nunca tiraste un drop con la marca encima. Cómo vas a saber lo que es la humillación si te hicieron un sombrerito y no llegaste nunca. Cómo vas a saber lo que es tocar el cielo si jamás diste la vuelta y te tiraste a la pileta. Cómo vas a saber lo que es el pánico si nunca te sorprendieron mal parado en un contraataque. Cómo vas a saber lo que es morir un poco si jamás fuiste a buscar la pelota debajo de las haches. Cómo vas a saber lo que es la soledad si jamás quedaste como fullback para frenar un ataque de gente dispuesta a acabar con tus esperanzas. Cómo vas a saber lo que es el barro si nunca te tiraste a los pies de nadie para evitar un try. Cómo vas a saber lo que es el egoísmo si nunca hiciste una de más cuando tenías a tu lado un wing sin marca. Cómo vas a saber lo que es el sacrificio si nunca entrenaste en el invierno bajo la lluvia y después de laburar todo el día. Cómo vas a saber lo que es el arte si nunca improvisaste una jugada con tu medio. Cómo vas a saber lo que es el suburbio si nunca te paraste de wing. Cómo vas a saber lo que es el servicio incondicional si nunca fuiste forward. Cómo vas a saber lo que es la injusticia si nunca te hechó un referí que estaba lejos. Cómo vas a saber lo que es el insomnio si jamás te caíste de la tabla de posiciones. Cómo vas a saber lo que es el perdón si nunca te emborrachaste con el que te mandó al hospital. Cómo vas a saber lo que es el valor si nunca diste vuelta un resultado imposible. Cómo vas a saber lo que es la amistad si nunca viviste un tercer tiempo. Cómo vas a saber lo que es la vida si nunca jamás jugaste al rugby

martes, 27 de mayo de 2008

Viaje en taxi

Que quieres mi amor si tienes solo un recorrido conmigo, si buena noche esa lo reconozco mientras miro por el cristal transparente que se derrite como chocolate sobre un helado de mancha de cemento y cristal sucio por el invierno; de lado a lado se mueve el carro con las curvas, me mueve hacia tu boca, humeda, que se mueve de un lado para otro cuando la toco. Recorrido que va de aquí para allá de mi hacia ti, te muerdo el labio con lujuria mientras intentas huir de mi brazos hacia la ventana, que no te vomitas mi vida yo te lo prometo, y sigo mordiéndote por todo lado, repulsa me empujas la cara enterrándome la uñas. Solo quiero besarte, te digo quitándome de encima tuyo, señor volteé por la derecha en la siguiente carrera. Te quiero como te digo que te quiero sin comprometerme sin decir que te quiero, te miro te beso y te examino miro como reaccionas, desafortunadamente no se nada de mujeres, nunca entiendo si las conquisto. Bajas la ventana y como un perro sacas la cabeza, no solo lo pienso sino que también te lo digo, bajo la ventana jadeando con la lengua, lo exagero, ladro, con mis gestos simulo a un poodle. No tarda en caerme un zapato en la frente e inicia un ataque frontal que lleva mi cabeza a la puerta, temo que se abra en cualquier momento me golpeas con el puño cerrado y trato de evitarlo mientras me río, difícil coordinar las dos cosas. El taxista frena y dice que no nos lleva más que son ocho mil pesos. Trato de convencer solo nos faltan cinco minutos de viaje en su taxi, a pie eran treinta minutos y no habían mas carros si se podía dar cuenta, Maria echa una mirada para todos lados confirmando lo que digo, olvida su ataque y teme sobre todo realizar cualquier clase de ejercicio que no sea el de su rutina de la mañana. Saque un billete de veinte mil pesos que tenia en el zapato y se lo ofrecí como recompensa por los cinco minutos más, un poco indignado el chofer tomo el dinero y lo guardo en su bolsillo arranco el carro y Maria regreso a su ventana mirándome resabiada por el rabillo del ojo temiendo una nueva embatida mía. No iba a hacer nada quería llegar rápido a casa. No te importaba que te dejara lo se no cambiaste esa mirada dura y aburrida que tenías hace un buen tiempo, lo que me cuestiona es que estas un poco excitada conmigo por que sabes que ya nos vamos a separar eso si lo entiendo a mi también me pasa, todo es como una embriaguez sumida en la mas absurda sordidez. Saco un poco de trago que llevo en el bolsillo media botella de brandy para mantenerse relajado toda la noche. El tipo para dos porterías después de la que le indique, le pedí que se devolviera no quiso hacerlo, Maria enardeció y le dijo que su esposa no iba tener mas hijos de él sino del vecino que era un abusivo que no podía hacer ni un favor. Sonreí al chofer mientras la cargaba sobre el hombro y le preguntaba por las llaves. No traje toca timbrar me dices. Timbro y nadie sale timbro varias veces y tampoco abren. Alargas el brazos y pegas el pulgar al botón mas o menos un minuto, aun así no abren. Decido buscar otro taxi para ir a mi casa de donde tengo llaves tu mientras tanto empiezas a tirar piedras contra los vidrios hasta que rompes uno y baja tu hermano con pistola en mano a abrir la puerta le digo que se calme que somos nosotros que Maria esta muy tomada, se despereza y se ríe sacude la pistola sin seguro como si lo tuviera. Fin del recorrido nena ya me voy a dormir te dejo colgada de tu hermano en la puerta y empiezo a caminar hacia mi casa. En la esquina una caneca de basura rebosante, regado por todos lados el contenido de las bolsas que los perros escarban a lo largo de la noche, un gato blanco y negro me mira con un hueso en la boca, me gruñe erizado y se marcha rápidamente con su presa. Giro hacia la izquierda y veo una mujer conocida que se acerca me abraza y me da un beso en la boca, le acaricio el cuello con los labios mientras me pregunta "¿por que te demoraste tanto para terminarle?" no quise responderle que no lo había hecho.

jueves, 15 de mayo de 2008

Paradoja

La hora de la entrega aún no llegaba. En las inmediaciones de la carrilera se veían aún las últimas almas de trabajadores que a esa hora de la noche buscaban transporte a casa. Varios perros callejeros pasaba la avenida, buscando a un celador que se veía por las calles aledañas que todas las noches no tan tarde les regalaba algo de pan para mitigar el hambre. Le habían dicho que a la medianoche, apenas eran las diez y media.
Le tocaba esperar. Se puso un gorro en su cabeza redonda, amontonada hacia atrás. Soplo entre la manos y puso un cigarro en la boca. Fumaba enérgicamente y movía las piernas de un lado para otro.
Un carro se acerco por la esquina de la tienda a dos cuadras. Tenia las luces apagadas y parecía ser rojo. El poste dañado aparecía y desaparecía el carro cuando le placía, no se podía ver ninguno de sus ocupantes.
No era el carro que le habían descrito. Espera. Se detiene a su lado.
Toca la pistola en el bolsillo de atrás de su pantalón. Algo raro sucede. El carro esta oscuro en su interior se ven dos personas... tres acaba de ver un pie pasando rápidamente en el puesto de atrás. De nuevo lo ve pasar y siente miedo. Da unos pasos atrás y se dispone a correr. Se abre la ventana y se asoma un viejo sin un incisivo inferior y pregunta: "¿sabe usted donde queda la Fundación Cardio Infantil?" levanta la mano apuntando la dirección hacia donde se dirigía el carro. "tiene que seguir cuatro calles más bordeando la carrilera y voltea a la izquierda, tres o cuatro cuadras más en esa dirección y se encuentra con la clínica".
El viejo agradeció y dio las indicaciones al conductor que giro rápidamente. El hombre acomodo de nuevo su gorro, soplo sus manos para calentarlas, y cuadrando el revolver en la chaqueta noto que el tambor no sonaba. Tuvo que devolverse.

lunes, 5 de mayo de 2008

Indecisión

La hora de la entrega se pasaba. En las inmediaciones de la carrilera no quedaba un alma a esta hora de la noche. Un perro callejero pasaba la avenida, ni siquiera un celador se veía por las calles aledañas. Le habían dicho que a la medianoche, ya eran las dos y media.
Decidió marcharse. Se puso un gorro en su cabeza redonda, amontonada hacia atrás. Soplo entre la manos y se puso un chicle en la boca. Mascaba enérgicamente y movía las piernas de un lado para otro.
Un carro se acerco por la esquina de la tienda a dos cuadras. Tenia las luces apagadas y parecía ser azul. El poste dañado aparecía y desaparecía el carro cuando le placía, no se podía ver ninguno de sus ocupantes.
No era el carro que le habían descrito. Espera. Se detiene a su lado.
Toca la pistola en el bolsillo de atrás de su pantalón. El carro esta oscuro en su interior se ven dos personas... tres acaba de ver un pie pasando rápidamente en el puesto de atrás. De nuevo lo ve pasar y siente miedo. Da unos pasos atrás y se dispone a correr. Se abre la ventana y se asoma un viejo sin un incisivo superior y pregunta: "¿sabe usted donde queda la Fundación Cardio Infantil?" levanta la mano apuntando la dirección de donde venia el carro. "tiene que devolverse cuatro calles siguiendo la carrilera y voltea a la derecha, tres o cuatro cuadras más en esa dirección y se encuentra con la clínica".
El viejo agradeció y dio las indicaciones al conductor que giro rápidamente. El hombre acomodo de nuevo su gorro, soplo sus manos para calentarlas, cuadro el revolver en la chaqueta y se irguió de nuevo. Se puso a esperar.